
Podemos luchar por buscar un mundo mejor. Podemos cuidarnos para tener una mejor salud y una mayor calidad de vida. Podemos hacer uno y mil planes para el futuro. Nos imaginamos llegar a viejos habiendo trazado el camino de la rectitud para nuestros hijos. Trabajamos toda la vida para recoger los éxitos que con tanto esfuerzo cosechamos durante tantos años.
Hacemos planes como si estos estuvieran esperando, como si aguardaran a que los abriéramos como si fueran regalos. Pero todos esos planes no llegan o no llegan como lo habíamos pensado.
Los centenares de personas, tal vez miles, de las riadas de Nepal y China, también hacían planes. Planes para ellos, para sus hijos, para sus nietos, planes porque querían comprar un coche u organizar un viaje. Ninguno se pudo materializar.
Los planes cambiaron, el glaciar colapsado unido a las intensas riadas fue el resultado de que miles de vidas ya no puedan hacer planes. Las fuerzas inefables de la naturaleza hicieron el resto. Las imágenes que hemos podido ver son literalmente indescriptibles. Ciudades enteras fueron fagocitadas por las aguas. Edificios y puentes desaparecieron. Trenes, camiones, coches, dejaron de existir. Fue mucho más que un día convencional de una guerra cualquiera.
Lo mismo había pasado antes en Colombia, en Venezuela y en tantos sitios donde la naturaleza se combinó con el caos.
¿Estarán dándonos señales? ¿Qué estamos haciendo tan mal para que los reproches del planeta sean tan duros? ¿Qué será lo siguiente?
@pelaez_alberto