Santiago Abascal cerró la campaña andaluza apelando al voto “sin cálculos matemáticos” y reivindicando a Vox como una fuerza decisiva para impedir una nueva mayoría absoluta del PP de Juanma Moreno. La formación del candidato Manuel Gavira afronta el 17-M con el objetivo de volver a convertirse en árbitro de la gobernabilidad andaluza, como ya ocurrió tras las elecciones de 2018, y recuperar así capacidad de influencia política en la Junta de Andalucía.
La campaña electoral de Vox en Andalucía ha estado marcada por una idea central: evitar que el PP concentre todo el poder institucional en la comunidad autónoma. Frente a las apelaciones constantes del Moreno y Alberto Núñez Feijóo al “voto útil” para garantizar estabilidad y mayoría suficiente, Abascal y Gavira han tratado de convencer a sus votantes de que la verdadera utilidad política reside en impedir una mayoría absoluta que deje sin capacidad de presión a la derecha más dura.
Ese planteamiento no es casual. Andalucía ocupa un lugar simbólico y estratégico en la historia reciente de Vox. Fue precisamente en las elecciones autonómicas de 2018 donde el partido irrumpió con fuerza en las instituciones españolas al lograr 12 escaños y convertirse en pieza imprescindible para desalojar al PSOE del poder tras casi cuatro décadas de hegemonía socialista. Aquella irrupción abrió un nuevo ciclo político en España y otorgó a la ultraderecha una enorme visibilidad nacional.
Sin embargo, la situación cambió radicalmente en 2022. La mayoría absoluta obtenida por Moreno redujo drásticamente la capacidad de influencia de Vox, que pese a aumentar ligeramente sus apoyos quedó fuera de cualquier posibilidad de condicionar el gobierno andaluz. Desde entonces, el partido ha intentado reconstruir un discurso orientado a recuperar relevancia institucional y demostrar que sigue siendo un actor imprescindible dentro del bloque conservador, como quedó comprobado en Extremadura, Aragón y, en menor medida en Castilla y León.
En ese contexto, la campaña del 17-M ha girado en torno a volver a ser “decisivos” o “determinantes”, términos repetidos constantemente por los dirigentes de la formación. Tanto la portavoz en el Congreso Pepa Millán como el propio Abascal insistieron durante los últimos días en que los andaluces debían elegir si querían un Gobierno del PP sin contrapesos o un Ejecutivo obligado a negociar determinadas políticas con Vox.
Vox pierde fuelle en Andalucía
La estrategia también responde a una necesidad interna. Las encuestas publicadas durante la campaña apuntan a un crecimiento mucho más moderado que el obtenido por Vox en otros territorios durante este ciclo electoral. Mientras en este ciclo electoral la formación ultra logró porcentajes cercanos o superiores al 17 %, los sondeos andaluces sitúan al partido en cifras más contenidas y con dificultades para protagonizar un avance significativo.
Ante ese escenario, evitar la mayoría absoluta del PP se convierte en una victoria política alternativa. Incluso aunque Vox no logre un gran crecimiento en votos o escaños, la posibilidad de condicionar la investidura o la acción de gobierno permitiría a la formación reivindicar utilidad política y recuperar protagonismo institucional.
El discurso del cierre de campaña en Sevilla reflejó claramente esa estrategia. Abascal pidió votar por emociones. “Yo lo único que os quiero pedir es que el domingo votéis con alegría, con esperanza, con convicción. No votéis con estrategia, no votéis con cálculos matemáticos”, pregonó el líder de ultraderecha.
y no dejarse arrastrar por cálculos estratégicos orientados a concentrar el voto en el PP. La crítica al “voto útil” ha sido uno de los principales ejes discursivos de Vox durante toda la campaña, especialmente en aquellas provincias donde unos pocos miles de votos pueden decidir los últimos escaños y, con ello, la posibilidad de mayoría absoluta para Moreno.
Gavira confronta con Moreno
La campaña también ha evidenciado la intención de Vox de reforzar un perfil ideológico más duro en asuntos como inmigración, seguridad o identidad. El concepto de “prioridad nacional” ha funcionado como lema político transversal en los discursos de Abascal y Gavira, quienes han defendido políticas de control migratorio más estrictas y medidas de protección preferente para ciudadanos españoles.
En paralelo, Vox ha tratado de confrontar directamente con la imagen moderada que Moreno ha cultivado durante los últimos años. Abascal ridiculizó algunos de los elementos más mediáticos de la campaña del presidente andaluz, como sus vídeos en redes sociales cantando el jingle Kilómetro Sur o la construcción de una imagen cercana y amable. Para Bambú, esa moderación constituye una estrategia estética que oculta políticas similares a las impulsadas por el Gobierno central en materias comunes.
El candidato andaluz Gavira además en diferenciar a Vox del PP subrayando que su partido mantiene posiciones homogéneas en toda España, frente a lo que considera cambios de discurso de los populares según el territorio o las circunstancias políticas. Esa diferenciación busca consolidar un espacio electoral propio dentro de la derecha y evitar la fuga de votos hacia Moreno en el tramo final de campaña.
Otro esfuerzo significativo de Bambú ha sido el diseño territorial de la campaña. Vox ha relegado el campo que primó en Extremadura o en Aragón y ha priorizado grandes ciudades y municipios de alta densidad poblacional, conscientes de que los restos provinciales en determinadas circunscripciones pueden resultar decisivos para definir la composición final del Parlamento andaluz. Esa estrategia responde a una lógica de maximizar la rentabilidad electoral allí donde unos pocos votos pueden determinar un escaño adicional. @mundiario