La comisaría de Santa María Chí insiste en que la salida de más de 41 mil cerdos de la megagranja instalada en su territorio no significa el fin del problema ambiental. Ahora, la exigencia de la comunidad apunta hacia participar en las decisiones sobre el saneamiento y la reparación de los daños que, aseguran, dejó años de operación porcícola en la zona.
“Lo que no se nos hace justo es que no nos hagan partícipes”, reclamó el comisario de Santa María Chí, Wilberth Nahuat Puc, luego de que la Red en Defensa del Agua y el Territorio Maya To’one Ja’o’on difundiera nuevos resultados científicos sobre contaminación ambiental en la comunidad.
La organización informó que mediante el método molecular Pig-2-Bac -técnica utilizada internacionalmente para rastrear contaminación fecal porcina- se detectaron rastros asociados a desechos de cerdo tanto en agua de pozos como en polvo recolectado dentro de viviendas de la comisaría.
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Según los resultados presentados, las tres muestras de agua analizadas dieron positivo a contaminación relacionada con residuos fecales porcinos. Además, cinco de 14 muestras de polvo tomadas en superficies y hogares también arrojaron resultados positivos.
Respaldos científicos
Para Nahuat Puc los estudios representan un respaldo científico a una denuncia que la comunidad sostiene desde hace años: malos olores constantes, partículas suspendidas en el aire y preocupación por posibles afectaciones al agua que consumen diariamente.
El comisario explicó en entrevista con este medio, que desde 2023 la comunidad ha impulsado monitoreos junto con universidades, colectivos y organismos civiles. Sin embargo, lamentó que en repetidas ocasiones sus pruebas fueron desestimadas por autoridades bajo el argumento de que no cumplían con criterios técnicos o de laboratorio.
“Nos decían que la contaminación podía venir de fosas sépticas de las casas. Por eso hicimos esta colaboración para demostrar que las partículas encontradas sí tienen relación directa con desechos porcinos”, sentenció.
Los monitoreos, detalló, se realizaron en distintos puntos de Santa María Chí -norte, sur y oriente- y detectaron contaminación tanto en agua como en aire.
Persiste preocupación en Santa María Chí
Aunque la granja ya retiró a los animales, la preocupación de la comunidad continúa debido a las pilas de oxidación y residuos acumulados que permanecen en el sitio. La Red To’one Ja’o’on calcula que todavía existen más de 25 mil metros cúbicos de residuos entre aguas residuales y excremento.
“Las pilas siguen llenas y todas esas heces que quedaron tiradas en el monte se convierten en polvo. Con la temporada de seca, el aire lo lleva por toda la comunidad”, advirtió.
La Red responsabilizó a autoridades como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Secretaría de Desarrollo Sustentable estatal y el ayuntamiento de Mérida de garantizar un proceso transparente y con participación comunitaria.
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Uno de los principales reclamos de la comunidad es que las decisiones sobre remediación ambiental se están tomando sin consultar directamente a los habitantes afectados.
“Queremos reparación del daño y que nos consulten. No pueden tomar decisiones sobre nuestro territorio sin nosotros”, insistió el comisario. Nahuat Puc también cuestionó que la empresa señalada sea quien realice estudios para determinar el impacto ambiental generado en la zona. “La empresa va a ser juez y parte”, condenó.
Este caso se suma a otros conflictos socioambientales relacionados con granjas porcícolas yucatecas: Homún, Sitilpech, Kinchil y Celestún.