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Mundiario 17 May, 2026 08:38

Del último escaño a la movilización: los factores que inclinan la balanza andaluza

Las elecciones andaluzas de este 17-M llegan envueltas en una paradoja política. Todas las encuestas anticipan una victoria clara del Partido Popular de Juanma Moreno, pero al mismo tiempo prácticamente ningún partido da por cerrado el resultado final. La razón es sencilla: el verdadero combate no se libra por quién ganará las elecciones, sino por unos pocos escaños que pueden cambiar completamente el mapa político andaluz y alterar el equilibrio nacional entre bloques.

En apariencia, el escenario parece estable. El PP parte como favorito, el PSOE intenta contener daños y las fuerzas situadas a la izquierda de los socialistas buscan crecer. Sin embargo, bajo esa fotografía aparentemente fija se esconde una competición extremadamente ajustada en determinadas provincias, donde diferencias de apenas unos miles de votos pueden decidir si Moreno gobierna en solitario o si necesita a Vox para mantenerse en San Telmo.

Ese es precisamente el gran objetivo político del presidente andaluz: repetir la mayoría absoluta de 2022 y consolidar un modelo de centroderecha autónomo, sin depender de pactos con la formación de Santiago Abascal. La campaña del PP ha girado en torno a esa idea. Moreno ha insistido durante semanas en que la absoluta “no está garantizada” y ha utilizado incluso la advertencia del “lío” como forma de movilizar al electorado moderado.

La experiencia de 2022 explica esa cautela. Entonces, el PP obtuvo 58 escaños, tres por encima de la mayoría absoluta, gracias a una combinación de alta movilización conservadora y una distribución muy favorable de los llamados “últimos escaños”. El sistema electoral andaluz convierte esos restos provinciales en auténticas piezas decisivas.

El dato resulta revelador: el PP consiguió los últimos diputados en Sevilla, Cádiz, Córdoba y Málaga por márgenes extremadamente reducidos. En Cádiz, por ejemplo, el PSOE se quedó a apenas 1.060 votos de arrebatarle el escaño. En Sevilla, la distancia fue de solo 1.156 votos. En Córdoba, Vox estuvo a 1.215 papeletas de quitarle otro diputado, mientras que en Málaga la diferencia frente a Vox fue de menos de 4.000 votos.

En total, algo más de 7.000 votos habrían bastado para que Moreno hubiera perdido la mayoría absoluta hace cuatro años. En una comunidad con 6,8 millones de votantes, ese margen demuestra hasta qué punto la política andaluza puede decidirse en detalles mínimos.

Por eso, buena parte de la tensión electoral se concentra ahora en provincias como Cádiz, Sevilla, Málaga, Córdoba, Huelva o Granada. Allí es donde el PP teme perder los diputados necesarios para conservar la absoluta. Los sondeos internos de los partidos coinciden en que esos últimos escaños “bailarán” hasta el final del escrutinio.

Pero el principal riesgo para Moreno no procede necesariamente del PSOE ni siquiera de Vox. Dentro del propio PP existe preocupación por el crecimiento de Adelante Andalucía, la formación andalucista impulsada por Teresa Rodríguez. El partido podría pasar de dos diputados a cinco según algunas encuestas, especialmente gracias a un avance significativo en Cádiz y Sevilla.

Ese crecimiento tiene una doble consecuencia. Por un lado, fragmenta aún más el espacio de la izquierda alternativa. Pero, al mismo tiempo, puede arrebatar directamente al PP algunos de esos últimos escaños decisivos. El sistema D’Hondt penaliza la dispersión, aunque también puede provocar que pequeñas variaciones en determinadas provincias alteren completamente el reparto final.

La otra fuerza situada a la izquierda del PSOE, Por Andalucía, liderada por Antonio Maíllo, también aspira a crecer. La coalición intenta vender una imagen de unidad y capacidad de gobierno, apoyándose además en la fuerte implantación territorial de Izquierda Unida. El resultado conjunto de Por Andalucía y Adelante será observado con enorme atención porque servirá para medir el futuro de las alianzas progresistas de cara a las próximas elecciones generales.

Mientras tanto, el PSOE afronta probablemente su desafío más delicado en Andalucía desde la Transición. María Jesús Montero no solo se juega recuperar parte del terreno perdido en la comunidad históricamente más importante para los socialistas; también necesita evitar que el partido vuelva a caer por debajo del suelo electoral de 2022, cuando Juan Espadas obtuvo únicamente 30 escaños, el peor resultado histórico del PSOE andaluz.

La participación será determinante para las opciones socialistas. El gran problema del PSOE no parece ser tanto la transferencia de voto hacia el PP como la desmovilización de una parte importante de su electorado. En 2022 apenas votó el 58% del censo, uno de los niveles más bajos de la historia autonómica andaluza, y esa abstención perjudicó especialmente a la izquierda.

?? Así está transcurriendo la jornada electoral en Andalucía#eleccionesAndalucia pic.twitter.com/4ThSWMy5l6

— Cadena SER (@La_SER) May 17, 2026

Los estrategas socialistas confían ahora en que una movilización superior permita activar a sectores progresistas que permanecieron desenganchados hace cuatro años. El CIS ya reflejaba un dato potencialmente favorable para esa tesis: el 35% de los andaluces se identifica ideológicamente con la izquierda y un 32,5% con el centro. Sobre el papel, existe una mayoría social amplia que podría beneficiar al PSOE si consigue movilizarla.

Sin embargo, el contexto político nacional complica esa tarea. El desgaste acumulado del Gobierno central, la polarización política y la sensación de agotamiento entre parte del electorado progresista condicionan la capacidad de Montero para transformar ese potencial demográfico en votos reales.

Frente a ello, Juanma Moreno ha logrado consolidar una estrategia de conquista del centro político que explica gran parte de su fortaleza. El presidente andaluz mantiene una imagen moderada capaz de atraer antiguos votantes socialistas desencantados y también sectores conservadores menos cómodos con Vox.

Ese posicionamiento transversal es una de las grandes diferencias respecto a otros territorios donde Vox sí ha conseguido crecer con fuerza. En Andalucía, Moreno ha conseguido contener parte de ese trasvase y limitar la expansión del partido de Abascal. Aun así, Vox conserva una posibilidad estratégica decisiva: convertirse en árbitro del futuro gobierno si el PP pierde la absoluta. @mundiario

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