La sorprendente convocatoria de Sheinbaum a la “unidad nacional” ante las amenazas cumplidas y acciones directas ejecutadas por el tío Sam, equivale a invitar a la nación a suscribir un pacto para permitir que narcotraficantes y extorsionadores puedan continuar con la comisión de diversos crímenes y cancelar así cualquier posibilidad de rescate del futuro de la patria.
¿Sheinbaum está de lado de los supremos intereses de la nación o de los hampones a quienes defiende con argumentos ingrávidos como la anacrónica soberanía nacional ante los actuales fenómenos militares de nuestros días?
Trump se impuso, de buen tiempo atrás, acabar con los carteles envenenadores y destructores de nuestra sociedad, y no porque le preocupe la salud ni la integridad física de los mexicanos, nada más apartado de ese supuesto, sino por las decenas de miles de muertos que se han registrado en los Estados Unidos debido al consumo de fentanilo contrabandeado de México, un opioide sintético 100 veces más fuerte que la morfina y 50 veces más potente que la heroína. La ingesta de unos miligramos de fentanilo, equivalentes a simples granos de sal, pueden llegar a ser letales.
Los carteles han ocasionado severos daños en México en lo que hace a la seguridad interior, al desarrollo económico, a la consolidación de nuestras instituciones, a la democracia, al Estado derecho, a la salud, a la integridad de la familia y a la supervivencia social. El narcotráfico ha ocasionado centenas de miles de homicidios dolosos, 100,000 desaparecidos, sin olvidar que medio país ya es dominado por los criminales y comunidades enteras viven sometidas a la extorsión, al reclutamiento forzado de jóvenes, en ocasiones menores de edad. El hampa ha corrompido a los policías municipales, a las estatales y federales, para ya ni hablar de la prostitución en nuestras fuerzas armadas, al mismo tiempo que miles de negocios han cerrado al no poder pagar el derecho de piso o sus dueños han sido ultimados a balazos dentro de un proceso de normalización de la violencia. Las inversiones no llegan por razones obvias a múltiples entidades de la República, en tanto las economías locales se distorsionan por la existencia de recursos ilícitos, dinero negro. La justificada percepción de inseguridad afecta el turismo y a la inversión que ocasiona pérdidas por miles de millones de dólares que no llegan a México a impulsar nuestro desarrollo económico y social, sin olvidar los miles de millones de dólares que huyen a latitudes confiables ante la incertidumbre jurídica, urbana y rural.
¿Qué decir de las tensiones con nuestros socios del T-MEC con quienes todavía tenemos transacciones comerciales por más de 1000 millones de dólares al día? En conclusión: a falta de un juez supremo, de un verdugo que imponga el orden en términos de la ley, surge el miedo que paraliza a las naciones.
En este escenario dantesco, caótico, aterrador, en donde se impone la ley del revólver, en donde el pánico es intenso, demoledor y colectivo al circular por ejemplo por las carreteras del país, en este ambiente opresivo de violencia desbordada, en un entorno absolutamente hostil, en el que prevalece la indefensión ciudadana y las autoridades están ausentes, rebasadas o sobornadas, sin que asomen, por ningún lado, los castigos draconianos impuestos a los destructores de México, la señora Sheinbaum invita a la “unidad nacional…” La invitación implica la suscripción de una alianza para oponernos a la única persona dispuesta a ejercer sus incuestionables poderes económicos y militares para liberarnos de quienes nos tienen tirados en el piso sujetándonos el cuello con unas manos mecánicas, heladas e implacables.
Sheinbaum llama a la unidad nacional para que todos juntos nos opongamos a nuestro salvador, cuando en México no existe la voluntad política del gobierno para someter a los delincuentes, enemigos de la paz pública y de la evolución en todos los órdenes vida de la nación.
Bien hace Trump en exhibir las fichas de los mexicanos involucrados en el tráfico de estupefacientes y en el comercio de combustibles que operan en México con absoluta impunidad. Vergüenza debería darnos que un tercero venga a resolver nuestros problemas, porque como bien decía Bataller y Ros: “el peor castigo que se le puede imponer a los mexicanos es que se autogobiernen.”