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Radar Inteligente
El Economista 21 May, 2026 00:45

Lo que no dijo Moody’s (abiertamente)

Que no cunda el pánico. En lo esencial, México no es muy diferente económicamente respecto al martes. Moody’s divulgó que cayó la calidad del Gobierno de México como acreedor. El mundo ya lo sabía.

Ayer, el dólar cotizaba a 17.32 pesos, dos centavos por debajo de su precio del lunes.

Es relevante que no se mueva el tipo de cambio, el termómetro más sensible a los impactos, precisamente en la semana en la cual Moody's Ratings rebajó las calificaciones nacionales a Baa3 desde Baa2. Nos puso en donde ya nos había puesto Fitch y en donde S&P coquetea podría ponernos. Al filo.

Lo más relevante está en los mensajes escondidos en el comunicado de la calificadora que fue la más receptiva a los planes económicos iniciales de Morena, desde los días de AMLO.

Un mensaje: ¿Pemex o México?

¿Qué vamos a salvar? El país se aproxima a una decisión inevitable: salvar a una empresa que se deteriora cada vez que llega un nuevo plan, o tragar el drama de su fatal destino y pensar mejor en desarrollar una industria energética.

La economía crece poco y los impuestos no alcanzan, mientras el gobierno gasta lo que hay en apoyar a Pemex, la “tóxica” del erario. En una relación que además obliga al gobierno a vender más gasolina y más productos de la compañía, alejando a los mexicanos de su meta de reducir emisiones.

La presidenta debe tomar decisiones, pues el riesgo es que hunda las finanzas públicas del país por salvar a Pemex, empresa que, en los hechos, no brinda holgura al gobierno ni energía a México.

Otro mensaje: México va a crecer más

Eventualmente se irán las nubes que impiden que llegue la luz sobre el futuro de los negocios norteamericanos. No será pronto, pero tampoco será en el largo plazo.

El país puede crecer más de 2 por ciento a partir del año entrante, incluso 3 por ciento a partir de entonces, de acuerdo con lo que prevén también economistas como Gabriel Lozano, de JP Morgan.

Pero atención, México va a crecer más, tanto como en los días de los tecnócratas del PRI o del PAN, que prometieron días de prosperidad y solo entregaron una mediocridad que, a la luz de la situación actual, parece atractiva. Ése es el desastre: tener la ambición de llegar a 3 por ciento.

Esa tasa no permitirá aprovechar la última gran generación de mexicanos para detonar el potencial nacional, antes de que la multitud que hoy está en sus 20 deje atrás la juventud.

Uno más: hay esperanza en seguridad

No hay garantía ni está cercana. Pero hay una vereda que lleva a una mejora en seguridad y los mexicanos han empezado a recorrerla.

Hoy es otro costo. Pemex y CFE no ofrecen energía suficiente; el gobierno limitó desde hace años las inversiones privadas en eficiencia energética, y el difícil acceso a electricidad o combustibles genera oportunidades para la corrupción y la delincuencia, igual de ciertos electricistas que de huachicoleros.

A eso hay que sumar la dificultad para traer insumos o llevar productos sin pagar cuotas a delincuentes, posiblemente aliados con gobernantes, vínculos que el gobierno niega ciegamente. Pero también es cierto que el gobierno está actuando y que esas acciones podrían reducir parte del impacto en el mediano plazo.

Último mensaje: el gobierno sí puede actuar

Es cierto que el gobierno puede actuar para mejorar su nota. Pero no entiende el nivel de urgencia.

La calificación fue reducida ayer en un contexto internacional que aún no ha derivado en una crisis financiera global. Aun así, el estancamiento económico ya provoca que muchos mexicanos tengan las tarjetas a tope; otro grupo ya se retrasa en hipotecas, y algo similar ocurre en Estados Unidos.

En otro comunicado, Moody’s sí dijo que los impagos mensuales en Europa superaron a los de Estados Unidos por primera vez desde 2022. A lo anterior sumen la impredictibilidad de una guerra sin sentido en Irán.

El gobierno de México debe gastar mejor, atacar la corrupción y empujar la inversión. Todo a un ritmo inclemente, antes de que algo se rompa en el sistema y entremos en una verdadera crisis. Sheinbaum lo sabe. ¿Pero quién la respalda?

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