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Quadratin 17 Apr, 2026 07:00

México se suma al “no a la guerra” de España contra Trump

El nuevo canciller mexicano Roberto Velasco Álvarez –que construyó su fuerza
diplomática trabajando cerca y al ritmo de los intereses geopolíticos y de seguridad
nacional de Estados Unidos– se va a estrenar mañana sábado consolidando la alianza de
la política y de seguridad nacional de México con el “no a la guerra” de España contra
Washington.
No se trata aquí de la mala intención de amarrar navajas, sino de clarificar el
espacio en el que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo estará dando un paso muy
preciso y reflexionado el regreso de México a la diplomacia internacional activa que
abandonó López Obrador desde diciembre de 2018.
Lo único malo ratifica el hecho de que el escenario de México vis a vis Estados
Unidos tiene un agenda en proceso de negociación marcada por prioridades
estadounidenses: la revisión del Tratado de Comercio Libre en función del regreso de EU a
la concentración económica y productiva en territorio americano, las quejas permanentes
del presidente Trump y sus principales funcionarios contra la estrategia mexicana de
“abrazos, no balazos” con los cárteles del narcotráfico, la insistencia de la Casa Blanca
para enviar tropas militares a destruir en territorio mexicano las zonas delictivas, la ayuda
de México a Cuba con petróleo y diésel que fue bloqueada arbitrariamente por Estados
Unidos para ahogar al régimen de Castro en la exigencia estadounidense para que sus
principales aliados –y México es next door o vecino territorial al sur– decidan sumarse al
paraguas militar y de seguridad nacional y geopolítico de Washington.
La convocatoria –como ya se comentó aquí hace días– del Gobierno de España
estuvo definida en la decisión del Palacio de La Moncloa de confrontar las decisiones

bélicas de EU contra el régimen de los Ayatolás en Irán, al grado de que la posición
española fracturó la alianza atlántica en la OTAN y orilló al presidente Trump a amenazar
con abandonar este grupo y crear uno nuevo sólo con sus aliados.
El escenario diplomático de México en realidad no está en Europa, sobre todo
porque en los últimos años nada ha aportado la Comunidad Europea a América Latina y a
México y sólo ven al territorio hispano del continente americano con los ojos antiguos del
conquistador del siglo XIV.
El descuido diplomático de México, no solo en el periodo de la 4ªT sino más bien
en el contexto de la globalización dependiente que firmó en 1993 el presidente Carlos
Salinas de Gortari, subordinó a México a las líneas estratégicas de la geopolítica de
Estados Unidos, como quedó muy claro en el Memorándum Negroponte que en esta
columna se ha insistido hasta el cansancio porque estableció el criterio de que la
dependencia de México al mercado norteamericano implicaba también la subordinación
diplomática y política.
El abandono diplomático mexicano de los últimos 45 años permitió la
desarticulación de América Latina y el Caribe en un archipiélago de nacionalismos
absurdos y sentó las bases para que Estados Unidos con Trump pudiera ir impulsando
relevos de gobierno hacia la derecha.
Y ahí se observa el fenómeno político de que los últimos resquicios activos de la
diplomacia latinoamericanista –México, Brasil, Uruguay y Colombia– tengan que cruzar el
Atlántico para fortalecer la posición del presidente español Pedro Sánchez, con
prioridades negativas más locales que geopolíticas: su esposa está siendo procesada por
cuatro casos de corrupción, varios ministros están siendo revelados también por tráfico de
dinero, la fortaleza de Sánchez depende no de la coalición monárquica sino de los
independentistas y autonomistas, es decir, que el presidente español está usando sin
rubor a países latinoamericanos que nunca lo preocuparon en sus años de gobierno sólo
para crear un bloque anti EU a su conveniencia.
El nuevo canciller mexicano Velasco Álvarez, con una carrera burocrática
administrativa y sin ningún pronunciamiento de definición de la política exterior de

México y la seguridad nacional en tiempos de guerra, forjó su ascenso en la estructura de
la Secretaría de Relaciones Exteriores atendiendo las necesidades de Estados Unidos, y
mañana tendrá que explicar que como nuevo encargado de la diplomacia mexicana estará
colocado al lado de la confrontación de España con Washington por Irán y Ucrania.
Lo menos que México necesitaba era un replanteamiento de sus principios
históricos de política exterior frente al vecino del norte y sobre todo ante la pérdida de
liderazgo mexicano al sur del Río Suchiate, y lo que más urgía era un planteamiento
diplomático que fuera más allá de los intereses también desdeñosos de Brasil a México y
resolviera primero las tres prioridades de México con EU: el Tratado Comercial, el acoso
americano que quiere invadir México por el narco y la falta de decisión del Gobierno
mexicano para defender con energía y principios a los migrantes reprimidos en territorio
americano.
Lo único que queda es la posibilidad nada segura de que la presidenta mexicana
estructure un discurso de replanteamiento diplomático en la colocación de los intereses
geopolíticos de México por encima de Estados Unidos y de Europa.

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Política para dummies: la política es la gestión del poder a favor de los intereses
nacionales.
[email protected]
http://elindependiente.mx
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del
periódico que la publica.

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