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Mundiario 19 May, 2026 06:16

El sector de la construcción frena la transición verde con un progreso insuficiente en la descarbonización

El último informe de Naciones Unidas sobre edificios y construcción deja un mensaje claro y poco cómodo. El sector avanza, pero lo hace a un ritmo que no encaja con la urgencia climática actual. Entre 2015 y 2024, la intensidad energética de las viviendas se ha reducido un 8,5 por ciento, una mejora que, aunque positiva, se queda muy lejos del 25 por ciento necesario para cumplir los compromisos del Acuerdo de París.

La idea de fondo es sencilla de entender. Cada edificio funciona como un organismo que consume energía de forma constante, para calentarse, enfriarse o mantenerse habitable. Si ese consumo no baja lo suficiente, el sistema global no respira al ritmo necesario para frenar el calentamiento del planeta. El informe advierte de que las emisiones vinculadas al uso cotidiano de los edificios siguen creciendo cuando deberían caer con rapidez, lo que refleja un desfase entre objetivos y realidad.

Europa como excepción que no puede relajarse

En el mapa global, Europa aparece como una excepción parcial. Ha logrado reducir el consumo energético de sus edificios en un 18 por ciento desde 2010, gracias a normativas más estrictas y políticas de rehabilitación más constantes. Países como Suecia, Dinamarca o Finlandia han recortado sus emisiones de forma notable, incluso por encima del 50 por ciento en algunos casos.

Sin embargo, esta foto no debe llevar a engaño. El propio informe subraya que el ritmo de renovación del parque inmobiliario sigue siendo insuficiente y que la mejora en eficiencia no siempre se traduce en una reducción equivalente de emisiones. Es como si la casa se estuviera aislando mejor, pero las ventanas aún no cerraran del todo, dejando escapar una parte del esfuerzo.

Además, el crecimiento de la demanda energética y la desigual aplicación de las normas en las nuevas construcciones en distintos países debilitan el impacto global de los avances europeos.

Inversión y políticas que aún no alcanzan la escala necesaria

El informe también pone el foco en el dinero. Desde 2015 se han invertido 2,3 billones de dólares en eficiencia energética en edificios, una cifra elevada pero insuficiente frente a los 3,6 billones adicionales que serán necesarios antes de 2030. La conclusión es clara, el problema no es solo técnico, sino de escala.

Las soluciones existen. Energía solar en edificios, bombas de calor, redes de calefacción urbana y normas de construcción más exigentes son herramientas ya conocidas. El problema es la velocidad de implantación. En muchos países donde más crece la construcción, estas normas aún no se aplican con suficiente fuerza.

El propio informe insiste en una idea clave, la vivienda no es un actor secundario en la crisis climática. Es uno de sus núcleos principales. La transición verde en la edificación no es un complemento, sino una pieza estructural del sistema energético global.

Se está construyendo el futuro con materiales del pasado, y eso genera una tensión evidente entre lo que se promete y lo que realmente se ejecuta. La transición avanza, sí, pero lo hace como un río que encuentra demasiados obstáculos en su cauce. Si no se acelera el paso, el riesgo no es solo no llegar a los objetivos, sino llegar demasiado tarde para que sigan teniendo sentido.

El reto no es menor. Convertir cada edificio en una pieza activa de la solución climática implica voluntad política, inversión sostenida y una visión a largo plazo que aún no termina de consolidarse. El tiempo, en este caso, no es un recurso neutral, es parte del problema y también de la respuesta. @mundiario

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