Adelante Andalucía se ha consolidado como la gran sorpresa de las elecciones autonómicas andaluzas tras cuadruplicar su representación parlamentaria y frustrar la mayoría absoluta de Juanma Moreno. Bajo el liderazgo de José Ignacio García, la formación andalucista y de izquierda alternativa ha capitalizado el voto de descontento progresista, aprovechando el reparto provincial de escaños y el aumento de la participación para emerger como una nueva referencia política territorial alejada tanto del PSOE como de la izquierda estatal.
La política andaluza amaneció tras el 17-M con una certeza inesperada. El gran protagonista de la noche electoral no había sido ni el Partido Popular ni el PSOE. Tampoco Vox. El verdadero terremoto político llevaba semanas creciendo silenciosamente entre actos modestos, camisetas reivindicativas, vídeos virales y un discurso profundamente territorializado. Su nombre era Adelante Andalucía.
La formación liderada por García ha pasado de dos a ocho escaños en el Parlamento andaluz y se ha convertido en el factor decisivo que impidió a Moreno revalidar la mayoría absoluta. Lo hizo, además, sin necesidad de conquistar el centro político ni de disputar directamente la hegemonía institucional al PP. Su éxito consistió en otra cosa, movilizar una parte del electorado progresista que parecía resignado, desencantado o huérfano de representación.
El resultado tiene una enorme carga simbólica y política. Mientras el PSOE firmaba el peor resultado de su historia en Andalucía y Por Andalucía apenas lograba resistir, Adelante aparecía como la única fuerza capaz de crecer de forma contundente dentro del bloque de izquierdas. El ascenso está lejos de ser considerado marginal con más de 400.000 votos, un incremento superior al 137 % respecto a 2022 y presencia parlamentaria en prácticamente toda la comunidad.
Adelante le arrebata la mayoría absoluta a Moreno
Ese crecimiento terminó teniendo un efecto directo sobre el equilibrio político andaluz. Aunque el PP aumentó su número de votos y Moreno logró el mejor resultado histórico de su partido en unas autonómicas andaluzas, el avance de Adelante encareció el reparto de escaños en provincias clave y terminó arrebatándole cinco diputados a los populares. Cádiz, Sevilla, Málaga, Córdoba y Huelva fueron escenarios determinantes de ese fenómeno.
La paradoja electoral resume bien la complejidad del nuevo mapa político andaluz. El PP ganó apoyos, Vox también creció, pero el bloque de derechas perdió representación parlamentaria. La razón principal fue la fuerte movilización de sectores progresistas que encontraron en Adelante Andalucía una candidatura capaz de canalizar un malestar que ni el PSOE ni la izquierda estatal estaban consiguiendo interpretar.
García emerge así como uno de los nombres propios al cierre de este ciclo electoral. Psicólogo, profesor y antiguo activista estudiantil, el líder de Adelante representa una evolución del espacio político nacido alrededor del 15-M, del sindicalismo rural andaluz y de las corrientes anticapitalistas que durante años orbitaban alrededor de Izquierda Unida y Podemos.
Sin embargo, su éxito no puede explicarse únicamente desde la ideología. Parte de la fortaleza de Adelante reside precisamente en haber suavizado las formas tradicionales de la izquierda más combativa y haberlas envuelto en un relato emocional, identitario y profundamente andaluz. García ha construido una imagen política cercana, generacional y culturalmente reconocible para amplios sectores jóvenes y urbanos.
La izquierda soberanista marca territorio
La estética ha jugado un papel relevante en esa estrategia. Las camisetas reivindicativas, las referencias a Federico García Lorca, el apoyo explícito a Palestina, los símbolos populares andaluces o la recuperación de imágenes personales vinculadas a la Expo de 1992 han servido para construir un liderazgo mucho más emocional que institucional. Todo ello acompañado de un discurso insistente sobre la autonomía política andaluza y el rechazo a depender de “jefes en Madrid”.
Ese mensaje ha conectado especialmente con una parte del electorado progresista cansado de la polarización estatal y desencantado con las dinámicas internas de la izquierda nacional. Adelante ha conseguido presentarse como una fuerza genuinamente andaluza, capaz de defender intereses territoriales propios sin quedar subordinada ni al PSOE ni a las estructuras estatales de Sumar o Podemos.
El éxito de la candidatura también refleja una transformación más profunda dentro de la izquierda española. Cada vez son más visibles los proyectos territoriales que reivindican autonomía política y discurso propio, Compromís en la Comunidad Valenciana, Chunta Aragonesista en Aragón o incluso algunas expresiones municipalistas surgidas en los últimos años. Adelante Andalucía se incorpora ahora con fuerza a esa corriente.
La cuestión de fondo es si este modelo puede consolidarse más allá de unas elecciones autonómicas. El propio García ya ha dejado claro que no pretende actuar como “muleta” del PSOE ni integrarse en dinámicas estatales tradicionales. Su apuesta pasa por reforzar un andalucismo político de izquierdas con identidad propia y capacidad de disputar espacio tanto al socialismo como a las alianzas impulsadas desde Madrid. @mundiario