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Mundiario 02 Nov, 2026 01:18 (7 min de lectura)
Soberania / Oportunidad

Mil fotografías para que Galicia aprenda a mirar el suelo del Ulla

Por Redacción En Ciencia España, Galicia
Mil fotografías para que Galicia aprenda a mirar el suelo del Ulla
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• El proyecto europeo Imagine-Soil busca recuperar la sabiduría agrícola en Galicia mediante un reto ciudadano.
• Se invita a fotografiar el suelo del río Ulla hasta noviembre de 2026 para análisis científico cooperativo.

Durante siglos, el campesinado gallego supo leer la tierra con las manos. Distinguía la parcela que se encharcaba en febrero de la que se agrietaba en agosto, la que pedía estiércol y la que aguantaba el maíz año tras año. Esa sabiduría se ha ido apagando a medida que el rural se vaciaba, y con ella se ha diluido buena parte de nuestra relación con el suelo. El proyecto europeo Imagine-Soil quiere recuperar esa mirada en la cuenca del río Ulla con un reto ciudadano abierto hasta el 30 de noviembre de 2026, una invitación a fotografiar el terreno más próximo y a preguntarse qué sucede debajo.

El suelo, el gran olvidado de la política ambiental europea

Europa protege sus ríos desde la Directiva Marco del Agua del año 2000 y lleva décadas legislando sobre la calidad del aire y del mar. El suelo tuvo que esperar hasta el 16 de diciembre de 2025, fecha en que entró en vigor la Directiva (UE) 2025/2360 sobre seguimiento y resiliencia del suelo, la primera norma comunitaria dedicada por entero a él. Su horizonte es ambicioso, con suelos sanos en toda la Unión para 2050, y su punto de partida, inquietante, pues la Comisión Europea estima que entre el 60 % y el 70 % de los suelos europeos presentan hoy un estado deficiente.

La tardanza tiene una explicación sencilla. El suelo es invisible, se degrada con una lentitud que no genera titulares y casi siempre se esconde tras la propiedad privada. Una inundación ofrece imágenes; la erosión de una ladera, apenas un cambio de color que nadie fotografía. Y sin embargo, según la FAO, el 95 % de los alimentos que consumimos procede directa o indirectamente de él, que además almacena carbono, regula el agua y alberga una biodiversidad asombrosa.

Una cuenca que resume el paisaje gallego

La elección del Ulla resulta muy pertinente. Con 131 kilómetros de recorrido, es el segundo río gallego en longitud, y su cuenca abarca unos 2.803 kilómetros cuadrados según los datos de la Xunta, desde las tierras de A Ulloa hasta la ría de Arousa. En ese territorio conviven prados y maizales, bosque de ribera, núcleos rurales dispersos y la periferia de Santiago de Compostela, bañada por el Sar, uno de sus afluentes.

Es, en cierto modo, una Galicia en miniatura. Bajo un mismo cauce se superponen los usos agrarios tradicionales, la presión urbanística y la transformación forestal de las últimas décadas. Estudiar ese mosaico permite entender cómo responde el suelo gallego a fuerzas muy distintas, y hacerlo de la mano de quienes lo pisan a diario añade una capa de conocimiento que ningún laboratorio puede obtener por sí solo.

Cómo funciona el reto Imagine-Soil en la cuenca del Ulla

La mecánica del Imagine-Soil Challenge es deliberadamente sencilla. Basta abrir app.imaginesoil.eu en el navegador del móvil, sin instalar nada ni crear una cuenta, fotografiar el suelo del entorno y responder cinco preguntas sobre lo que se observa. Cuentan para el reto las aportaciones realizadas dentro de la cuenca o a menos de cinco kilómetros de ella, y cada una pasa por la revisión del equipo antes de sumarse al objetivo común de 1.000 aportaciones válidas.

