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El Diario 22 Apr, 2026 18:11

Luto en las logias por muerte del comandante

  • Luto en las logias por muerte del comandante
  • Dejan solito al regidor que rompió con el crucismo
  • “Que Corral vaya a opinar al PAN...”
  • Opera maquila con cautela y adaptándose

La pertenencia a la masonería supondría alejamiento de las religiones, en particular de la religión católica, pero suele ocurrir que un miembro de dicha orden, en público y hasta en familia, aparece como fervoroso devoto, mientras en privado participa, reservada o secretamente, como masón activo.

Es el caso del director de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), el comandante Pedro Oseguera Cervantes, y de otras personas de alto perfil público que han muerto. Son despedidos por sus familias en rituales mayormente católicos, pero los mayores ceremoniales son desarrollados por sus “tres veces hermanos” en las células masónicas a las que pertenecen.

Oseguera es uno de los cuatro servidores públicos fallecidos la madrugada del domingo en un accidente ocurrido en brechas de terracería ubicadas entre barrancos boscosos de Guachochi y Morelos.

El comandante policiaco, perteneciente a la Fiscalía General del Estado (FGE), falleció tras dirigir el desmantelamiento de un megalaboratorio de drogas sintéticas descubierto en Morelos.

También murió el agente de la AEI, Genaro Méndez Montes, y los estadounidenses, elementos de la CIA, Richard Leiter Johnston y John Dudley Black.

Públicamente era desconocida la pertenencia de Oseguera a la masonería. El martes fue despedido institucionalmente con honores, junto a Genaro Méndez, pero ayer el íntimo círculo personal de su familia le ofreció una misa de cuerpo presente, oficiada por un sacerdote católico.

Los miembros de las logias masónicas chihuahuenses también le rindieron tributo como uno de los suyos:

“Una columna del gran templo masónico se ha derrumbado. Nuestro querido hermano ha pasado a ocupar su plaza en el eterno oriente... Y ahora su alma viaja en los confines a develar por sí misma el gran secreto”, son algunas de las expresiones que retumbaron al interior de las reservadas logias.

Allá consideran no que está con el Dios de los católicos, sino con el Gran Arquitecto del Universo.

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Los intentos de las fuerzas federales y estatales por desmantelar la operación de grupos delictivos en el estado, principalmente en la zona serrana, siguen dando de qué hablar en todo el país.

Los legisladores de Morena en el Senado pidieron la comparecencia de la gobernadora para que explique la supuesta presencia de agentes extranjeros en los operativos antinarco, pero nada dijeron de la operación federal, con Estados Unidos al frente, cuando murió “El Mencho”.

En la Comisión de Puntos Constitucionales, Lilly Téllez se despachó con la cuchara grande en defensa de la gobernadora, Maru Campos, y atacando el desbordado interés guinda sobre el tema de Chihuahua.

De pasada, barrió y trapeó con Javier Corral. Primero, por “comerse las uñas” cuando dijo que en México gobierna el narco; después le recordó que a la periodista Miroslava Breach la mató el narco tras haberla traicionado el propio exgobernador.

Al mismo tiempo que a los morenistas les brotaba el nacionalismo en la Cámara Alta, el gobierno de Donald Trump le puso hielo al tema.

Pidió empatía con los dos agentes fallecidos y, fiel a su costumbre, le recordó a la presidenta, Claudia Sheinbaum, la deuda que México tiene en la lucha contra el narco.

Así fue dicho desde la Casa Blanca. Le volvieron los colores al rostro a Palacio de Gobierno estatal.

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Por cierto, el coordinador de los diputados de Morena, Cuauhtémoc Estrada, de nuevo puso a Javier Corral en el nivel que le corresponde dentro de la 4T, al ser cuestionado sobre los abundantes opinadores, como el senador, que pretenden calificar o evaluar al morenismo en Chihuahua.

El legislador no necesitó más que un simple cuestionamiento, nada personalizado, respecto de quienes critican a Morena y a los grupos políticos que operan al interior, por demás conocidos, unos más fuertes y con mayores estructuras que otros.

“Javier Corral es senador por el trabajo que muchos de nosotros hemos hecho. Se le invitó a afiliarse y tuvo la arrogancia de decir que no”, dijo Estrada Sotelo en la rueda de prensa semanal del grupo parlamentario. Él sí, con la personalización definida y destinada a esos que hablan hasta por los codos y tropiezan con su propia lengua.

