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Radar Inteligente
Expansion 20 May, 2026 06:02

Una mala experiencia rompe en un segundo lo que el marketing construyó durante años

Un usuario detecta un cargo de 3,000 pesos que no reconoce en su estado de cuenta. Llama al banco, sigue el proceso y envía los documentos que le piden. Días después, el cargo sigue ahí y nadie puede resolverlo. Aunque no hubo publicaciones en redes ni declaraciones en medios, esa experiencia ya dañó el valor de la marca, un activo que muchas veces se subestima. El cliente no solo perdió dinero, perdió la confianza en que su banco responde y cumple. Y cuando esta se rompe, también aumenta el riesgo de abandono, cae la recompra y se debilita la recomendación del servicio.

Fuga silenciosa Promesas vs. realidad

He visto a muchos invertir millones en campañas que prometen cercanía y transparencia, mientras sus áreas de atención siguen desconectadas y obligan al usuario a explicar el mismo problema, una y otra vez, con personas distintas. Las métricas de reputación corporativa están hechas para detectar las crisis visibles: notas de prensa negativas, caída en el sentimiento en redes o declaraciones en medios; lo que muchas veces no detectan es el desgaste que ocurre debajo, en cada interacción que falla. Cada cliente que espera 15 minutos en una línea telefónica, cada formulario que pide información que el sistema ya tiene, cada cobro no reconocido que exige tres llamadas para aclararse, todo eso afecta el valor de la marca. Pensemos, por ejemplo, en una compañía de telecomunicaciones que anuncia instalación gratuita en 48 horas. La promesa es clara, pero la operación no logra sostenerla: el sistema solo tiene disponibilidad a cinco días; el técnico llega sin el equipo completo; la activación final requiere una llamada que tarda horas en contestarse. Suben las cancelaciones, aumentan las quejas ante reguladores y cae la recomendación del servicio. Y ese desajuste no es un problema de marketing, es un problema de gobernanza. Es decir, de la capacidad de alinear lo que la empresa promete con lo que realmente puede operar y sostener todos los días. Muchas organizaciones siguen separando experiencia del cliente y operación, aunque para el usuario son la misma cosa. La promesa, la atención y la ejecución forman parte de una sola experiencia. Cuando un perfil institucional dice "reembolso en 5 días hábiles" y el proceso tarda 12, el cliente no piensa en que la empresa tuvo una falla técnica; solo registra que la organización no cumplió lo que dijo.

Cumplir o perder

En muchas empresas mexicanas, el patrón se repite: el equipo de producto lanza una promoción sin validar si los centros de atención pueden absorber la demanda que generará. El área de marketing compromete soporte 24/7 sin contar con equipos capacitados durante la noche. La campaña funciona pero la operación, no. Y cada interacción fallida desgasta la confianza de forma silenciosa pero irreparable. Existe una asimetría en cómo se mide el éxito. El área comercial celebra la demanda generada; el cliente evalúa si ocurrió lo que se le prometió. Esa distancia no aparece en los reportes de campaña, aparece en la tasa de cancelación, en el volumen de quejas ante reguladores y en el silencio de quien no vuelve. El mayor riesgo no siempre es el cliente que reclama. Es el que abandona sin decir nada. Y cuando el lenguaje dentro de la organización se resume en frases como “no está en mis manos” o “ese tema corresponde a otra área”, lo que aparece no es solo falta de atención, es una desconexión entre áreas, procesos y capacidades internas. Hay empresas que logran sostener la confianza incluso bajo presión y otras que empiezan a perderla poco a poco. La diferencia rara vez está en el discurso; está en la capacidad de cumplir lo que prometen, todos los días y en cada punto de contacto. Porque la reputación no depende solo de lo que una empresa dice, sino de lo que las personas viven al interactuar con ella. Y hoy cumplir ya no es un diferenciador competitivo; es el requisito mínimo para seguir siendo relevante. _____ Nota del editor: Javier Huerta es Country Manager de Flow en México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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