Los reportes del primer trimestre de las empresas mexicanas, los datos de la economía en ese mismo periodo, y las pláticas de empresarios mexicanos, dejaron claro que la palabra clave de estos meses, es cautela.

Por un lado, pese al crecimiento de utilidades en la banca, en algunas carteras principalmente la empresarial, aunque hay una bolsa suficiente y robusta para financiar a las empresas mexicanas, simplemente han preferido mantenerse sin inversiones nuevas, sin solicitar más crédito de trabajo y esperar cómo se siguen asimilando las reformas en vigor, desde la judicial, las laborales; también qué pasa con la revisión del T-MEC, pero un factor que sigue provocando freno es el de la inseguridad, ya que sigue creciendo el tema de extorsión en diversas partes del país.
El pulso del país en temas económicos se ve en esa cartera, ya que si los empresarios no piden crédito es señal del bajo nivel de confianza de que podrán pagar el financiamiento solicitado, o simplemente no ven margen para que sea un buen momento para invertir, y eso sí debe preocupar a las autoridades.
Un ejemplo, en la parte empresarial, las alertas están presentes, los reportes más recientes de Alsea mostraron una desaceleración en el consumo, de la mano de cambios de hábito en las compras se tradujo en una caída en sus ventas; otro ejemplo, lo reportado por Coca-Cola, que registró una caída en el volumen de ventas. Y aquí conviene detenerse, la lectura es directa: hay menos consumo real y un impacto directo en los impuestos que se incrementaron.
A esto se suma un telón de fondo menos cómodo. Los datos fiscales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que lleva Edgar Amador, también han reflejado presiones, con ingresos que no crecen al ritmo esperado y un margen de maniobra cada vez más acotado. Si el consumo empieza a enfriarse, la recaudación eventualmente lo resentirá, cerrando un círculo que limita la capacidad de reacción.
Desde luego que estas señales sin ser estridentes ya no pasan desapercibidas, porque aun cuando no hacen ruido, incomodan en las perspectivas del país. Y en un entorno donde durante meses predominó la narrativa de resiliencia, cualquier matiz distinto merece una lectura más fina y todo indica que, en la Secretaría de Hacienda, que lleva Edgar Amador, están pendientes de ellas.
La pregunta inevitable es si estamos frente a un ajuste pasajero o ante un cambio de tendencia. Porque si el consumidor efectivamente comienza a apretarse el cinturón, el efecto no se quedará en alimentos o bebidas. Se trasladará al retail, a los servicios, a los planes de expansión y, en última instancia, a las decisiones de inversión.
Por eso, la palabra con todos los que en estas semanas han reportado en reuniones con empresarios y directivos financieros, es cautela.
La Feria de Puebla: lo bueno y lo malo

Hay que reconocer que el trabajo hecho por los organismos empresariales para promover a Puebla con la Feria han sido un acierto, en donde el gobierno estatal que lleva Alejandro Armenta también participa y lo han presentado como una vitrina del entretenimiento masivo y gratuito en diversas actividades, buscando convertirse en uno de los eventos más atractivos del país, tal como hoy es la Feria de San Marcos.
Hay aciertos claros, pero también sombras difíciles de ignorar. Por un lado, una buena cartelera artística que logró captar la atención y elevó el perfil del evento.
Para muchos asistentes, la experiencia musical justificó el costo y el traslado, confirmando que Puebla puede jugar en las grandes ligas del entretenimiento dada su ubicación estratégica.
Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. La organización y sobre todo la seguridad quedó claramente rebasada en eventos de alta demanda como el de Calvin Harris y dejó ver grietas preocupantes, “portazos”, golpes, y hasta gases lacrimógenos ante sólo tres policías en alguna de las entradas. Afortunadamente no hubo heridos de gravedad, pero en puente, un evento para jóvenes y gratis, y no anticipar mayor seguridad, es de novatos o irresponsables.
La asistencia rebasó la capacidad operativa y evidenció una falta de previsión por parte de las autoridades y organizadores. No se trató solo de incomodidad: en escenarios así, la seguridad se convierte en una preocupación legítima, que parece se les olvidó.
La Feria quiere ser un escaparate de primer nivel, pero aún arrastra prácticas y decisiones que corresponden a eventos de menor escala. Y ese desfase es precisamente el problema: cuando elevas la expectativa, también debes elevar la capacidad de respuesta, la cual no tuvieron y fue tardía.
Puebla tiene el potencial, lo que falta es consistencia. Porque traer grandes artistas puede encender los reflectores, pero es la organización la que sostiene —o derrumba— la experiencia completa.
Pepe Merino, mala señal

La falla de ayer de la alerta sísmica en los celulares dejó visible algo que ya en muchos sectores se venían quejando: las malas decisiones de Pepe Merino de la Agencia de Transformación Digital en muchos de los proyectos que tiene bajo su cargo.
Y es que, con el afán de reducir costos, busca que los desarrollos tecnológicos sean hechos en casa, y no esta mal, porque hay ingenieros muy capaces en el gobierno, pero todo lo quieren hacer con programas básicos o gratuitos y ahí es donde –al menos en temas financieros–, le han hecho ver el riesgo de que siga ese camino para los proyectos de digitalizar la economía que está en marcha.
Por eso, cuando ayer la alerta sísmica falló porque “estaba en mantenimiento”, no es una simple anécdota técnica: es un recordatorio incómodo de cómo las decisiones operativas pueden tener consecuencias reales, inmediatas y potencialmente graves.
Si esa respuesta la trasladamos al terreno financiero, donde la Agencia pretende impulsar nuevos esquemas, plataformas y modelos de gestión, el riesgo no es menor.
Digitalizar la economía como se busca y se tiene por objetivo, no significa únicamente modernizar interfaces; implica rediseñar responsabilidades, prever contingencias y garantizar continuidad operativa bajo cualquier circunstancia. Desde luego estamos a tiempo de que se cuestionen si estamos listos para depender, sin reservas, de plataformas digitales en sectores aún más delicados.
Porque al final, la tecnología no falla sola. Falla la planeación, la supervisión y, sobre todo, la idea de que invertir en esa materia puede esperar.
AMELAF trabajo en equipo

Trabajar en coordinación es la clave, y en ese camino va el Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (AMELAF) que encabeza Astrea Ocampo y quien sigue como presidente Ejecutivo –dada su amplia experiencia– es Juan de Villafranca, ya que junto con representantes de más de 40 laboratorios afiliados revisan los temas urgentes a resolver en la agenda. Fue un ejercicio de alineación estratégica en un momento donde convergen presión regulatoria, retos de abasto y una oportunidad histórica de reposicionamiento internacional en la que tienen claro hay espacio para mejorar. Por lo que sin duda, hay mucho trabajo para la nueva presidenta.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.