
Por definición, un accidente es “un suceso repentino, imprevisto y ajeno a la voluntad humana que interrumpe una actividad normal y provoca daños físicos, psicológicos o materiales”. En este sentido, el accidente es un hecho más o menos imprevisible, pues deriva de causas fortuitas.
Precisar la terminología es importante porque los sucesos trágicos, generados por hechos previsibles, cuyas consecuencias pudieron anticiparse, no pueden –ni deben– ser considerados accidentes. En estos casos estamos más bien ante negligencias o, al menos, faltas al deber de cuidado que tenemos las personas, es decir, ante hechos que deben ser investigados y sancionados.