A PROPÓSITO de las complicadas relaciones entre México y Estados Unidos, lo ocurrido ayer en Sinaloa en un evento del embajador Ronald Johnson pone las cosas más tensas.
EL DISCURSO que se aventó el diplomático no puede pasar desapercibido. ¡Se lanzó durísimo! La ceremonia fue para poner la primera piedra de una planta de gas natural en Sinaloa, pero el diplomático dedicó prácticamente su mensaje a criticar la corrupción. Dijo que no llegan inversiones donde no hay reglas claras ni transparencia, y la rendición de cuentas es opcional. Y al que le quede el saco, que se lo ponga. También que para un “futuro compartido”, refiriéndose a los dos países, no debe haber cabida para la corrupción o la extorsión. Como si le hubiera leído la mente a los empresarios mexicanos.
JOHNSON concluyó con un reclamo que si bien está en la ley no parece cumplirse: que se tipifiquen el soborno y la corrupción como delitos… y se apliquen códigos de conducta para funcionarios públicos. ¿Así o más claro?
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EL DISCURSO de Johnson ocurrió en el marco de la ceremonia de la colocación de la primera piedra de la empresa Mexinol, pero pobladores de Topolobampo irrumpieron en la sede, encararon al gobernador Rubén Rocha, le dijeron que no querían la planta de metanol y aventaron la primera piedra. Así que el evento tuvo que realizarse en el salón de un hotel en Los Mochis, donde pronunció su encendido discurso el embajador.
FUE TESTIGO de manera directa de cómo andan las cosas en Sinaloa y cuales son las garantías para quienes deciden invertir en la entidad.
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NO ESTÁ CLARO si es una buena o mala noticia, pero conforme avanzan los días se va perfilando que el acuerdo de libre comercio en Norteamérica dejará de ser una fiesta de tres para convertirse en tres acuerdos por separado. Esto significa que Estados Unidos y Canadá negociarían un arreglo por su lado, a su vez México y EU otro y es de esperarse uno más entre canadienses y mexicanos.
YA ANTES lo había dicho el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, y ayer lo hizo su par de Canadá, Janice Charette. Incluso el propio Marcelo Ebrard ha reconocido que, en efecto, todo apunta a tener acuerdos por separado o, en el mejor de los casos, un nuevo T-MEC con cláusulas distintas para uno y otro lado.
EN ESTO, evidentemente, lo primero que influye es la volatilidad de la política comercial de Estados Unidos, que se basa en el humor de Donald Trump, quien puede pasar del amor al odio comercial en cuestión de minutos.
PESE A TODO, incluidos los dichosos aranceles, EU sigue siendo el principal destino exportador de México, el superávit comercial ha crecido y, en ese sentido, preservar el acuerdo, en el formato que sea, resulta fundamental para el país.