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El Economista 29 Apr, 2026 10:55

Día del Niño: cómo garantizar la educación superior de tu hijo con ahorro, seguros y fideicomisos

Es común escuchar que la mejor herencia que puedes dejar a tus hijos es la educación, considerada la base del desarrollo personal y profesional de cualquier persona. El Día del Niño, que se celebra este 30 de abril, es el pretexto perfecto para empezar a construir el patrimonio que permitirá financiar la carrera universitaria del consentido del hogar, o quizá una especialidad o un intercambio a cualquier parte del mundo.

Opciones para integrar un plan de ahorro hay muchas, desde una estrategia de inversión tradicional, hasta alternativas más populares, como son los seguros y fideicomisos educativos.

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Según estadísticas del Inegi, sólo ocho de cada 100 estudiantes que ingresan a la universidad logran terminarla. El 35.2% de las causas es debido a las dificultades económicas, por lo cual es importante generar un ahorro para este fin, señala BBVA.

Actualmente, una licenciatura en México puede tener costos muy distintos dependiendo del camino que se elija, desde opciones públicas hasta privadas que pueden superar el millón de pesos, señala Fernando Corral, vicepresidente de Strategic Planning en Kueski.

El gasto en educación, dice, representa una presión constante en las finanzas familiares. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, las familias mexicanos destinan, en promedio, más de 4,500 pesos trimestrales a este rubro, lo que refleja que no es un gasto eventual, sino un compromiso recurrente que crece con el tiempo.

Si no se planea con anticipación, ese gasto no llega solo, llega junto a otros, como vivienda, salud y retiro. Ahí es donde muchas familias terminan tomando decisiones bajo presión, ya sea endeudándose más de lo que quisieran o limitando las opciones educativas”, expone.

La inflación educativa en México es de aproximadamente 8% anual, eso significa que el costo de una universidad privada podría duplicarse en menos de 10 años, dice Tere Garcia, especialista en seguros.

Ante este escenario, acota, es necesario generar un plan de ahorro para garantizar una buena educación a tu hijo, con herramientas como los seguros educativos.

¿Cuándo es el mejor momento para empezar a ahorrar?

El especialista de Kueski dice que, como papá y especialista en finanzas, la respuesta es bastante directa: entre antes empieces, mejor.

Idealmente, el ahorro debería empezar desde que tienes ingresos. Es importante iniciar a cultivar esa disciplina desde el día uno. Cuando nace tu hijo, ese objetivo se vuelve mucho más concreto.

En términos prácticos, dice, no es lo mismo iniciar cuando tu hijo tiene uno o dos años, con más de 15 años por delante, que empezar cuando ya tiene 12 o 13. En el primer caso, puedes construir ese ahorro con montos mucho más manejables. En el segundo, el ajuste suele ser fuerte: aquí habría que incrementar de forma importante lo que ahorras cada mes.

En su opinión, es clave ser intencional sobre tu estrategia de ahorro y dónde invertirlo. Pero, sobre todo, empezar con opciones sencillas como Cetes o inclusive preguntando con tu banco opciones de inversión.  

Ahora, hay otro momento distinto que también importa, y es cuándo empiezas a involucrarlos a ellos, a los menores. A partir de los cinco o seis años ya pueden entender conceptos básicos como ahorrar para una meta o decidir en qué gastar, y ahí es donde empieza la parte formativa. No es por el dinero en sí, sino por el hábito.

“Al final, empezar tú lo antes posible te da margen financiero y empezar a involucrarlos cuando lo pueden entender les da herramientas para el futuro. Y esa combinación es la que realmente hace la diferencia”, comenta.

No se trata de juntar todo el dinero que requerirás para pagar los estudios de tu hijo, sino de llegar con opciones y con los bolsillos medio llenos y no vacíos.

¿Qué es un seguro educativo?

Se trata de un producto financiero que permite a las familias ahorrar para la universidad de sus hijos a través de pagos fijos que se abonan a un saldo para el pago de inscripciones, colegiaturas y útiles escolares, entre otras cosas que puedan necesitar.

Con este instrumento financiero se busca constituir una garantía para los estudios superiores de los hijos, aún cuando el padre, la madre o el tutor falten por fallecimiento o resulten impedidos de aportar los recursos económicos, a causa de invalidez por un accidente o enfermedad.

Con el seguro educativo, el dinero que recibirá el menor asegurado se encuentra garantizado, ya que la institución que lo administra se compromete a seguir pagando hasta que el menor alcance dependiendo del plan los 18 o 22 años, término que indica el momento en que la aseguradora entregará el dinero al beneficiario para que continúe sus estudios.