El espíritu es cooperativo, sin premios ni clasificaciones de participantes. Las fotografías y las respuestas sirven a la Asociación Ambiental Amabul para el análisis científico de los suelos del territorio, mientras la persona participante recibe a cambio una imagen de un futuro posible para ese terreno. El reto arrancó el 19 de octubre y entra ahora en su recta final, con cuatro semanas por delante para alcanzar la meta.

Inteligencia artificial con las riendas cortas

En plena fiebre por la inteligencia artificial, Imagine-Soil propone un uso notablemente sobrio. La aplicación no modifica ni analiza la fotografía, que en ningún momento pasa por una herramienta de IA. Lo que devuelve es una obra escogida de un banco cerrado, con unas 500 visualizaciones previstas, creadas con IA a partir de escenarios definidos y validados por los científicos de Amabul. Cada imagen se presenta como un escenario educativo, nunca como una predicción ni como un diagnóstico de un suelo concreto.

Ese diseño merece atención. La IA queda subordinada al criterio científico, las imágenes llevan la etiqueta de contenido generado artificialmente, las fotografías originales no se publican y el mapa público agrega las localizaciones en cuadrículas de un kilómetro cuadrado. Es una manera de proceder coherente con la Ley 2/2025 para el desarrollo e impulso de la inteligencia artificial en Galicia, que consagra la transparencia y la divulgación responsable. Cabe, eso sí, una cautela razonable. El valor del ejercicio reside en las cinco preguntas, en el acto de agacharse y observar, y convendrá que la ilustración final funcione como recompensa y como estímulo para la curiosidad, sin eclipsar la mirada propia.

Las aulas, el verdadero laboratorio de la ciencia del suelo

La apuesta más fértil del proyecto se encuentra en los centros educativos. El programa prevé talleres de unos cincuenta minutos en los que el alumnado descubre qué es el suelo, examina el de su propio patio, registra datos con la aplicación e interpreta las ilustraciones. Las primeras sesiones se celebraron a finales de octubre en Santiago de Compostela, y la meta es llegar al menos a 20 centros de la cuenca y a 2.500 participantes, en su mayoría estudiantes.

La experiencia invita a una comparación conocida. En los años noventa fueron los niños quienes enseñaron a muchas familias españolas a separar el vidrio del papel, y es razonable pensar que el patio escolar pueda convertirse ahora en la puerta de entrada a una alfabetización del suelo que llegue después a las cocinas, a las huertas y, con el tiempo, a las urnas. Las causas ambientales que prosperan son aquellas que la ciudadanía aprende a reconocer como propias.

Lo que debería quedar cuando se apague el proyecto

Imagine-Soil tiene una duración de doce meses, de marzo de 2026 a febrero de 2027, y está impulsado por tres entidades gallegas, VOGA en la comunicación, Amabul en la ciencia y la educación, y Tesla Technologies & Software en la tecnología. Forma parte de la convocatoria abierta del proyecto Soilscape, financiado por Horizonte Europa, y contribuye a la misión de la Unión Europea A Soil Deal for Europe, que sitúa la alfabetización social sobre el suelo entre sus prioridades. En noviembre está prevista una exposición intermedia, aún sin sede ni fechas confirmadas, y en enero de 2027 se celebrará el festival Imagine Your Soil.

Ahí reside la pregunta de fondo. Demasiados proyectos europeos brillan durante su financiación y se desvanecen al día siguiente, con sus datos archivados y sus aprendizajes dispersos. La nueva directiva obliga a los Estados miembros a vigilar la salud de sus suelos, y experiencias como esta ofrecen precisamente lo que la norma necesita para cobrar sentido, una ciudadanía capaz de entender qué se mide y por qué importa. Sería deseable que la Xunta, los concellos de la cuenca y la Consellería de Educación recogieran el testigo, porque el suelo es un bien común y su cuidado exige continuidad. Recuperar aquella mirada campesina que sabía leer la tierra, ahora con herramientas del siglo XXI, es quizá la forma más inteligente de empezar. Más información en imaginesoil.eu. @mundiario

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