Al día siguiente de ser nombrado canciller, el comité de desapariciones de Naciones Unidas señaló posibles desapariciones forzadas en México que podrían ser crímenes de lesa humanidad. Roberto Velasco defendió al gobierno mexicano, argumentando que las resoluciones de la ONU no son factuales y están motivadas políticamente, aunque sabía que eran resultado de una investigación.
Se vistió de cuerpo completo.
Hoy la oficina principal de la cancillería mexicana es ocupada por un singular personaje cuyo mote es producto de una autodefinición derivada de aquella imagen donde botaneaba en una reunión de alto nivel en Washington, cuando era el segundo de a bordo de Marcelo Ebrard. Una reunión donde a México se le imponían, de manera inédita en la historia, condiciones de aceptación de migrantes: tercer país.
No tiene carrera diplomática ni experiencia relevante en el sector público para acreditar su competencia como canciller. Su trayectoria pasó de cargos menores en instituciones locales a vocero y luego a secretario de Estado, encargado de la compleja relación de México con América del Norte.
Inhale y exhale
Roberto Velasco ha estado en la primera línea de nuestra estratégica vecindad con Estados Unidos prácticamente durante los siete años y medio de la ‘4T’, con todo lo que ello significa, empezando por un claro deterioro que hoy escala al enfrentamiento, con muertos en el camino: aranceles, señalamientos y exigencias no atendidas ni entendidas, guerra de Estados Unidos contra los cárteles, investigaciones de cónsules porristas de la ‘4T’ y un T-MEC agonizante.
Los números son fríos, no mienten: el intercambio comercial entre México y Estados Unidos equivale a 1.8 mdd por minuto; 2,562 mdd diarios. El último dato anual es de 839 mmdd.
Alguien no entiende que no entiende
El mundo no es chairo; mucho menos Estados Unidos. Entonces nadie entiende por qué el excelentísimo canciller anda tapándole el ojo al macho (es un dicho mexicano, para quien nos lee fuera de nuestro país) y haciéndola de escolta presidencial de Rocha Moya.
Sí, mandó reservar las comunicaciones con Estados Unidos, sobre Rocha Moya e Inzunza. O sea, quieren aventar abajo de la alfombra las cáscaras de la botana, los casquillos de ametralladora y el fentanilo. Así, ¡¿frente a todo mundo?!
Tratar de indultar a Rocha Moya, al grado de solicitar a la FGR de Ernestina Godoy que determine si se cometió algún delito en el traslado de El Mayo Zambada a Estados Unidos. ¿Neta?
Y todavía se avienta la hollywoodense: que la fiscalía le requiera información al FBI. Como si en la FGR supieran leer un oficio en inglés, perfectamente apegado a la ley.
¿Quién le pidió que sacara el pecho para defender a Rocha? ¿O lo obligaron a jugar al “niño héroe”?
Obvio, él se puso de pechito.
Es que defender el delirio de la soberanía nacional, cuando México está bañado en sangre y plagado de fosas con desaparecidos, no está a la altura de alguien que representa políticamente a nuestro país frente a todo el mundo.
Una cosa es que se crean sus propias mentiras; otra, que asuman que la comunidad internacional es ignorante y va a aplaudir, como focas, los excesos y mentiras de la ‘4T’. Menos aún cuando Rocha Moya se esfumó de la vida pública y está fuertemente custodiado por la seguridad pública (ciudadana, le llaman) de este país.
El libro de Ken Salazar surge en tiempos en los que el debate es si México va a cooperar o no con Estados Unidos. La apuesta desde Palenque es a la derrota de Trump en las elecciones del 3 de noviembre. En La Chingada asumen que el presidente más mediático en la historia americana bajará el fuego a México.
La ‘4T’ y el papá de los Trivagos no quieren entender que la Unión Americana sí es un país de instituciones, en donde los funcionarios de la CIA, la DEA y el FBI son transpresidenciales, y que para demócratas y republicanos los cárteles ya son cuestión de Estado, y que los delitos se persiguen sin límite de tiempo. Ahí está el asesinato de Kiki Camarena, que tiene 41 años de sucedido, el mismo tiempo en que Manuel Bartlett no se para por Estados Unidos. O la titularidad de los cargos está ligada a los talentos y a la agudeza política, como fueron los 48 años de J. Edgar Hoover al frente del FBI.
¿Qué estará pensando el canciller? ¿Que en una sola jugada va a quedar bien con la presidenta Sheinbaum, con Andrés Manuel y con el Cártel de Sinaloa? ¿Victorino Porcayo es quien lo aconseja? A costa de quemarse con la relación más importante en la historia y economía de México: Estados Unidos. En tiempos en los que ya dijo Trump que renegociaremos el T-MEC por los siglos de los siglos y amén. Toyota ya se lleva su producción de Tijuana.
De hecho, fuentes de la secretaría me confirman que la ‘4T’ no ha podido mantener o reconstruir contactos y canales eficaces de comunicación con círculos de poder en la Casa Blanca y/o en el Capitolio, situación que lamentablemente se acentúa bajo el mando del nuevo canciller, quien se ha rodeado de cuadros inexpertos, como su abogado Jorge Alberto Martínez, la subsecretaria que lo sustituyó en América del Norte, Cristina Planter, y el economista Farid Hannan.
Además, en Washington les tienen tomada la medida: a nuestras peticiones de información les responden con el mismo silencio con el que estamos respondiendo nosotros a las solicitudes de extradición de morenistas presuntamente ligados con el crimen organizado
Ahora bien, ¿por qué el canciller no advirtió a la presidenta que no puede desacreditar un día al exembajador Ken Salazar, y a la mañana siguiente usar una entrevista con el mismo personaje para “probar” la relación de Fox y Calderón con el crimen organizado?
Por si todo lo anterior fuera poco, Alicia Bárcena lo odia porque nombró a Efraín Guadarrama su coordinador de asesores, cuando es muy sabido que fue él quien filtró las fotos de la boda de Borrego, gente de la actual secretaria de Medio Ambiente, generando tremendo escándalo.
Ah, y cómo dejar de mencionar que; tras el asesinato de un mexicano por parte del ICE, líderes comunitarios se quejaron diciendo que en el consulado de Houston nadie les hace caso, y hasta la presidenta Sheinbaum declaró –agárrense– que la Nena Orantes anda distraída haciendo otras cosas, promocionando su colectivo 50+1. Eso en otras épocas hubiera sido una instrucción que el canciller de inmediato debía acatar: córrela o pídele su renuncia.

Mientras tanto, en los pasillos de la cancillería se dice que no pasa nada, pero parecen decir con ello que pasa todo: arrogancia, intolerancia, falta de empatía, inexperiencia y hasta incompetencia, con un grupo “asesor” de notables embajadores de carrera, a quienes ni voltean a ver desde la oficina principal del piso 18, en Plaza Juárez número 20.