Con El génesis y el éxodo. Historia, ciencia y teología no es la primera vez que Laura Fabregat Duréndez se propone escudriñar en los intersticios de la religión. En sus dos libros anteriores, ¿Pero es que de Nazaret puede salir algo bueno? y El Mashal en Jesús, ya se definió en un estilo muy particular que aúna el aspecto didáctico, dando a conocer citas textuales de la Biblia, y el esfuerzo por realizar una interpretación verosímil de unos textos en los que a menudo prevalece lo simbólico. Y a esto la autora le añade una profundización en la historia que resulta clarificador, favoreciendo una muy interesante labor de contraste. Por otra parte, desde un punto de vista nada fanático, expone una creencia que no está reñida con otras posibilidades de búsqueda de dignidad, de sacralidad o trascendencia. De hecho, este libro lo finaliza con una afirmación que podría levantar ampollas en algunos intransigentes: “Pero es que no todos los que se denominan creyentes lo son y, sin embargo, hay ateos y agnósticos que, con su forma de vida, lo son; a su manera, pero lo son”.
La lectura de este libro me ha servido para realizar una inmersión en determinados pasajes de la Biblia de los que tenía un conocimiento superficial. De ese apabullante longseller, de esa fuente de inspiración para muchos, siempre me han seducido, especialmente, los evangelios; y, más allá, aquellas partes en las que he encontrado un valor literario adicional. Laura Fabregat se esfuerza por validar en estos textos, no tanto las anécdotas, sino su fondo, su intención espiritual, ética, aleccionadora. Uno se encuentra con leyendas que aprendió de niño y casi había olvidado, con metáforas que siguen vigentes en nuestra lengua común, con frases que hemos hecho nuestras; con personajes capitales ?querámoslo o no?, pertenecientes a nuestro firmamento de arquetipos, como Caín y Abel, Job, Jacob o Abraham. Son historias que buscan facilitar la enseñanza de unos valores que puedan servirnos de orientación ante las complejas dificultades de la vida. Ante la esencial incertidumbre, se impone, desde un punto de vista religioso, una única mitigación posible: la fe y la confianza en Dios.
Laura Fabregat analiza cada aspecto que al lector ?y más al incrédulo? le puede chocar, como por ejemplo esas sobrenaturales longevidades de algunos patriarcas. Para ello se vale de historiadores y de estudiosos de la religión. Al que más recurre es al rumano Mircea Eliade, haciéndose eco en varias ocasiones de ese término que él acuñó: hierofanía, que significa la revelación de lo sagrado en lo profano, en las manifestaciones de la vida cotidiana. Y es que el libro va en esa dirección, en la de insistir en nuestra pequeñez ante los misterios del universo, y en la de afirmarse en aquellos muchos científicos que han llegado a la conclusión de que necesariamente ha debido de existir un creador que haya ordenado todo el caos de las partículas hasta obtener esta vida ?nada azarosa, pues? en la que estamos insertados. Otra cosa ?se me ocurre?, sería conocer una respuesta irrefutable a las grandes preguntas, como: ¿por qué existe el mal si nos hemos imaginado a un Dios bondadoso? ¿Para qué sirve vivir o por qué existimos? Ante esas misteriosas e inabarcables cuestiones, los más escépticos no pueden concebir más que la especulación. Sin embargo, los que, como Laura, creen tanto en la religión como en la ciencia, no dudan del sentido de la vida, de su trascendencia, y consideran que estamos ante la oportunidad de realizar un proceso de aprendizaje; y que, siendo polvo de estrellas, átomos, con la muerte no desapareceremos, sino que pasaremos a otro plano de la existencia.
El libro se divide en dos partes: “El génesis” y “El éxodo”. Con su lectura, uno ?bastante lego en este campo? se entera de aspectos que sorprenden, y que, en algunos casos, sí que pueden tener una conexión clara con nuestro presente. Es curioso cómo, más allá de los Diez Mandamientos que se nos han dado resumidos, existen unas leyes que a mí me dejan estupefacto por su violencia: “El que pegue a su padre o su madre, muera sin remedio”; o algunas curiosas: “Si un ladrón, sorprendido de noche forzando una casa, es herido mortalmente, el que lo mató no será culpado. Mas si lo hace ya salido el sol, se le culpará”. O esta ley que hoy no siguen algunos partidos políticos: “No maltratarás ni oprimirás a los extranjeros, ya que también ustedes fueron extranjeros en tierra de Egipto”. Y esta idea de la justicia rigurosa, ciega, que va en contra de las tentaciones de nuestro personal criterio, de nuestra ansia de justicia poética: “Tratándose de justicia, no favorecerás ni siquiera al pobre”.
Como decía, Laura Fabregat se apoya en numerosos científicos, filósofos y psicoanalistas, para expresar la inevitabilidad de creer en un poder superior que ?al menos? ha dirigido el arranque del universo. Esto afirma Erwin Schrödinger, Premio Nobel de Física: “Aunque la vida pueda ser el resultado de un accidente, no creo que pueda serlo la conciencia, esta no puede ser explicada en términos físicos”. Nos dice la autora: “Yo, personalmente, considero a la Mente Suprema como un poliedro infinito del que cada ser humano ve una cara, o no ve ninguna”. Y cita a Einstein: “Hay dos maneras de vivir una vida: la primera es pensar que nada es un milagro. La segunda, es pensar que todo es un milagro. De lo que estoy seguro es de que Dios existe”. Por otra parte, el libro resulta aclaratorio de los textos bíblicos que nos pueden haber llegado mal traducidos, como sucede con aquella célebre frase de Jesús en la cruz: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, que, si nos atenemos a una traducción más directa, la del hebrero y no la del griego, nos dice en realidad algo muy diferente: “Dios mío, ¿para qué me has abandonado?”.
Con El génesis y el éxodo. Historia, ciencia y teología, Laura Fabregat vuelve a ofrecernos un análisis de los libros sagrados que nos aporta luz a través de su personal interpretación y del contraste con otras disciplinas, como son la ciencia, la historia, la filosofía o el psicoanálisis. Además, desde esa exploración de lo religioso, consigue deleitarnos con numerosas curiosidades que dotan a sus páginas de un bienvenido componente de amenidad. @mundiario