El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha situado la corrupción en el centro del debate político de cara a las elecciones andaluzas, en un movimiento estratégico que busca consolidar el voto conservador y ampliar su base hacia sectores desencantados del socialismo.
Su discurso, desplegado en actos como el celebrado en Jerez de la Frontera, no solo apunta al pasado —con el caso de los ERE—, sino también al presente judicial del entorno del Gobierno de Pedro Sánchez.
La intervención de Feijóo combina dos planos: la crítica institucional al PSOE y la interpelación directa a la ex vicepresidenta primera y exministra de Hacienda, María Jesús Montero, actual candidata de los socialistas para disputar la presidencia de Andalucía. En este sentido, una de sus preguntas resume el eje argumental de su ofensiva: "¿Siete años y medio con casos de corrupción que afectan al Gobierno y al entorno de Pedro Sánchez y María Jesús Montero no vio nada raro? ¿Tampoco vio nada raro en los gobiernos andaluces de los ERE, a los que ella pertenecía?"
El uso político de los casos judiciales ya no es nuevo en la política española, pero en este contexto adquiere una dimensión particular. Feijóo vincula explícitamente episodios distintos —los ERE en Andalucía y el llamado caso Ábalos— para construir un relato de continuidad. Así, afirma que “los hombres de Pedro Sánchez están en el baquillo en el juicio de la corrupción”, en referencia al exministro de Transportes José Luis Ábalos y su entorno, subrayando que no se trata de figuras ajenas al núcleo del poder.
Esta estrategia busca trasladar la contienda andaluza al plano nacional, presentando la votación como algo más que una elección autonómica. De hecho, Feijóo apela directamente al electorado con un mensaje claro: "Votad a Juanma Moreno, no queremos más los ERE y Ábalos". La figura del presidente andaluz, Juanma Moreno, se proyecta así como antítesis de ese modelo.
En paralelo, el líder popular introduce un elemento adicional de crítica centrado en la doble condición de Montero como candidata autonómica y diputada nacional. “Es una falta de respeto”, afirma, para añadir que “Andalucía no está para que la utilicen”. Este argumento apunta a cuestionar la implicación real de la candidata socialista en la política autonómica, sugiriendo que su presencia responde a una lógica estratégica más amplia del PSOE.
El trasfondo de esta crítica es relevante. En un contexto donde las encuestas apuntan a una posible mayoría absoluta del PP, la campaña se orienta a evitar la desmovilización del electorado propio y, al mismo tiempo, a captar voto transversal. Feijóo lo expresa con cautela: “Desconfiad de aquellos que dicen que el PP va a ganar el 17-M. Aquí no se ha ganado nada”.
? Feijóo asegura que Montero da por perdida Andalucía: "por eso no ha renunciado al acta de diputada" pic.twitter.com/KjmoyNbK4F
— okdiario.com (@okdiario) May 3, 2026
Desde una perspectiva analítica, la ofensiva del líder del PP cumple varias funciones. En primer lugar, refuerza la cohesión interna del partido en torno a un discurso reconocible. En segundo, desplaza el foco del debate desde la gestión autonómica —donde la oposición ha criticado aspectos como la sanidad— hacia cuestiones de ética política. Y en tercer lugar, sitúa a Andalucía como un escenario clave dentro del ciclo político nacional.
El PSOE, por su parte, queda emplazado a responder en dos niveles: el judicial y el político. Mientras los procesos en el Tribunal Supremo siguen su curso, la batalla narrativa se libra en el terreno electoral, donde cada partido intenta fijar el marco interpretativo de los hechos.
En este contexto, Feijóo insiste en una línea discursiva que combina crítica y exigencia institucional: "Menos atacar a los jueces y más colaborar con la Justicia". Una formulación que busca reforzar su posición como alternativa de gobierno a nivel nacional, utilizando Andalucía como plataforma de validación política. @mundiario