La aparente desescalada en Oriente Próximo tras el acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán ha quedado rápidamente matizada por la evolución sobre el terreno en el Líbano. Lejos de reducirse, la intensidad de los ataques israelíes ha aumentado hasta registrar la mayor oleada de bombardeos desde el inicio de la guerra con Hezbolá.
En la madrugada del miércoles, la aviación israelí desplegó alrededor de medio centenar de cazas que lanzaron unas 160 bombas en apenas diez minutos sobre distintos puntos del país, incluidos Beirut, el valle de la Becá y el sur libanés. Según el propio ejército israelí, se trató de una operación coordinada contra más de un centenar de objetivos vinculados a Hezbolá, entre centros de mando, infraestructuras militares y posiciones estratégicas.
Las autoridades libanesas describieron el balance inicial como “decenas de muertos y cientos de heridos”, con hospitales desbordados y servicios de emergencia colapsados.
Este repunte de la ofensiva no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de una divergencia política clave: el alcance del alto el fuego. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha sido explícito al afirmar que la tregua acordada con Irán “no incluye al Líbano”, una postura que contrasta con la interpretación de otros actores implicados en la mediación, como Pakistán o la propia Teherán, que han defendido públicamente la idea de una desescalada regional más amplia.
La diferencia no es menor. Para Israel, la campaña en el Líbano responde a un objetivo estratégico autónomo: debilitar la capacidad militar de Hezbolá y ampliar su control en la franja sur del país, considerada zona de seguridad frente a posibles ataques. Desde esta perspectiva, el conflicto con la milicia chií forma parte de un frente diferenciado, aunque conectado indirectamente con Irán, y por tanto no sujeto automáticamente a los términos de la tregua con Washington.
En el terreno, esta lógica se traduce en operaciones continuadas y en órdenes de evacuación masivas. Las Fuerzas de Defensa de Israel han instado a la población a abandonar amplias zonas del sur del país y los suburbios del sur de Beirut, donde viven cientos de miles de personas. El mensaje es: el área sigue siendo considerada un teatro activo de operaciones militares, pese al contexto diplomático regional.
Por su parte, Hezbolá ha adoptado una postura ambigua. Mientras algunas fuentes de Reuters apuntan a una suspensión temporal de sus ataques contra Israel, en aparente intento de alinearse con la tregua impulsada por Irán, el movimiento mantiene un discurso de resistencia y victoria inminente.
Las autoridades libanesas, atrapadas entre estas dinámicas, han reaccionado con cautela. El presidente Joseph Aoun ha expresado su esperanza de que el acuerdo entre Washington y Teherán pueda ser “un primer paso” hacia una paz más amplia, pero ha evitado confirmar que Líbano esté incluido en ese proceso. Mientras tanto, el ejército libanés ha advertido a los desplazados que no regresen al sur del país debido al riesgo persistente de ataques.
Ataque masivo de Israel al Líbano: el peor desde el comienzo del conflicto pic.twitter.com/MBUU7FbwBf
— EL MUNDO (@elmundoes) April 8, 2026
El trasfondo de esta situación revela una de las principales limitaciones de la tregua entre EE UU e Irán: su incapacidad para integrar todos los escenarios de conflicto asociados al llamado “Eje de la Resistencia”. Aunque Teherán ha defendido la inclusión de sus aliados regionales en cualquier proceso de desescalada, la realidad es que cada frente —Irán, Líbano, Yemen o incluso Gaza gobernado por Hamás— responde a dinámicas propias y a cálculos estratégicos distintos.
Además, la continuidad de los ataques en Líbano introduce un factor de riesgo adicional para la estabilidad regional. La coexistencia de una tregua parcial con una escalada activa en otro frente genera un equilibrio inestable, en el que cualquier incidente podría reactivar tensiones más amplias.
La coordinación —o falta de ella— entre los distintos actores será determinante para definir si la actual pausa en el conflicto con Irán puede consolidarse o si, por el contrario, se verá erosionada por la persistencia de combates en escenarios paralelos. @mundiario