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Radar Inteligente
El Financiero 20 May, 2026 03:30

Adiós a los nietos

Este fin de semana, el Financial Times se aventó, en la lectura larga, una hipótesis intrigante. Lo que dicen en el periódico británico es que la tasa de natalidad se cayó en lugares tan disímbolos como México y Corea del Sur, y que efectivamente, en buena parte del mundo, pero especialmente en países de ingreso medio, estamos por debajo de la tasa de reemplazo estadístico de 2 hijos por mujer. El culpable, de acuerdo a los periodistas ingleses, es el teléfono celular.

La hipótesis es que desde que se desplegaron las redes 5G, la gente ya está más tiempo viendo el tabique electrónico de bolsillo, y no viendo a otros seres humanos a los ojos. Por ello, nos estamos reproduciendo menos.

Francamente, yo creo que la caída en las tasas de natalidad globales es un fenómeno multicausal que amerita una revisión mucho más a fondo. Sin embargo, es posible que el advenimiento del teléfono celular, con su consabido alejamiento de los cercanos, y acercamiento de los lejanos, esté acelerando el proceso de reducción de la tasa de natalidad.

Si somos ligeramente malthusianos, esto debería ser una buena noticia. Los ecologistas modernos lo son, y seguramente están respirando aliviados por la reducción en el cambio climático y en la presión sobre los recursos de la tierra. Los actuarios, especialmente los que hayan construido los sistemas pensionarios y de bienestar de países de ingreso medio con base en el modelo de socialdemocracias europeas, deben estar preocupados porque no habrá gente joven que financie el retiro de los más viejos, en esos sistemas pay-as-you-go que dependen de que haya 3 trabajadores jóvenes por jubilado.

Este economista no está preocupado. De todos modos, con la pensión del sistema de cuentas individuales del Dr. Zedillo, no me alcanzaría para retirarme. Tengo la opción de jubilarme con las generosas leyes echeverristas pay-as-you-go, pero soy de los últimos de la generación de transición. Las pensiones no son deuda pública, y francamente me preocupa que seamos tan pocos en ese momento, que el Estado mexicano se haga pato y no nos pague nada. Ciertamente, tendré que trabajar más años y ahorrar más, lo cual no será difícil dado que seguramente en los próximos 20 años nos van a convertir en robo-ancianos. Habrá desde prótesis bio-electrónicas de memoria hasta exoesqueletos que nos permitan desplazarnos. Seguramente tendrán bajo control la mayoría de los cánceres, parkinsons y dolores artríticos.

Lo anterior, nos obligará a vivir más, y trabajar más. Mis hijos, de 18 y 19, no se les ven ni trazas ni prisa por tener hijos. Es cierto; están chavos. El plazo de incubación ha crecido. Pero, en una de esas no tendré el gran goce que tienen los viejos actuales y los de la generación anterior: el disfrute de los nietos.

Dichas todas estas preocupaciones de largo plazo, también se sigue muriendo gente relativamente joven. El sábado supe de la muerte de una amiga con la que estudié en el ITAM hace 33 años. Francamente, soy un dejado por no mantener el contacto, pero me sorprendió que se muriera porque no tenía más de 55 años. Claro, su salud siempre fue muy fragil, pero aún así, deja una hija joven, como de la edad de los míos. Las pequeñas tragedias de la vida no dejan de existir, aunque exista una tragedia demográfica en marcha.

Esto debería preocuparnos mucho más que el advenimiento de la inteligencia artificial, francamente. Sí, la inteligencia artificial nos hará repensar las ocupaciones, profesiones y oficios del futuro, pero seguirá habiendo demanda por trabajo humano. Pero, es posible que el futuro no sea la jauja de abundancia que gozaron los baby boomers, los verdaderos beneficiarios del Estado de bienestar y sus pensiones pay-as-you-go. Usted y yo, que nacimos en los 70, y los de ahí para el real, tendrán que ahorrar y trabajar más para su retiro. Eso implica menos consumo suntuario, menos vacaciones, y menos lujos.

No dejan de ser tiempos fascinantes. Sin embargo, países como México tendríamos que estar más preocupados que los sudcoreanos, porque llegaremos a viejos siendo aún relativamente pobres. Por esta razón, México tiene que quitarse las telarañas ideológicas de la cabeza. El Estado debe dejar de invertir en negocios que no generan valor. Como dice Pedro Aspe, y como decía Lionel Robbins antes que él, y otros economistas antes que ambos, el Estado no tiene que estar en negocios que podría hacer mejor el sector privado. Se nos distrae de cosas como seguridad pública, que es más importante que todo lo demás.

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