A partir del 1 de julio, el tenor mexicano David Lomelí encabezará la Ópera de Dallas tras una trayectoria internacional que lo ha llevado a estancias exitosas en la Ópera de Santa Fe, Nuevo México, y en la Ópera Estatal de Baviera en Múnich.
Su nombramiento tiene algo de vértigo y de regreso a casa, donde emprendió diversos proyectos durante diez años, y aún está asimilando el peso simbólico y profesional de esa responsabilidad: “Todavía no me la creo –dice–, es el resultado de un trabajo de vida, de constante superación”.
En entrevista remota desde Denver, el tenor mexicano se declara "chilango y regio", porque nació en el corazón de Azcapotzalco en la Ciudad de México, en 1981, pero a los doce años se mudó a Monterrey, donde emprendió sus estudios profesionales de Sistemas Computacionales y Marketing en el Tecnológico de Monterrey.
Comparte con El Economista cómo una enfermedad lo obligó a distanciarse del reflector de los escenarios y a convertirse en un gestor de instituciones culturales de talla internacional.
Y no es que el canto haya dejado de ser fundamental en su vida, sino que ahora ejerce la profesión pensando en colectivo y desde ahí reflexiona sobre el reto de liderar una institución operística en el siglo XXI, la urgencia de reinventar el vínculo con las audiencias y el papel de la creatividad —y el riesgo— en el futuro de la ópera.
“Ahora, dependiendo de mi performance, mi gente va a comer”, afirma, aludiendo a la responsabilidad de tomar las riendas de una de las instituciones operísticas más relevantes de Estados Unidos, una organización con decenas de empleados y millones de dólares en juego.
Su trayectoria es singular: más de una década en funciones artísticas dentro de la propia Ópera de Dallas, una carrera como cantante y, en años recientes, una consolidación como gestor cultural. Ese tránsito del escenario a la dirección implica un cambio radical de perspectiva. “Antes el performance era individual; ahora es colectivo… y de todo me van a echar la culpa”, dice con humor, pero también con plena conciencia del desafío.
De la voz propia al coro institucional
La transición no es solo profesional, sino también personal. Ese “crecimiento” del artista hacia el gestor supone abandonar cierta ingenuidad del escenario. “Peter Pan ya creció”, resume. La creatividad sigue siendo central, pero ahora está orientada no solo a la interpretación, sino a la sostenibilidad de una institución en un entorno cada vez más competitivo.
Lomelí dice que la clave está en pensar la ópera como experiencia integral. “No basta con producir espectáculos de calidad; es necesario generar comunidad, diversificar formatos y repensar la relación con el público. El que esté en esta silla tiene que pensar cómo revolucionar la visualización del arte”, subraya.
El reto del financiamiento y nuevos públicos
Uno de los puntos más críticos en la conversación es el financiamiento. A diferencia de México o Europa, ´donde el financiamiento de agrupaciones de este tipo proviene en su mayoría del Estado, la Ópera de Dallas depende en gran medida de donaciones privadas y sus presupuestos anuales rondan los 25 millones de dólares. “Tengo que hacer un fundraising de más de 20 millones de dólares al año… casi 1.2 millones por performance”, explica.
Ante ese panorama, la clave está en construir proyectos culturalmente sólidos y socialmente relevantes. Lomelí identifica tres ejes: presencia digital, diversificación territorial y atractivo internacional. “Si no existes en el teléfono celular, no puedes contar una historia completa hoy en día”, afirma, en referencia a la centralidad de las redes sociales.
También plantea sacar la ópera de sus espacios tradicionales: “No podemos estar solo en la casa de ópera; tenemos que tocar en toda la ciudad”. Esa expansión busca acercar el arte a públicos más amplios y, al mismo tiempo, fortalecer su viabilidad económica.
Captar a las nuevas generaciones
La desconexión entre la ópera y los públicos jóvenes es uno de los problemas estructurales del sector. Lomelí lo vincula a una transformación educativa: “Yo fui de las últimas generaciones con clases de música obligatorias… después eso desapareció”.
Su propuesta es clara: hablarle a las nuevas audiencias en su propio lenguaje. Esto incluye la creación de contenido digital específico, desde microseries hasta podcasts especializados. “Tenemos que captarlos donde están”, sostiene.
Entre sus ideas destaca la creación de un “laboratorio de contenido” con productos breves, narrativos y adaptados a plataformas móviles. “Me imagino una microserie de 30 o 45 segundos… como The Office, pero dentro de una casa de ópera”, explica. La intención es construir una narrativa paralela que complemente la experiencia escénica.
Incluso plantea aprovechar la dimensión más polémica del fandom operístico: “¿Por qué le tenemos tanto miedo a ese marketing?… como en el futbol, Messi contra Cristiano, necesitamos recuperar esa capacidad de generar conversación y emoción en el público de la ópera".
Ampliar la experiencia operística
Más allá de la estrategia digital, el nuevo director apuesta por ampliar la oferta artística. Actualmente, la Ópera de Dallas presenta unas 30 funciones anuales. Lomelí busca diversificar formatos y contenidos: conciertos, versiones en formato reducido y repertorios menos convencionales.
“Quiero que nuestro brochure no sea solo cuatro óperas, sino toda una escala de experiencias”, afirma. Esto incluye desde grandes clásicos hasta obras menos conocidas o formatos experimentales que permitan alcanzar distintos públicos y presupuestos.
Su visión combina tradición e innovación. Puccini seguirá siendo una pieza clave de la programación—“es uno de los que mejor vende”—, Wagner, pero también planea incorporar repertorios menos frecuentes, como la ópera francesa como "Guillaume Tell", "Lakmé", o producciones contemporáneas.
Su reto es mayúsculo. Pero también lo es su ambición: hacer de la Ópera de Dallas un espacio más abierto, más dinámico y más conectado con su tiempo. Como él mismo dice, “tenemos que crear relevancia. Y en esa tarea, la ópera, lejos de ser un arte del pasado, podría encontrar un nuevo futuro”.