HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Economista 01 May, 2026 10:45

Por qué la globalización dejó de ser un paradigma globalmente aceptado

“Resulta difícil imaginar que un sistema con tanta desigualdad pueda ser políticamente estable." Branko Milanovi?, economista serboestadounidense especialista en desigualdad económica.

Un tema de discusión económica y sociológica de por lo menos la última década, se deriva de una pregunta especifica: Por qué, después de tantos años de una muy amplia aceptación a nivel mundial de la validez de la visión de globalización (vinculada con principios de economía neoliberal), con décadas de expansión de la economía global, en la en poco más de una década se ha venido presentando en muchos países, un rechazo de esta visión de globalización, de los principios de libre comercio y de muchas premisas del modelo previo; tomando el poder partidos o movimientos (desde cualquier extremo del espectro político), dentro o fuera de la estructura política, que centran su discurso y su programa, en un una vuelta al nacionalismo económico, un rechazo absoluto a la globalización y al libre comercio y, en muchos casos, en un ataque e incluso desmantelamiento de las instituciones creadas al amparo de la visión económica previa.

Este fenómeno lo hemos visto claramente tanto en muchos países de América Latina como en países europeos e incluso en Estados Unidos.

En el ensayo "How the virtues of neoliberal globalization paved the way to its demise", Branko Milanovic, economista especialista en desigualdad e inequidad, presenta algunas de las razones que, a su juicio y análisis, están detrás de este giro de 180 grados en la percepción de lo que es económicamente deseable para los países.

Milanovic identifica dos pilares sobre los que se apoyó la globalización neoliberal durante cuatro décadas. El primero fue el denominado “cosmopolitismo”, que se refiere a la convicción de los individuos, sin importar su nacionalidad, de que debían ser tratados como “agentes económicos equivalentes”. Bajo esta visión, los gobiernos nacionales tenían que retirarse de la intervención en la vida económica para que capitales, bienes, tecnología y personas circularan con la menor fricción posible.

El segundo pilar fue la visión de que la competencia entre países, empresas y personas permitía disputar los mercados y se convertía en un motor de innovación y crecimiento.

De acuerdo con el ensayo, esta visión arrojó resultados notables. Entre 1980 y 2020-2021, el PIB mundial per cápita creció de 7,700 a casi 17,000 dólares (ajustados a 2005), con una tasa promedio anual de 2.5% durante cuarenta años. Con una población mundial que se duplicó, pasando de poco más de 4 a 8 mil millones de personas, el volumen total de bienes y servicios producidos prácticamente se cuadruplicó. La globalización neoliberal generó claramente riqueza.

El problema, señala Milanovic, es que los fenómenos políticos no se mueven con base en promedios globales, sino en percepciones locales. Mientras buena parte de este crecimiento se concentraba en Asia (particularmente en China), en Estados Unidos y en Europa occidental la mayoría de la población percibía y vivía algo distinto: sus ingresos reales crecieron apenas alrededor de 1% anual, mientras que los de los deciles de ingreso más elevados avanzaban dos o tres veces más rápido.

De acuerdo con el ensayo, las “élites” ganadoras de la globalización veían como virtuoso abandonar el nacionalismo extremo como medio para fortalecer el crecimiento; pero para quienes perdían empleos y certidumbre, la percepción fue la de abandono de la política pública y de rechazo hacia las instituciones y grupos que percibían que les habían fallado.

Un ejemplo puntual en EUA fue que la facilidad con la que el capital se movía hacia donde la mano de obra era más barata fue identificada como una falta de lealtad hacia ciertos grupos socioeconómicos y regionales, que claramente se convirtieron en el apoyo central del movimiento MAGA.

La crisis de 2007-2008 y sus consecuencias —la destrucción del ahorro, la contracción económica y, en algunos casos, la pérdida de políticas públicas de atención a la desigualdad— en muchos países generaron una percepción políticamente explosiva entre amplios sectores de la población.

Para muchos grupos sociales, los grupos económicos y los hogares de mayor ingreso contribuyeron a la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas.

En nuestra región, la mayoría de los países, incluso algunos de centroizquierda, abrazaron la apertura comercial como promesa de generalización del crecimiento y del bienestar económico; pero ese proceso de integración a cadenas de valor globales, de acceso a mercados y de mayor disciplina macroeconómica dejó expuestos a sectores enteros a una competencia para la que no existían ni la infraestructura institucional ni los mecanismos de compensación adecuados.

En el caso de México, la integración generada por el TLCAN y continuada con algunos ajustes mediante el T-MEC fue real e innegable. Pero en amplios grupos de trabajadores, esa prosperidad no generó efectos significativos. Las regiones exportadoras avanzaron más que el resto del país; la informalidad siguió creciendo y la desigualdad no cedió de manera significativa.

Hoy, el riesgo del nearshoring es repetir el mismo error. La relocalización industrial sólo se traduce en movilidad social y bienestar económico si viene acompañada de formación educativa y técnica, fortalecimiento institucional y de mecanismos reales de distribución de beneficios. Sin eso, el crecimiento volverá a concentrarse y el descontento político volverá a crecer.

El mismo dilema enfrentan otras economías latinoamericanas como Brasil, Chile, Colombia y Perú. Pero el problema es que parece que las dos únicas posibilidades son elegir entre la apertura y el proteccionismo. Cuando amplios grupos de la población perciben que compiten en una cancha dispareja, no buscan reformas, sino que aceptan posiciones extremas, incluso cuando estas claramente generan efectos negativos a mediano y largo plazo.

La conclusión del ensayo de Milanovic es que la globalización neoliberal no cayó porque fracasó del todo, sino porque su éxito no se distribuyó adecuadamente.

Aun para quienes no necesariamente coincidimos plenamente con toda la visión de Milanovi?, es útil y necesario reconocer este fenómenos, para que en el desarrollo de políticas públicas futuras, particularmente en los temas de crecimiento regional y sectorial, no se repitan los errores y se repita el ciclo, tal y como ha ocurrido en los últimos años en varios países latinoamericanos, que han virado de extremo a extremo, sin que termine por generarse un beneficio económico real para la mayoría de la población.

Contenido Patrocinado