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El Diario 20 Mar, 2026 19:04

Obituario

La comunidad jurídica de Chihuahua y, de manera particular, quienes integramos los espacios académicos y formativos del derecho, lamentamos profundamente el fallecimiento del Dr. Heber Fabián Sandoval Díaz, jurista, docente y formador judicial cuya vida se distinguió por la congruencia, el compromiso ético y una vocación auténtica por la dignidad humana.

Tuve la oportunidad de conocer a Heber en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, en una etapa en la que me correspondía coordinar el programa académico de la Licenciatura en Derecho. Desde entonces, su presencia se hizo notar con claridad, destacaba por su formación jurídica y por una cualidad mucho más significativa en este ámbito, la coherencia entre lo que pensaba, lo que enseñaba y la forma en que vivía.

El Dr. Sandoval Díaz fue un docente ejemplar, profundamente querido por sus estudiantes, su ejercicio académico trascendía la simple transmisión de conocimientos, ya que, formaba criterio, despertaba conciencia crítica y generaba vínculos genuinos con quienes pasaban por sus aulas. Su enseñanza incorporaba una constante reflexión sobre la dignidad humana, la función social del derecho y la responsabilidad ética de quienes lo ejercen.

A lo largo de más de dos décadas, su labor docente se desarrolló en diversas instituciones de educación superior y de formación especializada, contribuyendo de manera significativa a la preparación de generaciones de juristas chihuahuenses. Su influencia no se advierte en la formación de una cultura jurídica más sensible a los derechos humanos y a las realidades sociales.

En el ámbito jurisdiccional, se desempeñó como juez penal dentro del sistema acusatorio, participando activamente en la consolidación de un modelo de justicia garantista y alineado con estándares constitucionales y convencionales, así como, su labor en la formación judicial, particularmente desde el Instituto de Formación y Actualización Judicial (INFORAJ) y otros espacios institucionales, lo posicionó como un actor clave en la profesionalización del sistema de justicia.

Su formación académica, que incluía estudios de posgrado y doctorado en derecho judicial, se complementaba con una visión humanista del derecho, en su producción académica y en su práctica docente, abordó temas relacionados con la igualdad, la no discriminación y la crítica a las estructuras que reproducen desigualdades, particularmente en lo que respecta a la diversidad sexual y los modelos tradicionales de género.

Pero más allá de sus amplios y significativos méritos profesionales, es necesario destacar su dimensión humana, Heber fue un colega respetado, un amigo cercano y una persona íntegra. Su trato siempre fue digno, respetuoso y empático, ya que, generaba confianza, construía comunidad y dejaba una impresión duradera en quienes tuvimos la fortuna de coincidir con él.

Su vida fue una expresión de sus convicciones, en un entorno donde con frecuencia se observa una distancia entre el discurso jurídico y la práctica cotidiana, él representó una excepción, ya que, vivió conforme a los principios que enseñaba, un ejemplo es su decisión de ejercer plenamente sus derechos, incluyendo el contraer matrimonio con su pareja en la Ciudad de México, debe entenderse como un acto de afirmación de dignidad y de coherencia personal.

Este acto, lejos de ser un hecho meramente privado, constituyó un referente significativo dentro del ámbito jurídico, al visibilizar la diversidad en espacios tradicionalmente conservadores y contribuir a la normalización de derechos fundamentales desde una posición institucional y académica. La partida del Dr. Sandoval Díaz deja un vacío profundo, ya que, se pierde a una voz que contribuía, desde la congruencia, a dignificar el ejercicio del derecho.

En el ámbito jurídico solemos hablar de dignidad, de derechos humanos y de protección integral de la persona, sin embargo, pocas veces trasladamos estos principios a nuestra vida cotidiana, particularmente en lo que respecta a la salud emocional y psicológica. La exigencia profesional, la presión institucional y las dinámicas propias del ejercicio jurídico pueden generar cargas invisibles que, si no son atendidas, afectan profundamente a las personas.

La vida y partida de Heber nos recuerdan la importancia de construir entornos más humanos, empáticos y conscientes, cuidarnos, acompañarnos y reconocer la relevancia de la salud mental es una necesidad impostergable, nuestro entorno no puede permitirse perder vidas tan valiosas como la suya, por lo que, debemos asumir la responsabilidad de generar espacios donde la dignidad se viva plenamente en la práctica cotidiana.

Hoy, su memoria permanece como un referente ético, la de un docente que marcó generaciones, la de un jurista comprometido con los derechos humanos y la de una persona que entendió que el derecho alcanza su sentido más profundo cuando se encarna en la vida misma.

Descansa en paz querido Heber.

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