Hay periodistas que terminan convertidos en una extensión del ruido político de su tiempo y otros que, con independencia de que se compartan o no todas sus posiciones, conservan la capacidad de incomodar a todos los bandos al mismo tiempo. Jorge Ramos pertenece claramente a la segunda categoría.
Durante casi cuatro décadas fue el rostro más reconocible de Univision, una referencia informativa para millones de hispanos en Estados Unidos y América Latina. Pero, sobre todo, se consolidó como una figura incómoda para el poder político, ya fuese en Washington, en La Habana, en Caracas o en Ciudad de México. Su reciente artículo publicado en el Nuevo Herald de Miami vuelve a situarlo en ese terreno delicado donde el periodismo intenta escapar tanto del nacionalismo automático como de la propaganda partidista.
La pregunta que plantea Ramos es deliberadamente inquietante: “¿Es México el siguiente país que atacará Trump?”. Y aunque el titular pueda parecer alarmista, el texto funciona en realidad como una advertencia doble. Por un lado, contra el riesgo de un intervencionismo impulsivo de Donald Trump; por otro, contra la incapacidad histórica del Estado mexicano para frenar la expansión del narcotráfico y sus conexiones con sectores políticos y policiales.
Jorge Ramos critica tanto el imperialismo de Trump como la incapacidad histórica de México para frenar al narcotráfico
La tesis central de Ramos resulta incómoda precisamente porque rechaza los refugios ideológicos simples. El periodista condena con claridad cualquier operación militar estadounidense en territorio mexicano y define a Trump como un “egocéntrico agresor con espíritu imperialista”. Pero, simultáneamente, admite que México lleva décadas fracasando en su lucha contra los cárteles y que el problema ya ha penetrado profundamente en las estructuras institucionales del país.
Ese equilibrio crítico explica en gran medida la relevancia que Jorge Ramos ha mantenido durante años en el ecosistema mediático hispano. Su trayectoria nunca encajó del todo en las trincheras ideológicas tradicionales. Ha sido criticado desde sectores conservadores estadounidenses por sus posiciones sobre inmigración y derechos civiles, y al mismo tiempo atacado desde parte de la izquierda latinoamericana por sus denuncias contra regímenes autoritarios y populismos de distinto signo.
En este caso, el trasfondo del artículo remite a una cuestión especialmente sensible: el deterioro de la relación entre Washington y Ciudad de México en torno al narcotráfico, la seguridad fronteriza y las acusaciones de connivencia política con organizaciones criminales. Ramos menciona las investigaciones abiertas en Estados Unidos contra dirigentes vinculados a MORENA y la creciente presión política sobre el Gobierno de Claudia Sheinbaum.
El periodista advierte de un escenario “tormentoso” marcado por la tensión entre Washington y Ciudad de México
Más allá de la polémica concreta, el artículo conecta con un temor histórico profundamente arraigado en México: la posibilidad de una intervención estadounidense justificada bajo argumentos de seguridad. No es una fantasía menor. La relación entre ambos países siempre ha oscilado entre la interdependencia económica y una desconfianza histórica marcada por invasiones, intervenciones y asimetrías de poder.
Lo relevante es que Ramos no presenta el escenario como una inevitabilidad, sino como una posibilidad alimentada por dos dinámicas simultáneas: la imprevisibilidad política de Trump y la sensación de impunidad con la que operan amplias estructuras criminales en México. El periodista insiste en que el presidente estadounidense toma decisiones “basadas en corazonadas” más que en análisis estratégicos, mientras denuncia que el Estado mexicano parece incapaz de reaccionar con eficacia y credibilidad frente a las acusaciones de corrupción y narcotráfico.
Hay, además, otro elemento importante en el texto: la dimensión continental del fenómeno. Jorge Ramos observa el narcotráfico no solo como un problema criminal, sino como un desafío institucional que erosiona democracias, condiciona elecciones y altera la soberanía efectiva de los Estados. Su crítica a la política de “abrazos, no balazos” impulsada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador refleja precisamente esa preocupación.
Una cuestión incómoda para EE UU
Sin embargo, el artículo también deja abierta una cuestión incómoda para Estados Unidos. Resulta difícil combatir el narcotráfico únicamente desde la lógica militar o securitaria cuando el principal mercado consumidor de drogas sigue estando al norte de la frontera y cuando buena parte del negocio criminal se alimenta igualmente del tráfico de armas y dinero procedente de territorio estadounidense.
Ese es quizá el mayor valor del texto de Ramos: obligar a mirar el problema desde una perspectiva menos complaciente. Ni el nacionalismo defensivo mexicano ni el intervencionismo estadounidense parecen ofrecer soluciones reales a un fenómeno que lleva décadas mutando y expandiéndose.
La figura de Jorge Ramos, además, simboliza algo más amplio dentro del periodismo hispano contemporáneo. Representa a una generación de periodistas latinoamericanos que construyó su influencia desde el exilio, la migración y la mirada transnacional. Él mismo se define hoy como “inmigrante, escritor y periodista independiente”, después de haber abandonado la conducción del noticiero de Univision tras 38 años. Su nueva etapa, marcada por proyectos digitales y podcasts como Así Veo Las Cosas o The Moment, refleja también la transformación del ecosistema mediático.
Pero incluso en ese nuevo entorno dominado por algoritmos y polarización, Ramos sigue apostando por una idea clásica del periodismo: incomodar al poder y formular preguntas que nadie quiere escuchar. Aunque las respuestas sean incómodas para todos. @mundiario