
A pesar de la evidencia —bochornosa en la elección de 2024— sobre la necesidad que tiene la minoría mayoritaria de contar con una coalición de partidos aliados, muchos observadores, afines o distantes del régimen, asumen que el mejor camino para Morena es competir de manera independiente en las elecciones intermedias. Parecen ignorar que, incluso en su mejor resultado histórico, Morena no alcanzó la mayoría en la Cámara de Diputados: 41% de los votos apenas se tradujo en 49% de los escaños. Morena necesita al PVEM y al PT, sobre todo porque el partido gobernante suele disminuir su porcentaje de votos en las elecciones intermedias.
En condiciones normales —que difícilmente se presentarán— Morena obtendría poco más de 35% de los votos, es decir, alrededor de 43% de la Cámara. En ese escenario, no podría aprobar el presupuesto sin negociar. Pero el problema no se limita al ámbito legislativo; también se extiende a las elecciones concurrentes. No es fácil que Morena mantenga su hegemonía territorial. En 2021 perdió terreno en la elección de diputados, pero compensó con triunfos en elecciones locales concurrentes, en buena medida por la debacle del PRI. Ahora, difícilmente podría arrebatar a la oposición alguno de los estados en disputa. Chihuahua y Nuevo León podrían serlo, pero no cuentan con candidatos claramente competitivos ni libres de sospecha, un factor que hoy sí pesa. Además, Michoacán y Campeche perfilan alternancia.