
El reciente lanzamiento de la plataforma SAPIENS MX Tabaco abre una ventana que vale la pena mirar con detenimiento. No tanto por lo que es, sino por lo que nos puede permitir ver –quizá– con mayor claridad en torno a la arquitectura de la política de control del tabaco en México.
Y digo lo anterior, porque hoy SAPIENS se inserta en una coyuntura bastante compleja donde si bien se busca generar decisiones más acertadas en torno al control del tabaquismo mediante una serie de indicadores, lo cierto es que los datos disponibles empiezan a sugerir que las reglas de este mercado no sólo se están moviendo según el consumo, la recaudación, y la salud pública, sino que parecen mostrar otra cara de la moneda.
De entrada, la medida –medir políticas fiscales, de etiquetado, empaquetado, y traducirlas en mejores decisiones– es positiva. Sin embargo, me parece que estamos dejando de lado un problema más amplio y quizás un tanto más delicado. Porque sí, fumar afecta a la salud; pero es peor cuando no se sabe qué se está consumiendo.
Comento esto porque, hoy, casi tres de cada 10 cigarrillos consumidos en México provienen del mercado ilegal. La gravedad de este dato no sólo reside en la cantidad, sino en la velocidad con la que este fenómeno crece. Es decir, no se trata de una anomalía más, sino de una dinámica estructural que se expande de manera exponencial.
Y es aquí donde la conversación se vuelve más amplia; pues si la política fiscal —y en particular los recientes incrementos al IEPS— continúa siendo uno de los ejes centrales, resulta pertinente preguntarse cómo se está integrando, en paralelo, una estrategia específica para mitigar el mercado ilegal.
Sobre todo cuando los propios datos sugieren que el diferencial de precios es abismal –una cajetilla legal cuesta cerca de los 100 pesos; mientras que una ilegal puede encontrarse entre 15 y 35. Sin duda, el punto no es descalificar la lógica de salud pública que subyace a la tributaria, sino reconocer que el comportamiento del mercado responde a múltiples incentivos.
En ese contexto, si bien SAPIENS aporta algo valioso, también deja ver una omisión relevante, a saber, la falta de medición sistemática, actualizada y completa del mercado ilegal. En la actualidad únicamente se regula, se grava y se advierte, al tiempo que el mercado informal crece a tal grado que ya no es informal del todo, pues ha logrado infiltrarse incluso en espacios formales, con esquemas de reempaque, simulación de marcas y redes logísticas cada vez más amplias; sumándose a ello una mezcla de importaciones ilícitas y producción nacional irregular que complica su trazabilidad. Y al final, lo que queda en medio es la salud del consumidor.
Frente a ello, me parece que esta iniciativa puede ser algo más que una plataforma de datos, puede convertirse en el punto de partida para una conversación más amplia que incorpore con mayor claridad la realidad de un mercado que ya no se explica únicamente desde el ámbito fiscal.
- Consultor y profesor universitario
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