Ricardo Covarrubias, el nativo de Nuevo León, que había sido un periodista fiel al gobernador Esteban Cantú antes de cambiar de camisa y hacerse nuevo revolucionario, era, para 1924, un hombre con cicatrices y escándalos públicos, pero también era un político que seguía teniendo peso en los asuntos del Distrito Norte de la Baja California. Si entre septiembre de 1920 y octubre de 1923, don Ricardo se había hecho fuerte, teniendo su reducto político en Mexicali, donde además de mover las aguas publicaba su periódico, El Monitor, como un arma mediática para acallar a los que estaban en su contra. Con El Monitor, nuestro hombre de prensa, podía llevar a cabo campañas negras contra los funcionarios públicos que no se doblegaban a sus demandas, a los gobernantes que no le convenían para su carrera como político de altos vuelos.
En esos años, logró sortear los amagos de los gobernadores locales anteponiendo sus propios grupos de poder, sus amistades políticas en la escena local y nacional. Contaba con una ventaja inmejorable: los gobernantes que llegaban a Baja California no duraban mucho tiempo. En medio de las luchas de facciones que se daban a nivel nacional, hubo gobernadores que apenas permanecieron en su cargo unas cuantas semanas y eso trajo, como consecuencia, que don Ricardo se creciera en la entidad.
Y entonces, en octubre de 1923, el gobierno del presidente Álvaro Obregón nombró al general Abelardo L. Rodríguez como gobernador de Baja California. Los anteriores habían sido gobernadores de extracción civil, pero Rodríguez era un militar de los pies a la cabeza. Lo que siguió fue una lucha de titanes. Sin embargo, Covarrubias decidió doblar su apuesta y comenzó una campaña de críticas contra el general revolucionario. Olvidó que no estaba peleando contra políticos locales. Olvidó que Rodríguez había sido en su juventud un boxeador aficionado en los Estados Unidos. Alguien que sabía devolver los golpes: no con palabras sino a puño limpio. El Chronicle del 27 de agosto de 1924 afirmaba que: “Covarrubias se hizo impopular en los asuntos políticos locales cuando inició una activa lucha contra el ex gobernador Lugo, y desde su derrota a manos de los votantes del Distrito Norte, ha iniciado una andanada de acusaciones políticas contra el actual gobierno del Distrito Norte, llevando en cada número de El Monitor críticas a algún departamento del gobernador Rodríguez. Covarrubias durante la elección fue reportado como candidato tanto en Baja California como en Jalisco”. Esto lo hizo más impopular pues indicaba que no le importaban los bajacalifornianos sino mantenerse en la Cámara de Diputados.
Luego, unas semanas más tarde, después de haber soportado nuevos ataques contra su persona y su gobierno, el general Abelardo L. Rodríguez, fue señalado como el golpeador de un par de periodistas en una cantina de Mexicali. Uno era un hombre lisiado, José Esperón, editor de El Monitor, y el otro era Cayetano Zepeda de El eco del distrito, ambos periódicos bajo el mando editorial de don Ricardo Covarrubias.
Así, el 12 de septiembre de 1924, el Chronicle contaba un episodio que iba a estremecer el gobierno de Abelardo y que sería, gracias a El Monitor y Covarrubias, escándalo nacional, pues ambos periodistas: “recibieron sonoras palizas administradas por Alfonso Pellegrín, secretario personal del Gobernador Rodríguez, según admitió hoy Pellegrín. Esta mañana temprano, un informe decía que el gobernador Rodríguez había disparado y matado a Zepeda anoche.Otro informe decía que el gobernador habíadisparado y golpeado tanto a Zepeda comoa Esperón. Una tercera historia decía queel ejecutivo había administrado personalmente una fuerte paliza a los hombres mencionados. Todas las historias en circulacióncrearon una sensación en Calexico y Mexicali esta mañana. Una investigación de losinformes durante un tiempo pareció confirmar la verdad de una de las historias, en laque se afirmaba que, atacados por la pareja,el gobernador Rodríguez los había castigadoal buen estilo americano. El gobernador, entrevistado esta mañana, niega los informes,sin embargo, diciendo que no estaba presente en el momento de la pelea”.
Esto llevaría a que Covarrubias pidiera,en la Cámara de Diputados, que el generalRodríguez fuera destituido, pero al final, elgobierno de Obregón ordenó el cierre de losperiódicos de don Ricardo en el Distrito Norte. Y los bajacalifornianos, que veían a Covarrubias como un político tránsfuga, acomodaticio, le dieron la espalda. Y lo mismohicieron muchos de sus colegas periodistas.El que públicamente a tinta vivía, a tintamoriría.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.