El embate de Donald Trump en contra de México tiene por aliados a medios de comunicación de su país. No tomar en cuenta esa realidad puede llevar a conclusiones prematuras sobre el real alcance de los nexos criminales de políticos mexicanos.
The New York Times publicó el sábado que una decena de políticos colabora ya con autoridades de Estados Unidos en investigaciones sobre narco. Las fuentes (no identificadas) serían de agencias gubernamentales, exfuncionarios de Estados Unidos y abogados.
La noticia provocó la consabida ola de júbilo disfrazado de denuncia por parte de opositores (aunque, según el diario, no todos los políticos serían de Morena); en contrapartida, los morenistas acusaron que se trata de la nueva entrega de ataques de Washington, al que eufemísticamente llaman “ultraderecha internacional”. Y los dos gobernadores mencionados en el reportaje, Durazo, de Sonora y Villarreal, de Tamaulipas, negaron los hechos.
En ausencia de más evidencia, pruebas o indicios documentales, y sin una nueva acusación formal, se trata de contenido periodístico legítimo que también sirve, a querer o no, para la propaganda de Estados Unidos.
The New York Times y sus periodistas han padecido a Trump, al que, sin embargo, investigan con puntualidad. Lo anterior no significa que desdeñen la agenda de la Casa Blanca respecto del perjuicio que causan los cárteles mexicanos.
Lo mismo se puede decir de Los Angeles Times, que hace semanas publicó un reporte parecido, en el que destacó la versión extraoficial de los mencionados gobernadores sonorense y tamaulipeco perdiendo su visa estadounidense y/o colaborando con autoridades de ese país. Los ya mencionados mandatarios también negaron lo sostenido por el diario angelino.
En relación con la prensa de Estados Unidos, en México se cae demasiado a menudo, y desde hace sexenios, en el maniqueísmo. O se le cree todo o se les considera mero instrumento del imperialismo yanqui.
De forma que la reacción a la última entrega del NYT sobre presuntos narcopolíticos mexicanos, para unos, confirma que Morena es un narcopartido, y para otros, que el Tío Sam pretende descarrilar la “izquierda” obradorista.
La verdad puede ser más modesta, mas no inocua. El diario neoyorquino tuvo acceso a diversas fuentes y estas coincidieron en que hay políticos mexicanos soltando la sopa sobre acusaciones que le interesan a Estados Unidos. ¿Porque lo dicen agencias estadounidenses y abogados y exfuncionarios de ese país es verdad?
Las agencias estadounidenses y sus personeros (exagentes de la DEA, por ejemplo) tienen sus propios intereses. No pocas veces compiten entre ellas, lo cual puede derivar en que le echen más crema a sus tacos al hablar sobre lo que traen entre manos. De lo que no hay duda es de que tienen ganas de revisar a México, y la prensa de su país también.
Esto último no descalifica el contenido del Times. Pero ayuda a tomárselo con un grano de sal. ¿Cuánto es verdad de lo que dicen las fuentes? ¿Cuánto, incluso, de lo que declaran los supuestos cooperantes? ¿Cuánto se convertirá eventualmente en una prueba ante un jurado? A saber.
Los medios, incluidos los mexicanos que reportean allá o con agencias de allá, tienen razones para creer en sus fuentes, así terminen siendo utilizados por Washington en su acoso hacia México.
Porque tampoco ayuda que del otro lado haya un gran, gran vacío: el gobierno de Claudia Sheinbaum todo lo niega y, si investiga, no lo informa. Se limita a demandar pruebas a Trump sobre narcodenuncias que, en algunos casos, antes fueron formuladas acá.
En ese contexto ocurre que reportajes con indicios se convierten en salvas de propaganda que merman al gobierno mexicano. Y la mañanera no alcanza, ni de lejos, para contenerlas.