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El Imparcial 08 Jun, 2026 08:21

El fanatismo de los morenistas

El fanatismo, la Real Academia Española (RAE), lo entiende como: “Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”. Y es común también en el campo del deporte.

Los militantes de Morena no son los únicos fanáticos en la sociedad mexicana, y no todos, aunque sí la mayoría de los morenistas, son fanáticos, pero en la caracterización que ahora presento sólo me refiero a ellos.

Del seguimiento que he hecho de lo que dicen los morenistas, sobre todo dirigentes, congresistas y funcionarios públicos de los tres órdenes de Gobierno veo que no actúan en el marco de la razón sino sólo de las emociones, y la más de las veces de las más básicas.

Las reacciones que tienen dan cuenta de que no son producto de algo pensado con cuidado, antes de ser dicho, sino que responde precisamente a su fanatismo, que se expresa en su “apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones”.

Dan la idea de que están en un proceso de adoctrinamiento, y que aceptan todo lo que se les dice, si viene de los canales oficiales, que ellos saben cuáles son. Asumen lo que se les dice como Palabra de Dios.

Esa predisposición los convierte en presas fáciles para que sus líderes o superiores, les den órdenes y orientaciones, que ellos asumen sin más, a la espera de recompensas y reconocimientos. Renuncian su capacidad crítica y a su voluntad.

Los dirigentes no buscan formar y educar a la base partidista sin sólo mantenerla bajo su control mediante una retórica básica y primitiva, pero también a través del miedo y el chantaje emocional.

Las y los militantes obedecen de manera ciega siempre que reciban una recompensa, y así están dispuestos a vivir en la certeza del dogma, pero también a defenderlo frente a los herejes que no piensan como ellos.

El diálogo, el reconocimiento del otro, el respeto a otras ideas, el pluralismo, el estudio crítico, son “pecados mortales”, porque atentan contra el dogma establecido. Sólo hay una verdad, la de los líderes del grupo. Todos los demás anathema sit (sean malditos).

Parte fundamental del dogma es descalificar a los otros, a los que se considera enemigos de la verdad, que es patrimonio y propiedad exclusiva del grupo, para el caso de Morena, y así “fuera de Morena no hay salvación”.

Las y los sacerdotes de la secta, son los únicos autorizados para decir la palabra e interpretarla, los fieles escuchan y obedecen, para eso están y eso es lo que los hace parte del grupo, con la posibilidad de acceder al cielo, que es obtener un cargo público.

Los fieles no tienen derecho a leer en directo los textos y a interpretarlos, y tampoco a dialogar con los otros y hacer vida ecuménica, el dogma no se los permite. Solo se pueden relacionar entre los fanáticos de la secta.

Rubén Aguilar Valenzuela

@RubenAguilar

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