Hace apenas unos días, Mikel Oyarzabal era uno de los nombres más señalados de la selección española. Su partido ante Cabo Verde dejó imágenes poco habituales, hasta el punto de que pasó largos minutos prácticamente sin intervenir en el juego y se convirtió en uno de los objetivos favoritos de las críticas tras el empate de España en el debut mundialista.
El problema para quienes dudan de él es que la realidad suele aparecer con rapidez. Ante Arabia Saudí, Oyarzabal volvió a hacer lo que lleva meses haciendo con la camiseta de España: producir. Dos goles y una asistencia en poco más de veinte minutos bastaron para convertirse en uno de los protagonistas de la victoria y para recordar que su importancia en esta selección va mucho más allá de cualquier debate puntual.
Lo llamativo es que este tipo de actuaciones ya no deberían sorprender a nadie. Mientras otros futbolistas reciben elogios por su potencial o por sus condiciones, Oyarzabal lleva mucho tiempo acumulando cifras. Sus números con España durante los últimos meses están entre los mejores de cualquier atacante internacional y convierten en muy difícil cuestionar su rendimiento.
La sensación es que el delantero de la Real Sociedad vive permanentemente sometido a examen. Cuando marca, se habla de una buena actuación. Cuando no lo hace, reaparecen las dudas. Sin embargo, muy pocos futbolistas de la selección han mantenido una regularidad semejante durante la etapa de Luis de la Fuente.
También existe un componente estético en el debate. Oyarzabal no suele protagonizar grandes carreras de cincuenta metros, tampoco acumula regates imposibles ni genera titulares por su espectacularidad. Su fútbol suele ser mucho más sencillo: aparecer donde debe aparecer, interpretar los espacios y tomar casi siempre la decisión correcta. Y eso, en ocasiones, parece vender menos que otras cualidades.
Ante Arabia Saudí volvió a quedar demostrado. Mientras buena parte del foco se dirigía hacia Lamine Yamal o hacia los cambios tácticos introducidos por Luis de la Fuente, Oyarzabal apareció una vez más en el lugar adecuado para convertir dos goles y una asistencia y demostrar la superioridad española. Lo hizo con la naturalidad de quien lleva años entendiendo perfectamente lo que necesita el equipo.
Resulta curioso que las críticas llegasen precisamente después de un partido tan condicionado por el contexto como el de Cabo Verde. España generó pocas ocasiones, encontró pocos espacios y varios futbolistas ofensivos quedaron desconectados durante muchos minutos. Aun así, gran parte de la conversación terminó concentrándose en el delantero vasco.
En una selección llena de talento, velocidad y futbolistas capaces de ocupar portadas, Oyarzabal se ha especializado en otro papel: el del delantero silencioso. El que no necesita hacer ruido para ser decisivo. El que aparece cuando el equipo lo necesita. El que convierte las críticas en goles y los debates en estadísticas. Y, visto lo visto durante los últimos meses, España haría bien en seguir escuchando menos el ruido y disfrutando más de uno de los jugadores más productivos de toda la era Luis de la Fuente. @mundiario