HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Financiero 19 Aug, 2026 01:14

¿Quién es Andy?

Al menos desde la semana pasada la pregunta más importante para el gobierno de Claudia Sheinbaum es “¿quién es Andy?”.

Cuando por la noche del jueves el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que le habían cancelado su visa estadounidense, el tema pasó de ser un asunto de un individuo, a ser un asunto político mayúsculo.

La transición aceptada por Claudia Sheinbaum incluía un campo minado. Decenas de entenados en puestos de primer nivel sonreían sin pudor en ese terreno cuajado de enquistados. Otros encarguitos fueron menos conspicuos, no necesariamente menos lesivos.

Sheinbaum ha ido quitando a algunos, pero no necesariamente ha logrado eso que ocurría, para bien, en el viejo régimen, cuando quienes ya habían “bailado” sabían que les tocaba sentarse. Muchos lograban alguna sillita dentro del erario; mientras los muy tiznados se resignaban al ostracismo a sabiendas de que la franca rebeldía podría costarles cárcel, o mínimo ser expulsados de la familia revolucionaria.

Claudia removió a Adán Augusto de la coordinación guinda en el Senado, pero lo mantiene muy activo en el partido. O no le alcanzó para congelar al “primo-hermano” de AMLO, o cree que el movimiento aún no resiste humillaciones políticas como la expulsión del paraíso.

Los casos de la gobernadora Marina del Pilar Ávila y del gobernador con licencia Rubén Rocha son la otra cara de esa moneda. La mandataria de Baja California es sostenida con respiración artificial, y en Sinaloa cambió la persona en el cargo mas no la que tiene el poder.

El común denominador de Adán Augusto, Marina del Pilar y Rocha, con bastantes otros (sin olvidar el arropamiento a Cuauhtémoc Blanco en marzo del 2025 ante denuncias de agresiones sexuales), es que la presidenta actuó como quien cree que ninguno de esos escándalos tenía la fuerza suficiente para descarrilar a su gobierno. Que su poder y autoridad alcanzaban para sofocar escándalos. Y quizá tenía razón.

Salvo que eso no aplica con Andrés Manuel López Beltrán. Por principio de cuentas porque por sus apellidos él posee membresía vitalicia —sí, hay de compañeros a compañeros—, y sobre todo, Andy es la apuesta de su padre, y de los duros tipo Brugada, hacia el futuro.

El caso de Andy también se cuece aparte porque en el peor de los escenarios se tornaría demasiado indigesto para el gobierno un escándalo suyo reventado desde Estados Unidos, sea por filtración de alguna agencia de Trump, y ni qué decir por una acción del Departamento de Justicia.

Por ello, la pregunta en la que la administración Sheinbaum no puede darse el lujo de no conocer una respuesta amplia, exhaustiva y real es quién es Andy, qué zonas grises existen en su actuar profesional desde, digamos, mediados del sexenio de Peña Nieto (cuando Morena comenzó a ganar alcaldías y a crecer electoralmente) y momento en que hubo elecciones clave como las del Estado de México en 2017.

Ese barrido sobre probables operaciones encargadas a López Beltrán con recursos del partido, o de militantes y simpatizantes, —que no es lo mismo, pero es igual— no resultará cómodo para la presidenta, y mucho menos para Andy y su familia. Y tampoco para sus amigos por las obligadas revisiones a giros privados donde haya participado, o por supuestas ventajas que sus conocidos recibieron en festivales, etc.

¿Es exagerado pensar que quizá veremos la búsqueda de luces y sombras de la biografía de un personaje como no se ha visto ninguna desde los tiempos de Raúl Salinas de Gortari? Si afirmar esto es exagerado, pronto la presidenta y la prensa tendrán la respuesta.

Contenido Patrocinado