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El Diario 18 May, 2026 06:06

Waldos en el compre ahora y pague después

• Waldos en el compre ahora y pague después

• Morena enseña los dientes, pero Maru también

• PAN ataca directo a Claudia, Ariadna y Andrea

• Mensajes políticos profundos...y delicados

Cuando una economía comienza a financiar el supermercado, la ropa o el gasto cotidiano a pagos pequeños a meses sin intereses, no necesariamente refleja prosperidad financiera…sino pérdida de poder adquisitivo.
En México hay un crecimiento exponencial de aplicaciones telefónicas, para comprar ahora y pagar después. Lo hace a doble dígito con hasta 40 por ciento anual en nuestro territorio, en sus distintas variedades y marcas.
En Ciudad Juárez, lo que se supone es un esquema comercial de productos de por sí baratos, promueve las llamadas “buy now pay later”, traducido como compre ahora pague después. Tenemos a la popular Waldos como botón de muestra.
Esto refleja la dificultad que tienen muchas familias de completar los gastos para cubrir necesidades básicas.
Lo más delicado de la tendencia, es que no solo se usa para ropa y supermercado, sino hasta para comida preparada, tanto en México, como en Estados Unidos.
Vemos pues, una financiación a las necesidades diarias, lo que antes se destinaba a verdaderos lujos. Toda una tendencia.

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La movilización de Morena contra la gobernadora Maru Campos, realizada el sábado en la capital, opacada por una férrea defensa albiazul, fue una demostración de fuerza bien diseñada por ambos bandos, pero básicamente todo encerrado en el contexto de la guerra electoral por el gobierno de Chihuahua. Ese es el punto, no hay otro.
No hay otra forma de catalogar al ataque y defensa simultáneo que se vivió antes y durante la protesta. Ni modo que fuera una exigencia social y legítima de justicia, por parte del morenismo; ni una lucha por la soberanía estatal de parte del PAN.
Todo se reduce al aspecto electoral y la lucha por el poder.
Con Ariadna Montiel al frente de la operación política, con o sin el descarado acarreo que hubo, el morenismo quiso enseñarle los dientes a la mandataria, además de que demostró coordinación entre sus principales grupos en el estado.
Pese a los obstáculos bien planeados para desarticular el movimiento, que seguramente le restaron un porcentaje mayor de peso, los morenistas rescataron lo que pudieron y dieron cuenta de una estructura fuerte.
En boletín oficial, Morena afirmó que fueron 20 mil los asistentes, pero otros “contadores” grillos aseguran que no llegaron ni a cinco mil; ni a cuál creerle, a ambos bandos lo que menos les interesa es la verdad. Los medidores de protección civil, en manos oficialistas locales, dieron cuando mucho tres mil asistentes.
Ahí estuvieron los que pudieron llegar de la gente del alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar, también parte del equipo de la senadora con licencia, Andrea Chávez, del senador Juan Carlos Loera y de distintos operadores que desde hace tiempo construyen presencia rumbo al 2027.
Destacaron la dirigente y el presidente del Consejo Estatal de Morena, Brighite Granados y Hugo González; los diputados locales encabezados por Cuauhtémoc Estrada y la totalidad de los consejeros, operadores y activistas, tanto los alineados con algún proyecto por la gubernatura como los independientes.
Entre las figuras nacionales, además de Montiel Reyes, el que destacó fue el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, Andy López Beltrán, pero quedó la duda de si la ausencia de más personajes se debió a que venían en los camiones que no pudieron pasar por Meoqui o porque de plano desatendieron el llamado de su dirigencia.
Entre los grandes ausentes, que habían venido a otras cosas, pero faltaron a la marcha, estuvieron los integrantes de la bancada de Morena en el Senado de la República, al mando de Ignacio Mier; la diputada federal jefa del PT en el estado, Lilia Aguilar...los diputados Armando Cabada, Daniel “Tetito” Murguía...ni las luces tampoco de los legisladores del Verde.
Ricardo Monreal y Adán Augusto López prefirieron eventos estrictamente sociales desarrollados en Veracruz y la Ciudad de México; de Chihuahua ni se acordaron.
Y ni modo que trajeran a sus impresentables, como a Javier Corral, quien ahora reniega de Morena; y su compañero de discurso sobre la soberanía, Enrique Inzunza, senador de Sinaloa, quien según las versiones desatadas el fin de semana podría sumarse en breve al coro de cantores de la DEA contra Rubén Rocha Moya, si es que no lo tienen bajo “buen resguardo” ya en San Diego o cualquier otra parte de Estados Unidos.

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En el tiempo récord en que fue organizada la marcha por el morenismo, así respondió el Sistema PAN, ese que enlaza sus dirigencias y estructuras con sus gobiernos y legisladores.
La misma gobernadora y la dirigente estatal, Daniela Álvarez, fungieron como las generalas, así como varios secretarios del gabinete estatal que se llevaron su palomita por la contención articulada. Ellos también enseñaron los dientes afilados a los morenos.
Desde la tarde del viernes, espectaculares, lonas y pendones tapizaron el trayecto de la protesta. Los mensajes fueron directos contra Ariadna Montiel, la presidenta Claudia Sheinbaum, Andrea Chávez, Adán Augusto López y el desaparecido gobernador de Sinaloa con licencia.
Adicionalmente, grupos afines al PAN y al PRI bloquearon carreteras de acceso a Chihuahua para impedir la importación de “talentos” morenistas de otras partes del país, al tiempo que las corporaciones de seguridad estatal y municipal se pusieron en alerta para prevenir y atender cualquier brote violento.
Algunos verán triunfo de la estructura morenista en la marcha, otros aplaudirán la respuesta Estado-PAN, según las filias y las fobias de cada quien. La realidad es que la polarización política va más allá de la justicia y tiene su objetivo final la pelea por el poder en 2027.

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Detrás de las consignas, las mantas y las acusaciones contra la mandataria estatal y los morenistas bajo la lupa de Estados Unidos, la concentración del fin de semana dejó mensajes políticos más profundos.
El primero es evidente: Morena ha decidido mantener abierto el frente contra Maru Campos hasta el último tramo de su gobierno. La exigencia de desafuero por el caso del narcolaboratorio de Morelos y la participación de agentes estadounidenses en territorio mexicano parece apenas el comienzo de una estrategia de desgaste político que podría prolongarse durante meses.
Por otra parte, la movilización en Chihuahua no puede separarse de una realidad inocultable: la 4T también atraviesa un momento bastante incómodo frente a Estados Unidos, tal vez el más crítico del régimen que comenzó en 2018. Todavía no sabemos hasta dónde lleguen los vecinos hasta el patriarca del movimiento, Andrés Manuel López Obrador.
Las investigaciones, sanciones financieras y presiones derivadas de los expedientes relacionados con personajes cercanos al gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya colocaron nuevamente el tema del narcotráfico en el centro de la relación bilateral.
Por ello es que convirtió a Chihuahua en una oportunidad política. El caso del narcolaboratorio le sirvió para tratar de cambiar el eje de la conversación, para pasar de las sospechas sobre vínculos criminales en territorios gobernados por Morena, a la bandera de la defensa de la soberanía nacional frente a una presunta intromisión norteamericana.
Pero si los expedientes de Estados Unidos avanzan y la confrontación escala, el país podría entrar en una etapa mucho más ríspida con el vecino del norte, justo en uno de los momentos más tensos de la agenda bilateral por el tráfico de fentanilo, armas y lavado de dinero.
Entre las patas de esos caballos iría el estado.

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