Hay una idea que se repite mucho entre jóvenes: que las cosas están mal, que nada cambia, que da lo mismo participar o no. Y, siendo honestos, muchas veces hay razones para pensarlo.
Pero hay una pregunta que casi nunca nos hacemos (o que evitamos hacernos): ¿qué pasaría si sí nos involucramos?
No hablo de meterse a la política como profesión; hablo de algo mucho más simple y, al mismo tiempo, más retador: dejar de ser espectadores.
Hoy tenemos más información que nunca. Sabemos lo que pasa en el país, opinamos, compartimos, criticamos. Pero saber no es lo mismo que participar. Y participar no siempre significa hacer algo grande. A veces empieza con algo mucho más básico: prestar atención, cuestionar, entender, tomar postura.
Porque hay algo que no cambia, aunque no nos guste: las decisiones se toman con o sin nosotros.
Las reglas que afectan nuestro trabajo, nuestra seguridad y nuestras oportunidades no se detienen porque decidamos no involucrarnos. Siguen avanzando.
La diferencia es si nosotros decidimos ser parte… o no.
Durante mucho tiempo, a toda una generación se le dijo que no valía la pena involucrarse, que era mejor enfocarse en lo propio, en lo personal, en lo inmediato.
Y sí, eso importa y mucho.
Pero también es cierto que lo personal no está separado de lo público. Vivimos en un entorno que influye en todo lo que hacemos: en cuánto ganamos, en qué tan seguros nos sentimos, en las oportunidades que tenemos o dejamos pasar…
Por eso la pregunta no es si te interesa o no involucrarte; la pregunta real es: ¿qué estás dejando en manos de otros al no hacerlo?
Involucrarse no es volverse radical, no es pelear, no es dividir; es, simplemente, asumir que lo que pasa afuera también tiene que ver contigo, que tu voz cuenta, que tus decisiones importan y que tu ausencia también tiene consecuencias.
No se trata de hacerlo perfecto; se trata de hacerlo, porque al final, lo que define a una generación no es solo lo que piensa… sino lo que decide hacer con eso. Y entonces la pregunta regresa, pero ya no suena igual: ¿qué pasaría si sí nos involucráramos?
Soy Pancho Domínguez Castro. Escribo para reflexionar y para invitar a participar, porque el futuro no se observa desde fuera: se construye cuando decidimos ser parte.