La escena parece sacada de una advertencia médica extrema, pero es real y ha ocurrido en Barcelona. Una joven universitaria, sana y sin antecedentes, terminó hospitalizada tras escupir sangre y sufrir una hemorragia pulmonar. El detonante: un vapeador de gran capacidad, uno de esos dispositivos que la industria vende como alternativa “más segura” al tabaco. El caso no solo ha sacudido a los médicos que la trataron, sino que ha encendido una alarma más amplia: Europa no sabe realmente cuántas personas están enfermando por vapear.
La historia comienza como tantas otras. En agosto, la joven decide dejar el cigarrillo tradicional y pasarse al vapeo, convencida —como millones— de que está eligiendo una opción menos dañina. Durante semanas, todo parece normal. Pero, según señala EL PAÍS, el 20 de septiembre detecta algo extraño: el sabor a “fresa helada” de su dispositivo cambia. No lo ignora. Tres días después deja de usarlo. Demasiado tarde.
A finales de ese mes, los síntomas aparecen con rapidez: fiebre, tos persistente y, finalmente, sangre al expectorar. El 2 de octubre ingresa en el Hospital Clínic de Barcelona. Las pruebas son contundentes: infiltrados en ambos pulmones provocados por sangrado en los alvéolos. No hay infección, no hay enfermedad autoinmune, no hay otra explicación plausible. El diagnóstico encaja con un término que todavía suena lejano en Europa: EVALI, la lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos.
El caso, presentado este jueves en un congreso internacional de toxicología en Vilnius, es el primero documentado en España con estas características. Y no es un dato menor. Es, en realidad, una grieta en el relato dominante sobre el vapeo.
Un riesgo invisible en Europa
Mientras Estados Unidos vivió en 2019 una crisis sanitaria con miles de afectados por EVALI, Europa ha permanecido en una especie de limbo estadístico. No porque no haya casos, sino porque no existe un sistema que los registre de forma sistemática. Esa es la gran advertencia que lanza el equipo médico que ha tratado a la paciente: la ausencia de datos no implica ausencia de riesgo.
El especialista que lidera el caso lo resume con crudeza: es probable que haya pacientes mal diagnosticados o directamente invisibles para el sistema. La variabilidad de síntomas —que pueden confundirse con infecciones respiratorias comunes— complica aún más el panorama. Sin un registro europeo, el problema permanece fragmentado, diluido entre consultas y hospitales.
El mito de la alternativa “segura”
El vapeo ha sido promovido durante años como un mal menor. Una vía de escape para fumadores que buscan reducir daños. Pero ese relato empieza a resquebrajarse. No solo porque muchos usuarios acaban combinándolo con el tabaco tradicional, sino porque los efectos a medio y largo plazo siguen siendo, en gran parte, desconocidos.
El caso de Barcelona introduce un elemento especialmente inquietante: el posible fallo del dispositivo. El cambio de sabor detectado por la paciente podría indicar una alteración en el calentamiento del líquido, generando compuestos tóxicos distintos a los habituales. Es decir, el riesgo no solo está en lo que se consume, sino en cómo se consume.
Un mercado que esquiva la normativa
El vapeador utilizado por la joven incumplía la legislación española. Su capacidad —hasta 30.000 caladas— está muy por encima de lo permitido. Sin embargo, adquirir este tipo de dispositivos es sorprendentemente fácil, tanto en internet como en ciertos establecimientos físicos.
Aquí emerge otra dimensión del problema: la regulación existe, pero su cumplimiento es irregular. Y en ese vacío prospera un mercado que escapa al control sanitario. La consecuencia es que los consumidores, muchas veces jóvenes, se convierten en sujetos de riesgo sin saberlo.
Hacia un registro europeo: medir para prevenir
El impacto de este caso va más allá de la historia individual. Su verdadera relevancia está en lo que puede desencadenar: la creación de un registro europeo de EVALI. Una herramienta clave para dimensionar el problema, identificar patrones y, sobre todo, prevenir nuevos casos.
La experiencia estadounidense demuestra que cuando se mide, el problema deja de ser invisible. Y cuando deja de ser invisible, se vuelve urgente.
Europa, de momento, llega tarde a ese proceso. Pero casos como el de esta joven universitaria podrían acelerar el cambio. Porque, aunque ella se recuperó, la imagen de sus pulmones —según los médicos, “impresionante”— deja una pregunta flotando: ¿cuántos más están respirando un riesgo que aún no comprendemos del todo? @mundiario