
WASHINGTON- El presidente Lyndon B. Johnson sabía que la legislación que estaba a punto de firmar era trascendental, una ley cuya aprobación exigió la valentía de ciertos miembros del Congreso porque la votación podría sus escaños.
Como reconocimiento, tomó la inusual decisión de trasladar la firma del Despacho Oval al Capitolio. Fue el 6 de agosto de 1965, cinco meses después de que el ataque del “Domingo Sangriento” contra manifestantes por los derechos civiles en Selma, Alabama, impulsó el proyecto de ley que se conoció como Ley del Derecho al Voto.