Los saqueos denunciados esta semana en La Guaira (el estado costero cercano a Caracas que concentra buena parte de la devastación provocada por el doblete sísmico de la semana pasada, con un saldo oficial de 2 mil 295 muertos y hasta 50 mil desaparecidos, según la ONU) no parecen ser hechos aislados.
Vecinos han difundido videos en los que presuntamente militares sustraen dinero entre los escombros y, el martes, las labores de rescate en el edificio Vallarta se suspendieron después de que sorprendieron a policías robando dólares a las víctimas. El episodio revive un patrón conocido, ya que Venezuela vivió escenas similares hace 27 años.
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En diciembre de 1999, un deslave de lodo y rocas sepultó poblaciones enteras en el entonces estado Vargas, hoy La Guaira, en una de las mayores tragedias naturales de la historia del país. Las estimaciones sobre el número de víctimas varían ampliamente: distintas fuentes calculan entre 700 y hasta 30 mil fallecidos. Con apenas un año en la Presidencia, Hugo Chávez respondió con la militarización total de la zona, la imposición de un toque de queda y el despliegue de la Dirección Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), el entonces servicio de inteligencia política.
Aparente ruptura con el chavismo
El antecedente cobra relevancia porque el terremoto de 2026 ocurre bajo un gobierno que se presenta como una ruptura con el chavismo.
En enero, un operativo militar estadounidense capturó a Nicolás Maduro, presidente desde 2013 y requerido por Estados Unidos por cargos de narcotráfico. Tras su detención, la entonces vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asumió la presidencia interina y emprendió una depuración de figuras cercanas al exmandatario, incluido su histórico ministro de Defensa.
Sin embargo, el nuevo titular de esa cartera proviene del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), el servicio de inteligencia interna heredero de la DISIP, un nombramiento que diversos analistas interpretan como un fortalecimiento del aparato de control estatal, más que como una reforma institucional.
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Al mismo tiempo, Diosdado Cabello, considerado durante años el segundo hombre más poderoso del chavismo, permanece al frente del Ministerio del Interior, desde donde mantiene influencia directa sobre la policía y los organismos de inteligencia.
La crisis actual deja una interrogante que va más allá de los saqueos. Los testimonios y videos difundidos en los últimos días apuntan a que los abusos durante las labores de rescate no son una simple denuncia, sino hechos documentados.