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Mundiario 04 May, 2026 19:30

Ezzideen Shehab y la escritura desde el límite: Diario de un joven médico en el infierno de Gaza

Hay libros que no se leen: se soportan. Diario de un joven médico, de Ezzideen Shehab, pertenece a esa categoría incómoda en la que la literatura deja de ser refugio para convertirse en un acto de resistencia. Publicado originalmente en inglés y editado en español por Seix Barral, el testimonio del joven médico es una constatación de una realidad devastadora. Y en esa constatación —seca, clínica, quirúrgica, casi sin adjetivos— reside su fuerza.

Shehab escribe desde un territorio donde la palabra “normalidad” ha perdido cualquier significado. Sus páginas narran la destrucción sostenida del sistema sanitario en Gaza, con turnos interminables, cuerpos que llegan sin nombre, decisiones médicas tomadas en segundos y silencios que pesan más que cualquier diagnóstico. Es una descripción sin épica ni retórica, la de alguien que no pretende ser un héroe. Describe el trabajo, el cansancio agravado por el hambre y la muerte, pero también una obstinada voluntad de seguir atendiendo a quien llega, aunque el hospital se desmorone alrededor.

El prefacio es contundente: “I am a doctor in Gaza. Each day, I move through the ruins stitching wounds the world will never see. And at night, I write, because these truths cannot remain buried. If my words have reached you, it is not by accident. It is because suffering demands to be witnessed.” La traducción resume su esencia: “Soy un médico en Gaza. Cada día me muevo entre las ruinas suturando heridas que el mundo nunca verá. Y por la noche escribo, porque algunas verdades no pueden permanecer enterradas. Si mis palabras han llegado hasta ti, no es por accidente. Es porque el sufrimiento necesita ser visto.”

La primera entrada corresponde al 28 de junio de 2024 y comienza así: “Este soy yo; esta es mi historia. Regresé a Gaza cinco días antes de que empezara la guerra, después de nueve años estudiando en el extranjero. Volví con sueños, con esperanza, con el corazón lleno de alegría. No tenía ni idea de que todo iba a cambiar tan drásticamente que, en un instante, iba a perder a 42 miembros de mi familia el 11 de octubre de 2023. No son solo números. Teníamos vidas, teníamos historias, teníamos sueños. Éramos queridos y devolvíamos el cariño.”

Formado en Irán, ese aspecto de su biografía apenas altera un relato en el que también hay espacio para la crítica, incluso hacia Hamás, aunque —como él mismo sugiere— rechazar unos crímenes no implica callar ante otros.

La obra se erige así como un intento de rescatar la memoria colectiva entre los escombros. Hay momentos en los que la voz del autor se quiebra lo justo para recordarnos que, detrás del médico, hay un joven de poco más de veinte años que ha visto demasiado. Diario de un joven médico posee un estilo propio: su singularidad nace de la urgencia y de la necesidad de dejar constancia. El resultado es profundamente devastador.

En un tiempo saturado de opiniones, Shehab ofrece algo más raro: testimonio. Un testimonio que incomoda, interpela y obliga a mirar de frente lo que a menudo se prefiere ignorar. Busca despertar la conciencia de un mundo que, a su juicio, ha dejado solos a quienes viven ese sufrimiento.

Quizá por eso su lectura deja una sensación difícil de nombrar: una mezcla de admiración, desasosiego y gratitud. Admiración por la lucidez del autor; desasosiego por lo que narra; gratitud porque alguien, en medio del colapso, encontró tiempo para escribir. Todo ello queda condensado en un pasaje especialmente desolador: “Así es como nos eliminan. No de golpe, sino pieza a pieza. Primero ocupan la tierra, luego el cielo y después el mar. No solo nos matan a nosotros, matan el aire que respiramos, el agua que bebemos, los lugares que antes existían. Nos dejan sin nada. Solo queda la memoria de las olas a las que no nos podemos acercar.”

En un mundo donde la información se consume y se olvida con rapidez, Diario de un joven médico exige algo distinto: recordar. @mundiario

 

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