El fútbol tiene la capacidad de derribar fronteras geográficas, culturales e incluso lingüísticas. Pocas historias lo ilustran mejor que la de Takayuki Jikumatsu, un seguidor japonés del Deportivo de La Coruña cuya pasión por el club gallego ha resistido el paso del tiempo, los cambios de categoría y una distancia de más de 10.000 kilómetros.
A sus 63 años, este empresario y guía turístico procedente de la ciudad de Oita, en la isla japonesa de Kyushu, ha convertido al Deportivo en una parte inseparable de su vida. Aunque no domina ni el español ni el gallego, su conexión emocional con el equipo coruñés es tan intensa como la de cualquier abonado de Riazor.
Su historia de amor con el conjunto blanquiazul comenzó en la década de los noventa, cuando el Deportivo protagonizaba una de las etapas más brillantes de su historia. Aquella imagen de un equipo capaz de desafiar a los gigantes del fútbol español quedó grabada para siempre en la memoria de Takayuki. Desde entonces, nunca ha dejado de seguir los pasos del club.
El reciente regreso del Deportivo a la máxima categoría del fútbol español le ofreció una oportunidad imposible de rechazar. Sin pensárselo dos veces, emprendió un largo viaje desde Japón para vivir de cerca las celebraciones. Antes de llegar a Galicia, estuvo presente en Valladolid para acompañar al equipo en uno de los encuentros más importantes de la temporada.
El trayecto fue una auténtica odisea. Vuelos internacionales, escalas en distintas ciudades y un desplazamiento nocturno por carretera formaron parte de una aventura que refleja hasta qué punto la pasión futbolística puede convertirse en una poderosa motivación. Para Takayuki, cada esfuerzo merecía la pena con tal de estar cerca del equipo que lleva décadas admirando.
Durante los años del llamado Superdépor, explica, el club gozaba de una notable popularidad en Japón. Las gestas europeas, los títulos nacionales y la presencia de futbolistas de primer nivel despertaron el interés de muchos aficionados asiáticos. Sin embargo, el paso del tiempo y la pérdida de visibilidad mediática han reducido considerablemente ese seguimiento. Hoy, reconoce, pocos japoneses conocen la realidad actual del Deportivo.
Eso no le ha impedido continuar pendiente de cada partido. La diferencia horaria obliga a este seguidor a trasnochar con frecuencia para seguir los encuentros en directo. Muchas veces los partidos coinciden en plena madrugada japonesa, pero considera que forma parte del compromiso adquirido hace más de tres décadas con unos colores que ya siente como propios.
Su relación con A Coruña también viene de lejos. Mucho antes de convertirse en un fiel deportivista, visitó la ciudad durante uno de sus primeros viajes al extranjero. Desde entonces ha regresado en varias ocasiones, fascinado por el entorno atlántico, la cercanía del mar y una gastronomía que le resulta especialmente familiar por la calidad de sus productos marinos.
No es la primera vez que cruza continentes para acompañar al Deportivo. Ya estuvo presente en 2024 para celebrar el ascenso a Segunda División y ahora ha querido repetir experiencia en un momento aún más trascendental para la entidad coruñesa.
Cuando se le pregunta por sus lugares favoritos de la ciudad, evita destacar uno en concreto. Para él, cada visita tiene un objetivo prioritario: vivir el Deportivo. El estadio, los alrededores de Riazor, el ambiente de los aficionados y las conversaciones futboleras ocupan buena parte de su tiempo cuando pisa suelo gallego.
Entre los futbolistas que más admira figuran nombres recientes como Diego Villares o Lucas Pérez, además del eterno Juan Carlos Valerón. Sin embargo, conserva una admiración especial por los protagonistas de aquella generación irrepetible que convirtió al Deportivo en una referencia del fútbol europeo y que terminó de conquistar su corazón desde el otro extremo del planeta.
La historia de Takayuki Jikumatsu demuestra que la identidad de un club no se mide únicamente por sus títulos o por el tamaño de su masa social. También se construye a través de seguidores anónimos que, desde lugares remotos, mantienen intacta una pasión capaz de sobrevivir al tiempo y a la distancia. En Japón, a miles de kilómetros de Riazor, el Deportivo tiene uno de sus embajadores más leales. Y estos días, por fin, ese sentimiento ha encontrado de nuevo su hogar en A Coruña. @mundiario