“¿Y ahora quiere opinar del partido? No tiene nada que opinar; que Corral se vaya a opinar al PAN”, sentenció el diputado juarense, que en otras ocasiones ha calificado de berrinchudo al exgobernador del estado que, en busca de fuero, terminó refugiado en el morenismo, donde ya casi nadie celebra tan cuestionable adquisición de la 4T.

Han de decir los panistas que ellos no tienen la culpa, que quien se lo queda pierde y que no sea tan pesado Cuauhtémoc, pero los morenistas tampoco tienen la culpa de las decisiones tomadas en la cúpula guinda sin la menor consulta previa a las bases.

Bueno, decíamos que puso al expanista en el nivel que le corresponde, pero, además, las expresiones muestran lo nocivo de esa práctica del morenismo —o de una corriente del partido— de adquirir desechos políticos impresentables con la idea de que serían grandes activos, expectativa que rara vez llega a cumplirse.

El del exmandatario de Chihuahua es un caso representativo y cobra relevancia ahora, cuando hay quienes realmente se esfuerzan en mantener la unidad para sacar adelante un proyecto político, pero hay otros que sacan más ganancias personales con el conflicto.

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En temas muy domésticos de los acomodos morenistas con miras a 2027, dicen que ya puede darse por diluida al 100 por ciento la alianza de la síndica, Ana Estrada, y los regidores Patty Mendoza y Antonio Domínguez, tras la conocida ruptura (otros la catalogan como vil traición) de este último con el crucismo.

Además del presidente municipal, Cruz Pérez Cuéllar, quien le apuesta a la candidatura para gobernador por Morena, los funcionarios y los ediles del partido guinda hacen sus apuestas para tener acomodo en la previsible reconfiguración del poder que viene.

En eso se enmarca el pacto roto de la síndica y sus compañeros de cabildo, porque, desde luego, todos van a buscar posicionarse políticamente en aras de mantenerse vigentes.

Domínguez Alderete le dio la espalda al grupo del alcalde para buscar refugio en el equipo de la poderosa e influyente secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, antes de que las dos grandes cabezas del morenismo en el estado decidieran unirse.

Ahora, el edil está marginado tanto del crucismo como del montielismo, aunque, según él, su apuesta está en obtener algo a nivel federal una vez que acabe la administración municipal. Además, como es muy obvio, ya no lo toman de la mano las dos mujeres con las que estuvo aliado en su momento.

La síndica, por su parte, busca seguir en el proyecto al que pertenece y Mendoza tiene la mira en las grandes ligas del centro del país, con algunas conexiones que bien pudieran servirle para, sin romper ni traicionar nada, terminar instalándose en la Ciudad de México —a donde ha ido varias veces recientemente— el año próximo.

Así avanza la desintegración de uno de los grupitos en el cabildo juarense, con dos mujeres a las que se les presenta un buen panorama político y un edil que hace tiempo perdió el rumbo y se puede quedar como el chinito.

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Como si fuera una radiografía mensual, el Inegi va revelando el estado del sector maquilador en cada plaza manufacturera. Y, en el caso de Ciudad Juárez, la imagen emitida ayer es clara: el paciente sigue de pie, pero con respiración más corta.

Hay más establecimientos que hace un año, sí… pero eso contrasta con una caída en el empleo y, sobre todo, en la actividad productiva.

Si afinamos el diagnóstico, el dato más delicado no está en la superficie. La reducción en insumos consumidos es como ver bajar el flujo sanguíneo: significa que las plantas están produciendo menos.

No es casualidad; es reflejo directo del enfriamiento industrial en Estados Unidos, el principal motor de esta región. Juárez no está fallando por sí sola, está reaccionando a un entorno externo más débil.

El punto fino es que no estamos ante un colapso, sino ante una adaptación. La maquila no se está retirando, se está ajustando: opera con más cautela, optimiza procesos y reduce intensidad laboral. El riesgo hacia adelante no es un paro súbito, sino algo más silencioso: una economía que sigue funcionando, pero con menos capacidad de generar empleo, dejando a la ciudad en una especie de estabilidad… con pulso bajo.

En febrero de 2026, el empleo maquilador en Ciudad Juárez se ubicó en 254 mil 558 trabajadores, es decir, alrededor de nueve mil menos que hace un año. Al mismo tiempo, el consumo de insumos —un termómetro directo de la producción— bajó de 48.2 mil millones de pesos en febrero de 2025 a 39.5 mil millones en 2026, confirmando que no solo hay menos gente trabajando, sino también menos actividad dentro de las plantas.

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