
Afuera llueve sobre Saltillo. Dentro de Canacintra, cientos de personas cantan al mismo tiempo el opening de Dragon Ball Z.
Es la una de la tarde y, apenas al cruzar la entrada del Otaku Fest 2026, se entra a otro mundo. No únicamente por la música de anime que brota de las bocinas, ni por los colores imposibles de las pelucas, o las espadas en los pasillos, sino porque dentro del recinto existe una versión distinta de la ciudad: una donde nadie tiene que explicar por qué le gustan los videojuegos, el cosplay o la animación japonesa.
A la izquierda hay puestos llenos de mangas, figuras, mochilas, llaveros, cartas de Pokémon y pósters. A la derecha, artistas independientes venden sus dibujos mientras niños y adultos colorean. Más al fondo, el escenario principal se prepara para recibir a actores de doblaje y creadores de contenido.
Todo ocurre al mismo tiempo.