Mientras miles de padres celebraban su día en ambos lados de la frontera, ayer José Luis Castillo Carreón recorrió una vez más las calles de Ciudad Juárez con la esperanza de encontrar a su hija Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida hace 17 años, por lo que repartió imágenes de la progresión de edad de su rostro en volantes que simulaban una estampa de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
“No estamos en contra del futbol, somos fanáticos del futbol, pero nuestra lucha sigue buscando a nuestra niña Esmeralda y a todas las desaparecidas; así empezamos las celebraciones este Día del Padre, para nosotros no hay día de fiesta, es de lucha y de protesta”, dijo el hombre de 66 años mientras recorría las filas de vehículos en el cruce de Paseo Triunfo de la República y avenida De las Américas, con su mandil de plástico rosa en el que lleva la imagen de su hija junto a la leyenda “No me olviden, falto yo”.
Bajo los intensos rayos del sol y una temperatura real de 36 grados centígrados, pero que se sentía aún mayor al mediodía, el padre entregó los volantes a los conductores de decenas de vehículos, incluso a policías municipales a quienes pidió que al recorrer las calles de la ciudad buscaran entre las personas el rostro de su hija.
“¡No me olviden, falto yo! Soy Esmeralda Castillo Rincón. Tenía 14 años cuando desaparecí el 19 de mayo de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Salí rumbo a la escuela y nunca llegué a mi salón de clases. Desde ese día, mi familia me busca incansablemente y continúa exigiendo verdad, justicia y mi regreso a casa”, se lee al reverso de las estampas que también circulan a través de redes sociales, con los colores y la bandera de la Selección Nacional.
Se solidarizan con su búsqueda
Además de los cruceros, el padre visitó el Bazar del Monu, en la Plaza Monumento a Benito Juárez, la Plaza de Armas y la Catedral, en donde los conductores, visitantes, compradores, vendedores y peatones se solidarizaron con su búsqueda, algunos dándole palabras de ánimo y expresándole su admiración.
El legitimar la pérdida de los padres buscadores y reconocer su lucha es un acto mínimo de justicia social, destacó este Día del Padre el Centro de Análisis e Investigación Fundar México a través del informe Padres buscadores: estragos de las violencias y reconocimiento social.
“El amor hacia un hijo o una hija no caduca, aunque el tiempo no dé tregua. Tal es el caso del señor José Luis Castillo Carreón quien, desde hace 17 años, busca con tesón a su hija Esmeralda Castillo, desaparecida el 19 de mayo de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Don José Luis es conocido por participar en marchas feministas en el marco del 8M, en la Ciudad de México; asiste con un banner que tiene la fotografía de su hija y la insignia ‘No me olviden, falto yo’. Las asistentes a las marchas suelen arroparlo con un abrazo colectivo mientras le gritan ‘no estás solo’… No están solos”, destaca el documento.
Reconocer a los padres buscadores implica reconocer también las violencias que enfrentan y las ausencias que cargan cada día. Escuchar sus experiencias ayuda a comprender los impactos de las desapariciones y la urgencia de fortalecer políticas de búsqueda y atención, destacó Fundar México en el Día del Padre.
‘Los hombres no lloran’
Don José Luis lamentó que cuando es un hombre el que busca a su hija, hijo o familiar desaparecido se le estigmatice por la comunidad, además de que muchos de los padres de familia no pueden salir a buscarles porque son el sustento económico de sus familias o porque en México existe la idea de que “los hombres no lloran”.
Dijo que la semana pasada estuvo en la Ciudad de México, en donde se reunió con una veintena de hombres buscadores, entre padres y hermanos, de diferentes estados del país, pero explicó que “la economía y estigmas que nos dejaron nuestros antepasados de que los hombres no lloran, de que el papá es el hombre malo de la casa” no permite que muchos más salgan a buscar a sus seres queridos.
“Nos dicen: ¡cállese, los hombres no lloran!, y entonces a veces sí nos la creemos. Yo, al principio de mi lucha batallaba para llorar porque inconscientemente traía eso, y cuando daba una entrevista tenía que pararla para no llorar”, recordó.
Narró que también estuvo presente en el arranque de la Copa Mundial de Futbol en la Ciudad de México, con la intención de visibilizar el caso de su hija entre los extranjeros que visitan el país, pero las autoridades no los dejaron llegar.
“Estuvimos allá en México tratando de colocar las fichas en el estadio porque empezaba el Mundial y sabemos que venía mucha gente de otros países y sabemos que la trata de personas es internacional, no nada más aquí en México… lamentablemente en todos los alrededores, a unos cinco, seis kilómetros ya no te dejaban pasar y sólo pudieron acercarse unas 150, 200 madres, todos alrededor estábamos bloqueados y encapsulados.
“El colmo y la gota que derramó el vaso es cuando sale nuestra presidenta y dice: no, eran más los de atención a víctimas y los de Gobernación que las madres que estaban protestando… sabemos que esta administración no es responsable de nuestros desaparecidos, pero sí es obligación de ellos que nos ayuden a encontrarlos”, reclamó.
Falta ella
Esmeralda es la más pequeña de sus tres hijos, pero desde hace 17 años José Luis no puede celebrar el Día del Padre con los tres, porque falta ella.
En 2012, la Fiscalía General del Estado (FGE) encontró 10 centímetros de su pie izquierdo en el Arroyo El Navajo, en el desierto del Valle de Juárez, pero en 13 años no han localizado algún otro resto de Esmeralda, por lo que los abogados Karla Michel Salas y David Peña, del Grupo de Acción por los Derechos Humanos, lograron que el caso continuara siendo investigado como desaparición y no como feminicidio; sin embargo, no ha existido ningún avance sobre la investigación.
Durante 17 años, José Luis y su esposa, Martha Rincón, han recorrido las calles de México y el desierto del Valle de Juárez, sin lograr encontrarla, por lo que en este Mundial pidieron también el apoyo de la comunidad para que difunda la estampita mundialista de su hija a través de redes sociales y así alguien pueda reconocerla y ayudarlos a encontrarla.
Mientras tanto, al grito de “¡La lucha sigue, Esmeralda vive!”, el juarense conocido como el padre de la diamantina rosa, sigue exigiendo la búsqueda de su hija, mientras comparte su historia con niñas, niños y adolescentes estudiantes de otras escuelas de la ciudad, en búsqueda también de medida de prevención del delito de desaparición.