Al escuchar las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia mañanera, queda claro que mantendrá una postura firme de apoyo al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Aduce que “no hay pruebas” en las acusaciones. Sin embargo, la juez norteamericana de Nueva York, Katherine Polk Failla, presentó una acusación extensa contra 10 políticos sinaloenses.
El mandato de la presidenta Sheinbaum está en grave aprieto. No es necesario emitir un juicio de valor sobre la culpabilidad o la inocencia de Rocha Moya y sus acompañantes; lo sustancial es lo que busca el presidente Donald Trump: castigar la complicidad de los gobernantes mexicanos con los cárteles que inundan de drogas su país.
Ayer, todo el día, leímos y escuchamos en los medios la opinión de expertos, de políticos de la oposición y de algunas versiones tímidas que replicaban los argumentos de Palacio desde el oficialismo. Creo que la gente no cree en la inocencia del gobernante después del secuestro de Mayo Zambada, del asesinato de Héctor Melesio Cuén y del enojo patente de Andrés Manuel López Obrador al enterarse de que lo habían trasladado a Nuevo México.
El propio Rocha Moya había dicho a Carlos Loret de Mola durante su campaña que el gobernador de Sinaloa entendía lo que significaba el cártel local. Eso siempre se supo: sin acuerdos, los gobernadores de esa entidad estarían en peligro de muerte. Tal era el poder del “Mayo” y de los “Chapitos”.
La presidenta Sheinbaum menciona tres valores que debemos defender: “verdad, justicia y soberanía nacional”. Eso está muy bien, pero puede sonar más a retórica que a razón práctica. Las agencias de investigación de los Estados Unidos tienen información detallada sobre todo lo que sucede en el país y, en México, en los últimos años sucedieron muchas cosas, desde la imprudencia del presidente Andrés Manuel López Obrador de visitar asiduamente Badiraguato hasta saludar amablemente a la mamá del Chapo.
Si desde Palacio se mantiene el dogma de la soberanía y se protege a políticos ligados al narco, Trump tiene una caja enorme de herramientas para abollar esa soberanía. Muchos creen que enviarían tropas. No es necesario: con seguir publicando parte de lo que saben, pueden generarle mil problemas a la 4T. En un arranque de frustración, Trump podría bloquear el suministro de gas a México. Nuestra soberanía no aguantaría una semana sin electricidad. Los aranceles no son una solución porque también perjudican a los consumidores norteamericanos. La guerra no sería el envío de marines ni los bloqueos al tráfico fronterizo; sería de información.
Lo mejor que puede hacer el gobierno es negociar. Es la salida más útil. “Te entrego a algunos narcopolíticos a cambio de que pares con múltiples acusaciones”. El precio puede ser la extradición de Rocha Moya o de algunos de sus subalternos. La 4T no se va a envolver en la bandera nacional para tirarse al vacío. El propio López Obrador y su entorno familiar y de asociados políticos pueden ser vulnerables ante la masa de datos que la CIA y el FBI tienen sobre la vida política del país.
Con una economía débil, casi en recesión, y con elecciones en puerta dentro de un año, el clamor es por la urgencia de desacoplar la política nacional de Palenque. Una embajada para López Obrador en Canberra, Australia, sería un alivio.