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CódigoQro 02 Nov, 2026 03:00 (5 min de lectura)
Soberania / Oportunidad

Día de Muertos, una tradición que cambia para mantener viva la memoria

Por JOSÉ LUIS LUGO En Estilo de Vida México, Querétaro
Día de Muertos, una tradición que cambia para mantener viva la memoria
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• El Día de Muertos en Querétaro adapta rituales para mantener la memoria familiar viva.
• La UAQ destaca cómo los símbolos cambian pero conservan su esencia emocional y social.

El Día de Muertos es una tradición que permite a las familias recordar a sus seres queridos fallecidos. Con el paso del tiempo, sus rituales cambian y adquieren nuevos significados, convirtiéndose en una forma de mantener vivos los recuerdos y la unión familiar

Entre flores, fotografías y comida, Alejandra deja cada año un periódico. Su padre solía leerlo y, aunque ella no se considera católica, ese objeto forma parte de la ofrenda con la que su familia vuelve a reunirse alrededor de quien murió hace casi una década.

“No es para llorar a los que ya no están, sino para celebrar que nos siguen acompañando”, cuenta. Para ella, el altar no es una obligación religiosa, sino una forma de volver a hablar de su padre con su madre y sus hermanos.

Ese gesto ayuda a explicar por qué el Día de Muertos permanece: la tradición cambia conforme las familias encuentran nuevas maneras de recordar. La investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) Oliva Solís Hernández sostiene que estos rituales se reelaboran y adquieren significados distintos con el tiempo.

Cabe recordar que la UNESCO inscribió en 2008 las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La memoria también se hereda

Brenda, enfermera del IMSS, vive el rito desde otro punto: cada año toma un día de vacaciones para preparar los platillos que cocinaba su abuela. Sus dos hijas nunca la conocieron, pero participan en la ofrenda y reconstruyen quién fue mediante fotografías, recetas y relatos.

“Esta tradición nos enseña que el amor no termina con la muerte. Recordar a nuestros familiares a través de sus platillos y sus fotos es nuestra forma de mantener viva su memoria en las nuevas generaciones”, explica.

Para Solís Hernández, esa capacidad de apropiación permite que una tradición sobreviva. “Si a las personas estas tradiciones no nos hacen sentido, se pierden”, señaló.

El altar puede funcionar como puente entre generaciones que nunca coincidieron. La comida que Brenda prepara no solo recuerda a su abuela: permite que sus hijas conozcan una parte de su historia familiar a través de algo que pueden cocinar, probar y repetir.

La académica explica que las prácticas actuales tienen una trayectoria compleja. Existen antiguas concepciones mesoamericanas sobre la relación entre vivos y muertos, mientras las celebraciones católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos llegaron desde Europa.

El INAH documenta interpretaciones distintas: algunas explican la celebración como sincretismo de prácticas indígenas y católicas; otras subrayan el origen medieval europeo de las fechas del 1 y 2 de noviembre y las diferencian de antiguos cultos mesoamericanos.

Más que buscar un origen único, Solís Hernández propone observar qué permanece, qué desaparece y qué incorpora cada generación.

Fe y tradición conviven de formas distintas

Para Gabriel, el Día de Muertos sí está ligado a su fe católica. Desde que su hermano murió en febrero de 2005, coloca una ofrenda con una cruz de sal, agua, flores, una cerveza y los alimentos que disfrutaba.

“Las personas mueren hasta el día en que dejan de ser recordadas”, expresó.

El padre José, sacerdote chileno con años de servicio en México, considera que la celebración refleja una manera mexicana de encontrar esperanza frente a la muerte. Desde su interpretación católica, la ofrenda no implica rendir culto a la muerte ni asumir literalmente que los fallecidos regresan para comer: el sentido religioso está en recordar y orar por ellos.

Desde la Fe, publicación de la Arquidiócesis de México, también vincula el 1 y 2 de noviembre con Todos los Santos y los Fieles Difuntos y presenta la ofrenda como una práctica de recuerdo acompañada por la oración.

Una tradición que incorpora lo nuevo

El componente religioso tampoco permanece con la misma intensidad en todos los hogares. Solís Hernández recordó que incluso dentro de México las formas de conmemorar han sido diferentes: algunas comunidades privilegiaron la misa y la visita al panteón, mientras otras, con raíces de pueblos originarios más arraigadas, desarrollaron ceremonias comunitarias más elaboradas.

En décadas recientes se extendieron concursos de altares, ofrendas públicas y nuevas formas de celebración. A ello se suman elementos asociados con Halloween e incluso altares dedicados a mascotas.

La investigadora reconoce que puede cuestionar personalmente algunas incorporaciones, pero encuentra en ellas una explicación de la vigencia de la tradición: cuando una familia coloca la fotografía de un perro o un gato porque formó parte de su vida, da al ritual un significado propio.

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