El caso de Luisa María Alcalde, después de tantos rumores, por fin se confirmó. No es propiamente una forma institucional de terminar su periodo; sin embargo, la presidenta Sheinbaum se encargó de inhibir un poco el impacto con la invitación que le realizó para tomar las riendas de la Consejería Jurídica. Sé que eso, por lo menos al interior de Morena, dividió muchas opiniones y, en algunos casos, prendió las alarmas para otros que acariciaban la coordinación de la defensa del voto. La realidad es que no hay nada para nadie hasta que la mandataria evalúe cada uno de los perfiles a detalle. La experiencia de los últimos procesos, lo decíamos hace poco, tiene un elemento común que se maneja desde Palacio Nacional. No dudo de que las encuestas sean el mecanismo; no obstante, soy de los que piensan que la opinión de la presidenta pesa mucho para inclinar la balanza hacia los perfiles. Es, de hecho, mucho margen el que tiene la jefa de Estado para determinar el rumbo que tomará y, mayormente, saber de quiénes echará mano para armar su estructura territorial.
Hay o habrá una renovación de la dirigencia nacional de Morena. Es algo así como una sacudida necesaria para operar y tener mayor control de la toma de decisiones. Sé que Luisa María tiene mucha experiencia en el servicio público; ha sido funcionaria de primer nivel y, por si eso fuese poco, secretaria de Gobierno en el pasado sexenio. Son datos de un extenso currículum; no obstante, le faltó mucho más oficio para tender puentes de interlocución con los partidos aliados. Uno de sus encargos, desde que comenzó su gestión, fue mantener en buenos términos la relación con el PT y PVEM. Hasta donde sabemos, ella misma generó muchas brechas para que fluyera el diálogo. No estuvo, si podemos llamarle así, muy interesada en sostener una coalición que es potencialmente crucial para ganar y expandir más el dominio. Su salida, analizando con lujo de detalle, tuvo mucho que ver con esa situación.
En los planes de la presidenta, desde luego, está la unidad por encima de cualquier circunstancia. Aquí se trata de resultados, no de amistades ni de cercanías. Siendo así, la decisión de la presidenta de mover los hilos de Morena fue, en definitiva, darle mucha más precisión ahora que se avecina un juego por 17 gubernaturas. De entrada, Sheinbaum, además de la lealtad de la dirigencia, lo que requiere es maniobrar un diálogo abierto y flexible con los partidos aliados. Ariadna Montiel, que muy pronto encontrará reemplazo en la Secretaría del Bienestar, vendrá a encaminar los designios de la mandataria. El propio Partido Verde Ecologista y el PT, a través de sus voces más visibles, vieron con buenos ojos los ajustes.
Lo que entendemos, a primera vista, es precisamente el camino que ha edificado Sheinbaum para sostener a la coalición Seguimos Haciendo Historia. El propio PT, pilar en el plano institucional y legislativo, ha cerrado filas con la presidenta, sobre todo ahora que el clima, por lo prematuro, se ha intensificado en su mayor apogeo. El mismo Reginaldo Sandoval, líder de la fracción parlamentaria del PT en San Lázaro, ya puso en marcha un proceso de organización de las estructuras territoriales. Con un poder de convocatoria significativo, en efecto, el pasado fin de semana el PT mostró músculo en el Estado de México. Ahora pienso que todo está teniendo sentido si nos guiamos por nuestras propias circunstancias; es decir, hay un trabajo paralelo ahora que se están brindando las condiciones para sellar un pacto de unidad.
Otro de los aspectos que hemos visto que ha disminuido, al menos en los últimos días, ha sido la intensidad del fuego amigo que se fraguó por las determinaciones que se tomaron en algunas reservas para modificar el marco constitucional. Si hay alguien que se ha mantenido firme a lo largo de los años, ha sido el Partido del Trabajo. Morena, a través de los reacomodos de la presidenta, está admitiendo lo indispensable y el valor político que tiene el PT. Tener ese respaldo de otras fuerzas, además de generar enormes ventajas en lo numérico, te permite visibilizar y construir una agenda, especialmente legislativa. Sé que a muchos no les gusta, pero los votos del PT, desde hace más de siete años, son cruciales para coronar metas que se trazaron.
Y hoy, que ha comenzado a manifestarse ese deseo de unidad, Morena debe reconocer lo valioso que ha sido el aporte del PT. A ellos, sin duda, les deben parte de las victorias y la expansión del dominio en el territorio. Hablo de votos que son capitalizados en diputaciones locales y federales, lo mismo que ayuntamientos. Eso, es más, será determinante para lo que se jugará muy pronto en las urnas. Será, ni más ni menos, la elección más nutrida de la historia. Entonces, para que los pronósticos tengan éxito, queda claro, el Partido Guinda tendrá que ceder puestos de elección popular al Partido del Trabajo. En esa flexibilidad, desde luego, ha salido a flote el nombre de Michoacán y de Reginaldo Sandoval. Él, ahora que comienza la cuenta regresiva para nombrar candidatos, se puede colar a la coordinación de la defensa del voto. Eso sería justicia social.
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