HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
24 horas 19 May, 2026 10:46

Daiquiris y mojitos

Héctor Zagal, columnista.

Héctor Zagal (profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana)

Tanto la Ciudad de Méxcio como la política han estado calientes últimamente. Así que, antes de que el termómetro y la sobremesa pública se pongan insufribles, quizá convenga buscar refugio en dos bebidas frescas del Caribe: el mojito y el daiquiri.

En ese pequeño santoral líquido, Hemingway ocupa un altar turístico de primera categoría, es famosa la frase: “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita”. El problema es que, como ocurre con tantos letreros famosos, su autenticidad da para sospecha. Más allá de la inscripción atribuida a Hemingway en La Bodeguita de La Habana, no hay evidencia firme de que el escritor fuera cliente del lugar ni de que el mojito figurara realmente entre sus hábitos documentados. Del daiquiri, en cambio, sabemos más. Hemingway frecuentaba El Floridita, apreciaba el ron cubano y dejó incluso un pequeño rapto literario sobre el daiquiri helado en Islands in the Stream.

Independientemente de si lo tomaba Hemingway o no, el mojito tiene una historia nebulosa, aunque su ciudadanía cubana parece fuera de duda. Ron, lima, azúcar, hierbabuena, soda. Un remedio alegre contra el bochorno. Del daiquirí Hemingway llegó a formular, o al menos se le atribuye, una máxima exigente: un daiquiri no debe saber a ron, ni a lima, ni a azúcar; debe saber a daiquiri. No sorprende que Hemingway, hombre poco inclinado a la moderación pero muy sensible al ritual, haya preferido el daiquiri con convicción.

De modo que, si la ciudad sigue caliente y la política más todavía, tal vez convenga seguir un consejo razonable: dejar por un momento a los analistas, a los voceros y al pronóstico de la tarde, y pensar en Hemingway y en esas dos formas distintas de refrescar el espíritu. Hay días en que la única respuesta decente al calor consiste en bajar la voz, pedir hielo y aceptar que no toda historia necesita resolverse. Algunas basta con agitarlas bien y servirlas frías.

Contenido Patrocinado