La posibilidad de que PP y PSOE lleguen a un acuerdo para la gobernación de Andalucía, después de los resultados electorales de ayer domingo, se presenta como un imaginario en una política española toxificada hoy en día por el sanchismo.
Cuando ese ilusorio entendimiento entre los dos grandes partidos del país no solo sería muy conveniente para la estabilidad del Gobierno regional andaluz —bastaría que el PSOE se abstuviera en la investidura de Moreno Bonilla— sino que además sería crucial para dejar definitivamente fuera de juego a la ultraderecha de Vox.
Pero nos topamos con la cruda realidad que impone la existencia de un tal Pedro Sánchez Pérez-Castejón, a la sazón secretario general del PSOE y presidente del Gobierno de España, al que para nada le interesa un acuerdo histórico y de Estado con el Partido Popular, que, por su parte, también ha quemado todas las naves para un entendimiento con la dirección actual del Partido Socialista.
La abstención del PSOE bastaría para evitar la dependencia de Vox en Andalucía, pero Sánchez y Feijóo han roto cualquier posibilidad de entendimiento
Una muy lamentable y penosa situación que define muy a las claras el actual desolador panorama político español, marcado por el tacticismo más burdo y la estrechez de miras de unos muy mediocres dirigentes cada vez más alejados del servicio a los intereses generales de la nación.
Porque para el maquiavélico aprendiz que es Sánchez, seguir exprimiendo el limón del miedo a una ultraderecha que mandaría en España de la mano del PP hace tiempo que se ha convertido en su tabla de salvación para seguir en el Gobierno incluso contando con los apoyos parlamentarios más insospechados y disparatados. Pero a Pedro Sánchez le da exactamente lo mismo porque su objetivo no ha sido nunca buscar y atender al interés general sino única y exclusivamente al suyo propio de permanecer en el Palacio de la Moncloa el mayor tiempo posible.
Por eso tampoco convocará las elecciones generales por adelantado ni modificará un milímetro la hoja de ruta que se ha marcado para continuar en el poder después de 2027. Y es que, queridos lectores, Pedro Sánchez está convencido de que va a continuar al frente del país y celebrar así por todo lo alto en 2031 el centenario de la proclamación de la Segunda República española. Me lo ha dicho recientemente alguno de sus colaboradores: que Sánchez tiene, en efecto, una especie de obsesión con presidir esa efeméride histórica del 14 de abril de 1931, cuando para mí no es más que un singular nuevo pretexto con el que jalonar su errática trayectoria.
Por eso el acuerdo andaluz no será, en fin, más que un sueño del verano que llega al mismo tiempo que Pedro Sánchez hace ver a los ciudadanos cómo Feijóo se pliega una vez más ante Abascal. @mundiario