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Mundiario 04 May, 2026 23:44

Al menos 1.500 beagles buscan hogar tras el cierre de un polémico centro en Wisconsin

La salida de 1.500 beagles de las instalaciones de Ridglan Farms marca uno de los mayores rescates recientes de animales destinados a investigación en Estados Unidos. El caso, ocurrido en el estado de Wisconsin, combina tres elementos clave: presión social, decisiones legales y una industria científica que depende históricamente de este tipo de animales.

Las imágenes iniciales de los perros —acercándose a sus rescatistas, buscando contacto humano— reflejan un contraste evidente con el entorno del que procedían. “Al cabo de una hora más o menos empezaron a acercarse a nosotros, buscando atención… Todos y cada uno son increíblemente cariñosos”, explicó Lauree Simmons, responsable de una de las organizaciones implicadas en el rescate.

Durante años, Ridglan Farms operó como un proveedor clave de perros para laboratorios biomédicos. Su modelo se basaba en la cría masiva de beagles para su posterior venta a universidades, farmacéuticas y centros de investigación. Esta práctica, aunque legal bajo regulación federal, ha sido objeto de creciente escrutinio público.

La tensión estalló en abril, cuando cerca de mil activistas se concentraron en la localidad de Blue Mounds. La intervención policial —con gas lacrimógeno, balas de goma y decenas de arrestos— evidenció el nivel de confrontación. Semanas antes, otro grupo había irrumpido en las instalaciones y se llevó 30 perros, lo que derivó en posibles cargos penales contra decenas de personas.

El conflicto no solo fue legal o policial: puso en primer plano el funcionamiento interno de este tipo de centros y sus condiciones.

¿Para qué se utilizaban los beagles?

Los beagles son una de las razas más utilizadas en investigación animal, principalmente por su tamaño manejable y su temperamento dócil. Esa combinación los convierte en sujetos frecuentes en ensayos biomédicos, especialmente en estudios toxicológicos y farmacológicos.

En el caso de Ridglan Farms, la actividad principal era la cría, pero también se realizaban procedimientos dentro de las propias instalaciones. Un fiscal especial determinó que se habían llevado a cabo intervenciones oculares que violaban los estándares veterinarios estatales, lo que derivó en un acuerdo para evitar cargos penales más graves.

La empresa ha negado haber maltratado a los animales, pero aceptó renunciar a su licencia de cría a partir de julio de 2026, una decisión que en la práctica sella el cierre de su actividad.

El desenlace llegó mediante una vía distinta a la judicial: la compra de los animales. La organización Big Dog Ranch Rescue y el Center for a Humane Economy negociaron un acuerdo confidencial para adquirir los 1.500 perros.

El proceso de traslado ya ha comenzado. Los primeros 300 animales fueron retirados y llevados a centros temporales donde reciben vacunación, identificación y cuidados básicos antes de ser distribuidos a refugios en distintos estados. Parte de ellos ya ha sido trasladada a instalaciones en Florida.

El objetivo ahora es doble: recuperación y adopción. Más de 700 solicitudes han sido recibidas, aunque las organizaciones advierten de que la adaptación llevará tiempo, especialmente en animales que nunca han vivido fuera de jaulas.

 

Entre la ciencia y la presión social

El caso de Wisconsin no es aislado, pero sí significativo por su escala y contexto. Se produce en un momento en que la investigación con animales sigue siendo una práctica extendida, aunque cada vez más cuestionada y regulada.

La presión de los activistas ha sido un factor determinante para visibilizar el caso, pero el desenlace final ha dependido de una combinación de negociación, recursos económicos y decisiones legales. No fue una intervención directa de las autoridades lo que liberó a los perros, sino un acuerdo privado facilitado por el contexto de creciente controversia.

Para los beagles, el cambio es inmediato pero no automático. Muchos nunca han pisado el exterior ni interactuado libremente con personas. Su proceso de adaptación será progresivo, con diferencias claras entre los más jóvenes y los adultos.

El cierre de Ridglan Farms también deja interrogantes sobre el futuro de este tipo de instalaciones y el suministro de animales para investigación. Mientras la demanda científica persista, el debate sobre alternativas —y sobre las condiciones de cría— seguirá abierto. @mundiario

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