Esto obedece a que la mayoría de este tipo de productos cuentan con una cobertura que se llama exención de pago de primas y tiene como finalidad que, en caso de fallecimiento o invalidez total y permanente de los padres o tutor, automáticamente quede pagado el seguro y el hijo reciba la suma asegurada al cumplir la edad pactada en el contrato, señala la Condusef.

El costo de los montos a pagar de un seguro educativo varía según sus coberturas, los plazos en que quieras cubrirlos y el tiempo en el que guarda el dinero. Sin embargo, la gran mayoría de ellos garantiza sumas por arriba del millón de pesos para los estudios.

¿Qué es un fideicomiso escolar?

Un fideicomiso es un contrato por medio del cual una persona (fideicomitente) transmite ciertos bienes y derechos a una institución (fiduciario) para que ésta los administre con un fin determinado, haciendo llegar los beneficios a un tercero llamado fideicomisario (beneficiario del fideicomiso).

En el terreno educativo, se trata de un instrumento jurídico y financiero que da la flexibilidad de realizar operaciones para beneficio del contratante, en este caso, la educación de tu hijo.

Éste debe estar operado por una institución financiera, que funciona como el fiduciario, y es el encargado de captar, custodiar, administrar y reinvertir las aportaciones para generar rendimientos del dinero del contratante, el cual está destinado exclusivamente para la educación. En este caso, tú (papá o tutor) serías el fideicomitente, y tu hijo o el menor sería el fideicomisario.

En este caso, el padre o tutor realiza aportaciones a este fideicomiso, para que ahorre y genere rendimientos, que podrán ser empleados para la educación de tu hijo o menor.

Mexicana de Becas, por ejemplo, es un fideicomiso educativo especializado que te ayuda en este proceso. En él ahorras por cuatro o cinco años (tú eliges cuánto y la peridiocidad), el dinero crecen con una estrategia de inversión y el poder del rendimiento compuesto y recibes reembolsos anuales cuando tu hijo estudie en la preparatoria o universidad con validez oficial.

¿Cuáles son los beneficios del fideicomiso Mexicana de Becas?

  • Tus rendimientos están exentos del Impuesto Sobre la Renta (ISR).
  • Si algo te pasa durante el periodo de ahorro, tu hijo tendrá cubierto sus estudios, con un seguro que cubre el plan completo por fallecimiento y invalidez total y permanente.
  • Banco Santander respalda tu inversión.

Ana González ahorró 4,300 pesos mensuales durante cinco años, inició cuando su hija tenía tres años. Al crecer decidió estudiar medicina y recibió 115,000 pesos anuales por cinco años. En total. Ana ahorró 265,000 pesos y obtuvo 572,000 pesos con este plan en Mexicana de Becas.

Plan de ahorro tradicional, seguro educativo o fideicomiso, ¿qué conviene más?

Más que pensar en cuál es mejor, la pregunta es qué tanto quieres comprometerte con un objetivo que, en la práctica, todavía no está completamente definido, dice Corral.

Un plan de ahorro o inversión tradicional te da mucho más control: puedes ajustar cuánto aportas, pausar si lo necesitas y mantener liquidez. Eso es valioso cuando aún no tienes claro qué tipo de educación vas a financiar ni cómo va a evolucionar ese gasto. El reto es que depende totalmente de tu disciplina; si dejas de aportar, el plan simplemente no avanza.

Un seguro educativo o fideicomiso funcionan distinto. Es más estructurado: te compromete a hacer aportaciones periódicas y busca garantizar que el objetivo se cumpla bajo ciertos supuestos. Eso da tranquilidad, pero también implica menor flexibilidad si más adelante el camino cambia, ya sea por el tipo de educación o por las preferencias de tus hijos.

Para el especialista, un punto que muchas veces se pasa por alto y que es clave: el costo total. No solo cuánto aportas, sino cuánto terminas pagando, considerando comisiones, seguros, condiciones de salida o penalizaciones. En algunos casos, esa estructura puede encarecer la solución más de lo que parece al inicio.

“Como papá, yo lo que priorizo es no cerrar las opciones demasiado pronto. Prefiero construir una base y mantener margen para ir ajustando conforme se vuelve más claro qué decisiones se van a tomar y cómo se va a ver ese gasto en realidad. Al final, más que elegir un producto, se trata de mantener suficiente margen para tomar mejores decisiones cuando ese momento llegue”, expone.

¿Tienes dudas? Escribe a [email protected]

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