“Es una película perdida. Nunca la verán en su forma original, como yo lo deseaba”. Ken Russell dio una de sus últimas entrevistas para The Guardian en abril de 2011, lamentando que su obra The Devils (1971) nunca tuvo su auténtica exhibición por la censura que sufrió por parte de Warner Bros. Murió a los 84 años, el 27 de noviembre del mencionado año.
Russell entendió la apertura que el nuevo milenio estaba encabezando, lenta, pero segura. Entonces, en 2004 emprendió un camino para restaurar su director’s cut acompañado del editor Michael Bradsell en colaboración con Mark Kermode y Paul Joyce, culminando con una producción 4K, con audio original y renovado, y todas las escenas que el realizador británico quiso que el mundo viera.
The Devils, basada parcialmente en Los demonios de Loudun, de Aldous Huxley, se ubica en la Francia del siglo XVII, cuando el padre Urban Grandier (Oliver Reed) fue acusado de ejecutar un pacto con el diablo al causar una pervertida posesión demoniaca en varias de las monjas de su convento, llegando a instancias sexuales y sacrílegas.
En México, el filme tendrá su estreno a través del festival Mórbido, con dos proyecciones programadas en CDMX y completamente agotadas. Su premier fue parte del festival de cine de Cannes la primavera de este año.
En 1995, para el suplemento Sight and Sound, Russell se asumió como católico devoto con una fe inquebrantable, no así partícipe de las políticas manipuladoras del estado mundial y de la institución a la que criticó. Precisamente fue víctima de lo que tanto criticó.
Russell compartió que los ejecutivos estadunidenses la calificaron su peli como pornografía. Le permitieron la desnudez, la hechicería, la presencia de símbolos católicos, pero no la famosa escena de la violación de Cristo, en la que un grupo de monjas poseídas (bajo control de los exorcistas) se insinúan sexualmente a un crucifijo.
Para mí, se trataba sobre el lavado de cerebro, sobre el Estado tomando el control. Cuando leí esta historia por primera vez quedé impactado, era simplemente muy chocante”, explicó.
Previamente, el cineasta trabajó con la productora United Artists para sus primeras películas, sólo que se negó a involucrarse con The Devils. Warner Bros. tomó el proyecto, pero redujo escenas que le quitaron el sentido a la película.
Además de la violación de Cristo, una masturbación fue segregada del corte comercial y el instituto de cine del Reino Unido y el de Estados Unidos le otorgaron clasificación X (nadie por debajo de los 18 años podía verla). En Inglaterra el corte editado quedó de 111 minutos y en EU, 108.
En Reino Unido, la desnudez nunca fue problema, en EU sí. Ted Ashley, encargado de Warner Bros. en ese entonces, envió a personas para verla y su reacción al finalizar la versión editada fue llamarnos a una junta inmediata a su hotel. Estaban en shock”, narró.
Algo que hizo más perturbadora la escena de las monjas fue el uso de música demoniaca para imprimir la liberación total de su represión.
La escena significaba la pelicula y la novela en la que se inspiró, porque a través del acto estaba explicando que el problema mundial jamás ha sido la expresión sexual, en menor o mayor medida, de forma introvertida o extrovertida, sino el uso histórico de la fe como poder de represión y adoctrinante a niveles autoritarios.
Trata sobre la degradación de los principios religiosos y sobre un pecador que se convierte en santo”, argumentó de forma tajante.
La prensa también fue manipulada. Russell reveló que uno de los mejores críticos de cine en Inglaterra era Alexander Walker, del Standard Evening, quien calificó de “asqueroso” su filme por dos escenas que ni siquiera terminaron en el corte que él vio, una de ellas la masturbación del sacerdote.
El realizador recordó que lo confrontó y el especialista no dijo una sola palabra, hasta que coincidieron en un programa de la BBC y le soltó un periodicazo en la cabeza.
Otros episodios de censura los vivió en Venecia, un alto funcionario de la Iglesia intentó boicotear la proyección, pero los italianos respondieron quemando su efigie y en Reino Unido, el Festival Nacional de la Luz (cristianos conservadores) se manifestaron.
Los vi fuera de un cine y les pregunté por qué no entraron a ver la película. Eran sólo un grupo de idiotas, de aspecto extraño, siguiendo órdenes de arriba”, rememoró.
Las torturas fueron parte escandalosa de la cinta, pero todas documentadas con ayuda de historiadores y el documento de Huxley, para dar la mayor credibilidad y justificación posible al desmedido uso de violencia en contra de un hombre acusado de hechicería.
La Bota (instrumento para aplastar las articulaciones inferiores) y los alfileres en la lengua de Grandier fueron realizados con la creatividad de Russell en compañía de sus especialistas, cuyos secretos de realización jamás reveló para no atentar contra la magia del cine.
“Oliver jamás se incomodó, sólo cuando vio la escena de la hoguera”, dijo.