Estábamos hablando de la reducción que estaban teniendo los mercados de los crudos marcadores ante la posible segunda ronda de negociaciones en la guerra de Irán y de como habían reaccionado optimistamente los distintos mercados financieros, cuando Enrique Quintana comentó el pasado miércoles en el programa “Al Cierre”, que el mercado de físicos del petróleo se encontraba 20 o 30 dólares más alto de lo que vemos en las pantallas de los contratos de futuro del WTI o del Brent. Vale mucho la pena hablar al respecto para entender la magnitud de lo que está sucediendo en el mundo con el cierre del estrecho de Ormuz y la destrucción de la infraestructura de producción, refinación y almacenamiento de hidrocarburos en el Medio Oriente.
De hecho en la semana pasada, cuando los precios de los crudos marcadores en el mercado de futuros se encontraban alrededor de 95 dólares por barril, en el mercado físico, el barril podría conseguirse en 125 dólares por barril. Esta circunstancia es totalmente anormal.
Estamos acostumbrados a leer los precios del mercado de futuros como referencias válidas, que son los precios en mercados con contratos estandarizados a una fecha de vencimiento próxima. Normalmente la diferencia entre el precio de los contratos a futuro y los físicos es mínima, de 2 dólares o menos de un dólar. Los precios a futuro deben estar racionalmente por arriba del mercado físico, por el valor del dinero en el tiempo. En la práctica, solo los compradores de las refinerías se centran en las cotizaciones de los mercados físicos.
Los traders y operadores toman decisiones de compra y venta basándose en el precio esperado del petróleo en diferentes momentos futuros. Los precios del petróleo para distintas fechas de entrega suelen seguir una curva, con pendiente alcista en la medida en que el vencimiento se aleja del presente. Los contratos que prometen entrega de petróleo a finales de año costarán más que los de corto plazo. Este patrón, conocido como contango, de mantenerse, ayuda a cubrir el coste adicional de mantener el petróleo a lo largo del tiempo para pagar gastos como el almacenamiento y el seguro.
Cuando el mercado atraviesa por alguna circunstancia caótica como la que se vivió en el 2008 y ahora en el 2026, con la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, se da un fenómeno de prima invertida. Cuando la curva tiene pendiente descendente, los precios a corto plazo son más altos que los de plazos más largos. Esta situación no es exclusiva del petróleo o del gas, y se da prácticamente en todos los mercados de commodities, e indica que los compradores están dispuestos a pagar más para asegurar el suministro de inmediato. Sin embargo, las diferencias de precios nunca han sido tan grandes como ahora.
El mercado internacional del petróleo en 2008 vivió una volatilidad extrema, caracterizada por un máximo histórico seguido de un colapso drástico. Los precios alcanzaron un récord de 147 dólares por barril en verano, impulsados por la especulación, para luego desplomarse por debajo de 40 dólares a finales de año debido a la crisis financiera mundial. A precios constantes, el máximo histórico mencionado equivale a 200 dólares por barril. Factores como la alta demanda, la especulación financiera y una limitada capacidad de producción de la OPEP impulsaron este aumento. A raíz de la crisis financiera internacional (o Gran Recesión) desatada por la crisis hipotecaria en EU, los precios del crudo cayeron estrepitosamente. La recesión económica redujo drásticamente la demanda mundial de energía.
En las circunstancias vigentes, el cierre del estrecho de Ormuz y la destrucción recíproca de la capacidad de producción, de almacenamiento y de refinación en la región del Medio Oriente representa el mayor déficit de petróleo de la historia. Los precios del crudo por encima de 100 dólares el barril, un aumento de casi el 30% desde el inicio de las hostilidades, tienen un tremendo impacto en todo el mundo. Algunos analistas han advertido que los precios podrían alcanzar 200 dólares, si el estrecho de Ormuz permanece cerrado durante un período prolongado.
Las refinerías estadounidenses, que importan poco crudo de Oriente Medio, han podido seguir operando con normalidad, aunque han tenido que pagar más por el crudo. Los precios de la gasolina se han disparado en muchos países desde el inicio de la guerra con Irán. En Estados Unidos, los precios en las gasolineras han alcanzado un precio promedio que ronda los 4 dólares por galón, el más alto en cuatro años. Esto le va a costar a Trump el control del Congreso en las elecciones de noviembre.