La historia reciente de España también se escribe en forma de logotipos, símbolos y marcas que han acabado incrustados en la memoria colectiva. Este sábado ha muerto a los 89 años el diseñador José María Cruz Novillo, autor de algunos de los iconos gráficos más reconocibles de la España democrática. Su obra no fue decorativa: fue estructural. Dibujó, en silencio, buena parte de la identidad visual de instituciones, partidos políticos y empresas que acompañaron la modernización del país tras la Transición.
Su fallecimiento, confirmado por el medio especializado Gràffica, cierra una etapa del diseño español en la que la imagen dejó de ser un accesorio para convertirse en lenguaje de Estado, de empresa y de época. Cruz Novillo no solo diseñó logotipos; diseñó la forma en la que España decidió presentarse ante sí misma y ante el mundo.
Durante décadas, su firma estuvo en todas partes sin que apenas se le viera a él. Correos, Renfe, Endesa, Repsol, El Mundo, Grupo PRISA, Antena 3 Radio o La Cope llevan su huella. También el puño y la rosa del PSOE o la identidad visual de la Comunidad de Madrid. Incluso intervenciones más discretas, pero igual de influyentes, como el cambio cromático de la Policía Nacional o los billetes de pesetas emitidos entre 1979 y 1985, formaron parte de su legado.
El diseñador que convirtió la Transición en lenguaje visual
Cruz Novillo fue, en muchos sentidos, un traductor. Supo convertir la complejidad política y social de la Transición en formas simples, legibles y duraderas. Su trabajo no buscaba el ornamento, sino la permanencia. En un país que trataba de redefinirse, él apostó por la claridad como herramienta de modernidad.
Su método era casi quirúrgico: reducir, depurar, estructurar. Frente a una España aún marcada por lo artesanal, introdujo una idea contemporánea del diseño gráfico como sistema, no como ilustración. De ahí que muchas de sus creaciones sigan vigentes décadas después sin haber perdido fuerza.
Entre la industria, la cultura y el poder
Nacido en Motilla del Palancar (Cuenca) en 1936, Cruz Novillo comenzó su carrera en la publicidad antes de dar el salto definitivo al diseño industrial y corporativo. Su formación inicial como dibujante le permitió moverse con soltura entre lo artístico y lo funcional, un equilibrio poco habitual en la época.
Su nombre también está ligado a la cultura cinematográfica española. Diseñó carteles para películas fundamentales de Elías Querejeta como El espíritu de la colmena, Deprisa, deprisa, Ana y los lobos o Los lunes al sol. En esos trabajos condensó otra de sus obsesiones: la capacidad del diseño para narrar sin palabras.
La estética de la claridad: menos ruido, más significado
Lejos de la espectacularidad, Cruz Novillo defendía una idea casi ética del diseño. Para él, la forma debía servir a la función, no al revés. Esa filosofía lo llevó a construir un lenguaje visual reconocible por su sobriedad, su geometría y su capacidad de síntesis.
En el documental El hombre que diseñó España (2019), recordaba su paso por Nueva York en los años 60 como una sacudida intelectual. Allí descubrió un diseño moderno que en España aún estaba por llegar. Aquella experiencia consolidó su visión: el diseño debía ser racional, reproducible y resistente al tiempo.
Un legado que ya forma parte del paisaje cotidiano
Premio Nacional de Diseño en 1997 y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2012, Cruz Novillo deja una obra que no necesita museo porque vive en la calle, en los trenes, en los sobres, en las pantallas y en la memoria visual de varias generaciones.
Su legado plantea una paradoja: cuanto más invisible parece su autor, más presente está su obra. En un país donde la identidad visual ha sido a menudo cambiante, su trabajo ofreció continuidad.
Quizá por eso su definición del diseño como “un viaje de vuelta” adquiere ahora un sentido más profundo. Porque lo que Cruz Novillo diseñó no fueron solo logotipos, sino una forma de reconocerse. @mundiario